BREVES-LECTURAS COMENTADAS-N°19-MARZO 2019-BIBLIOTECA DEL CENTRO DESCARTES
























Número 19
Marzo de 2019

  En este número:   

CAROLINA SAYLANCIOGLU
MAXIMILIANO FABI
ANDREA BUSCALDI
LEONOR CURTI


Informes para el psicoanálisis. Una salida, Germán García, 2018, Otium ediciones, Buenos Aires. 
Por Carolina Saylancioglu (Miembro del Centro Descartes)


Por favor, padre, deja que el futuro siga todavía durmiendo como merece. Ya que si uno lo despierta antes de tiempo, tiene entonces un presente dormido. ¡Que sea tu hijo el primero que tenga que decírtelo!”
Franz Kafka, Mundo urbano.



El libro que compila los textos de Germán García publicados entre 1988 y 1991 en una columna de la revista Babel, se puede leer como un Manifiesto. No solo por lo claro o evidente, sino también porque, en cuanto al psicoanálisis, se presenta como «documento en que una persona […] hace públicos sus principios o intenciones» (tal es la definición de manifiesto en el diccionario María Moliner).
Podría decirse que cualquier libro en que se declara una política es un manifiesto, pero estos textos, en el contexto de su publicación (pasado y actual), se suceden además como actos: hacen públicos ciertos principios e intenciones. Cito del libro: Jacques-Alain Miller lo dice de manera precisa: el saber supuesto tiene que convertirse en saber expuesto. ¿Para qué? Para que del psicoanálisis se transmita algo más que una creencia, lo que significa una apariencia (semblant) de acto. (p. 66/67)
La apariencia de acto contempla dos dimensiones del psicoanálisis: la intensión y la extensión. La última alude no solo a la propaganda del psicoanálisis, a su difusión, sino también a la existencia de nuevos análisis, que a su vez determinarán lo que se constituye como análisis en intensión. (p.60) Estos términos –intensión y extensión- son tomados del cancionero popular de los analistas y vueltos a explicar en conexión con los términos de clase –connotativo y denotativo-, tal como hizo Jacques Lacan varias veces. (p. 61/64) En Germán García, lo aludido en un artículo se vuelve una condición de trabajo en el próximo.
Con un esfuerzo que hasta hoy no se ha repetido sobre la tierra –dice el mono kafkiano de Informe para una Academia- alcancé la cultura media de un europeo. Con ese esfuerzo, Germán García ha marcado los mapas del psicoanálisis castellano. De la Argentina a España y retorno.
Si de retornos se trata, el que importa en el psicoanálisis es el de lo reprimido. “Dedicado a la apertura de lo excluido” (p. 40), el psicoanálisis encuentra la verdad en esa trama problemática entre la historia y la memoria, en la que la primera -la historia- se relaciona con documentos, y la segunda –la memoria- está ligada a un cuerpo. Este manifiesto hace historia en los términos que Germán García encuentra en Le Goff (Histoire et mémoire, Gallimard, Paris, 1988). «…pone en juego problemas y términos complejos; lo vivido, el tiempo, el pasado, el presente, el futuro, el acontecimiento y la duración, el hombre y las sociedades». Los nombres, al fin, son el valor fundamental de la historia, y quizás el peso específico de la memoria.
Como dijera Guillermo Saavedra (director de la revista de libros, Babel) en la presentación de este libro, algo más de historia se lee también en el prólogo de Beatriz Gez.
Para concluir, un pasaje sobre el comentario (de libros), del que entonces se dijera «que parece desfallecer entre nosotros» (p. 84). En el artículo de diciembre de 1990, Germán García rescata de una mesa de saldos un libro de Carlos Correas titulado Kafka y su padre. Este autor le había sido mencionado por Oscar Masotta. Según Correas, en su Carta al padre, Kafka es “alternativamente abogado y acusador de sí mismo, y por consiguiente, fiscal y defensor del padre” (p. 81) La sentencia es reverso de lo que otros han considerado una manía o una de las obsesiones más permanentes en la obra de Kafka: el padre. Germán García encuentra una excelente descripción de Hermann K., el padre de Franz: «recela de todo y de todos, inventa enemigos para no tener que sorprenderse si los encuentra, es altanero, ilimitadamente suspicaz, (…); degrada en principio (es la función suprema de su lenguaje indecente) y vive en lucha preventiva contra todo lo que pudiera lesionar su prestigio, y como su ceguera para la interioridad de los otros no es una privación, sino una práctica, está acompañada de una conciencia muy aguda de que los demás son sujetos capaces de volver sus libertades de sujetos contra él, por lo que mediante un espectáculo intimidante de autoridad tiránica trata de postergar al infinito el despertar de esa libertad».
Aquí diremos lo que prefiriera V. Nabokov: el padre es en Kafka el alma de su compleja maquinaria literaria, que a su vez se teje para velar “el vacío de aquello que ama.” (p.84)



Zadig, o el destino, Voltaire, en: Cuentos, ed. Hyspamérica, Bs. As., 1988.
Por Maximiliano Fabi (Miembro del Centro Descartes)


Voltaire, Eco de Heródoto, y yo también...


La llamaban Mi-suf. Luego me dijeron que este nombre significa en lengua egipcia la bella caprichosa."
Zadig, o el destino.



Heródoto (c. 480-420 a.C.), al asomarse al umbral de sus Nueve libros de la Historia, inscribe una curiosa pieza de estilo oriental: cuenta allí que a juicio de los bárbaros, si bien podía ser cierto que la antigua hostilidad entre griegos y persas se debiese a la no menos remota costumbre de andar robándose mujeres mutuamente, esa rivalidad no llegaría a convertirse en raison d'État sino por culpa de los griegos, quienes -de entre ambas celosías- habrían sido los primeros en exagerar, reuniendo a un ejército imbatible y arrasando a un imperio completo debido a haber tenido que anotarse un nuevo y acaso demasiado famoso resultado desfavorable en los anales de aquella histórica disciplina olímpica... En este sentido, decían también aquellos persas entrevistados por Heródoto ... que, en su opinión, robar mujeres es a la verdad cosa de hombres injustos, pero afanarse por vengar a las robadas es de necios, mientras no hacer ningún caso de éstas es propio de sabios, porque bien claro está que, si ellas no lo quisiesen, nunca las robarían."1
Tres páginas de Voltaire (1694-1778 d.C.) retornan sobre ese fragmento de zen y tiro con arco: en Zadig, o el destino, el protagonista (no un persa, pero sí, al menos, un babilonio) rescata a una mujer de los golpes de un hombre celoso, al cual -debido a la propia furia traicionera del violento- se verá asimismo obligado a matar.
Luego de excusarse por ese baño de sangre involuntario, Zadig (que así se llamaba el mesopotámico) preguntará cortésmente a la socorrida si acaso existe alguna cosa más que él pudiese hacer por ella...
-¡Que mueras, asesino! (...) ¡Que mueras! -mandará a hacer la dama-. Has dado muerte a mi amado; quisiera arrancarte el corazón."
Zadig, contrariado, le dirá a la señora que en verdad teníais un amado muy extraño. Os golpeaba con todas sus fuerzas y quería quitarme la vida porque vos me habíais pedido que os socorriera"... Pero la extraña señora del aún más extraño amor se pondrá entonces comprensiva -y un poco nostalgiosa-, y entre suspiros por la Arcadia de una margarita ya sin hojas, dirá de aquel -su amado malhechor- que ojalá pudiera seguir maltratándome (...) Bien me lo merecía, le había dado celos. ¡Pluguiera al cielo que él siguiera maltratándome y que tú estuvieras en su lugar!"
No terminará de haber dicho esto la dama cuando de pronto habrán aparecido cuatro jinetes; éstos la identificarán con el curioso objeto de una búsqueda y entonces, por la fuerza, habrán de llevársela con ellos.
-¡Socorredme una vez más, generoso extranjero! Os pido perdón por haberme quejado de vos"-, exclamará a los gritos mi dom desde la grupa; pero Zadig, tal como si estuviese escuchando al Mordisquito de Discépolo, le responderá: contádselo a otro...", a mi no me volveréis a atrapar", pues acaso sea oportuno considerar que allí donde suele haber un celoso, no ha de resultar sorprendente hallar también una celada...
Sin embargo, ¿no es acaso esa oportunidad lo que queda justamente proscripto si no tenemos en cuenta que -como advierte Graciela Musachi en su texto, El ginecólogo turco- aunque el Estado deba operar con leyes universales e ignorar lo que después de Freud no se puede ignorar (que el ser hablante no sabe nada de hasta dónde pueden llegar sus propias pasiones), reducir el cortocircuito entre los sexos a un problema de información se demuestra infructuoso"? No en vano Musachi concluirá esa frase diciendo que esto es el impasse mismo de la Ilustración"... y por eso -entonces- he ahí lo oportuno: ya que esas iluminaciones no tendrán más efecto que el de opacar aquello que el ginecólogo turco, redoblando la sombra, ilustrará al recordarnos que las luces guardan también la curiosa facultad de encandilar...2

Zadig, o el destino, de Voltaire, no sólo vuelve sobre las antiguas páginas de Heródoto sino también a la filosofía de Guillermo de Baskerville, monje franciscano, empirista, cuya obra medieval -datada en la amplitud del siglo XIII d.C.- Voltaire evidentemente conocía y admiraba, al punto de parafrasear -casi de manera literal- una de las más famosas hazañas intelectuales del filósofo (el hallazgo especulativo del caballo del Abad), haciendo que Zadig deduzca a los perdidos caballo del rey y perrito de la reina, únicamente a través de una mínima serie de indicios... lo cual, por otro lado, llevó a varios magos a querer hacerlo quemar.
Tiempo después (siglos...), el italiano Carlo Ginzburg habría de reivindicar este método en un artículo llamado Indicios. Raíces de un paradigma de inferencias indiciales, donde a pesar de haber rastreado su genealogía desde el relato de Voltaire hasta los cazadores del paleolítico, omitirá toda referencia a la heurística del franciscano. Esto, a decir verdad, resulta comprensible: si Zadig es Guillermo, y Guillermo es cada uno de aquellos tres hermanos orientales que describieron perfectamente a un camello que nunca habían visto antes, basta con haber leído a Eco (1932-2016 d.C.) para inferir a Voltaire, así como a todo el paleolítico. Después de todo, como enseñaba allí Ginzburg, cuando las causas no son reproducibles, sólo cabe inferirlas de los efectos".3
Puede que entonces tengamos que asumir que debemos Zadig a El nombre de la rosa... sin embargo, eso no quita que a través de una diacronía un poco más ortodoxa podamos afirmar que debemos a Voltaire aquello que -a decir de Germán García- alguien podría reconocer en el psicoanálisis: una respuesta al fracaso de la ilustración y que no es el retorno de la religión".4 Tales, pues, son los nudos del tiempo...


Miserere, Germán García, Editorial Mansalva, Buenos Aires, 2016.
Por Andrea Buscaldi (Miembro del Centro Descartes)


¡Economía, economía!



I
Miserere, la última novela de Germán García, es el relato de un viaje años después, décadas. Un viaje literal y metafórico. Un muchacho que escapa de la casa paterna a la ciudad para ser poeta. Un hijo loco y sus compañeros de ruta: Rilke, Rimbaud, Baudelaire. O viceversa: ser poeta para escapar de la casa paterna. Porque poeta es una palabra más que un atributo del ser, una palabra amuleto. Poeta es antónimo de destino, destino que no es ni dios, ni oráculo, es una voz gramatical pasiva o una oración unimembre, como quien dice, llueve. Metafórico, porque el tren simboliza un pasaje, como un rito de iniciación: el comienzo de la llamada vida adulta y el fin de la infancia, ese lugar inventado al que siempre se puede recurrir. Metafórico, también, porque en Miserere el viaje es su relato, como un Moby Dick con sus bares cuál barcos balleneros (Piglia, dixit). Al final, como los sueños a partir de Freud, son su relato, en Miserere, todo viaje es viaje de vuelta.

II
Miserere es la trama de las palabras más que de los hechos. Narrada en primera persona, no es diario, ni confesión, mucho menos, novela del yo. Su narrador, lejos de evocar (Las remembranzas de un viejo idiota), se escribe un pasado bajo las consignas que él mismo enuncia. Como ese pasado inventado por el tango. Según Borges, el santo de los profesionales, de origen orillero, coraje compadrito y niños bien. Después Gardel lo convirtió en escena dramática con sus tópicos: el hombre abandonado, la decadencia física de la mujer, y a la par, un tono quejoso, llorón. Pero el tango no es bolero, tampoco folklore, con su exaltación del paisaje, la picardía elemental de sus amores y el elogio de la mansedumbre. En Miserere las palabras no son como la moneda gastada de Mallarmé, que pasa de mano en mano, en silencio. Están puestas bajo la propia lupa por sobre el sentido común. ¿No se ama acaso a los amigos? ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? Amplificadas, resuenan, como el lenguaje de la infancia, azulunala, y en su sobredeterminación significante crean nuevos núcleos de sentido. Así, Zoster, el amigo alemán del coronel: ¡es el nombre del herpes conocido como culebrilla! Latente, en el propio organismo, como al acecho...

III
Nanina, la primera novela de Germán García, fue publicada en 1968 cuando García tenía 23 años. En el prólogo de su última edición, perteneciente a la serie del recienvenido, Piglia señala una ruptura con cierto modelo narrativo ligado a la elipsis y la discreción. En ese sentido, Nanina es lo opuesto a Miserere, Nanina es un “derroche” de narrativa. Sin embargo, ya por entonces, décadas, se le puede atribuir a Nanina un tratamiento del lenguaje idéntico al señalado. Hay en Nanina párrafos que van de una tierna infantil melancolía a un lirismo desopilante:
Mi padre y mi madre, mis hermanos y yo. Una luzventana cerca y un resplandor agazapado de lucesventanas sobre la bóveda general de la noche. La luna como moviéndose entre las nubes: una luna mal recortada de papel satinado pegada en un cuaderno, una luna borrosa, cargada de locura, llena de luz y creadora de ansias inalcanzables. Una luna, como decir, una luna muerta, como decir estaba allí y nos hacía percibir las distancias del mundo con el mundo y del mundo con nosotros”.
Pueblo, gran solidario pueblo: pueblo poblado de pobladores del pueblo: pueblo pueblero de Junín: pueblo despoblado de la Argentina: pueblo del mundo: pueblo universal. La Patria del Pueblo Pide la Dignidad Perdida en los Bastiones Sagrados de sus Duras Jornadas siempre con la Voluntad del Pueblo Voluntarioso. Escuchábamos sus discursos, pero sabíamos que ésas eran las cosas que ellos se decían para pasar sus fiestas y si bien pertenecíamos al Pueblo de la Patria, en particular seguíamos corriendo el animal dinero con la certeza de que no era siguiendo los discursos y sus consejos como se lo cazaba.”

IV
Miserere está ubicada en geografía porteña, en un contexto histórico y político determinado. Sus referencias dibujan una cartografía libidinal orientada por la brújula de un deseo, damas y libros. Se podría decir que en Miserere el qué es el cómo, el ritmo más que los temas. Igual que sus personajes, que son como hablan, un tono, una retórica, sin apelar a causas históricas, morales o psicológicas. Miserere es un buen ejemplo de economía narrativa, como una consigna de moda hace años atrás, décadas: Menos es más. Parece simple pero hay que tener oficio. “Economía, economía” es el modo singular en que Hamlet apunta contra las nupcias de su madre recién viuda. Según cómo se mire, un chiste, o un modo de ser cómico en la tragedia. En Miserere no hay boda ni funeral. Hay amor y muerte. Nada trágico, sinónimos de literatura.


Palabras de ocasión. Entrevistas a Germán García, Germán García, [César Mazza (comp.)], Editorial Los Ríos, Córdoba, primera edición, 2018.
Por Leonor Curti (Miembro del Centro Descartes)


(…) y es lo que hago cuando sonrío como quien está fuera de la pelea, Y VICEVERSA – y es lo que hago cuando diciendo cosas claras “les meto oscuridad” y, naturalmente, VICEVERSA- (…)”.
La mano que tiembla, de: Nada personal, Pier Paolo Pasolini, Ediciones en Danza, 2016.



Empiezo con un witz, inspirado en la poesía del título de este libro, que muy freudianamente, desliza un trozo de verdad: hay ocasiones para las que faltan las palabras. Hacer el comentario de este contundente, inteligente, vital y vigente volumen, va a verificar el witz. Estoy segura. A pesar de lo cual… evoco los momentos en los que pude charlar sobre él con Germán García, y me animo a hacerlo, no sin apelar a la indulgencia del lector.
Y cito a Pasolini, y La mano que tiembla, desde el sentimiento tan humano como cálido de pensar que le habría gustado que encabezara este texto así.
Otro witz en sí mismo es lo que se esconde detrás del título, en apariencia simple; detrás del tono coloquial de las entrevistas recopiladas de distintos medios desde 1969 hasta 2015: al avanzar en la lectura, tuve la sensación de transitar un texto imprescindible, que entreteje al cabo de las décadas, la marca de una vida; que escribe la letra que diferencia con claridad a la vez que anuda los campos del psicoanálisis, el de la literatura, y el discurso contemporáneo con sus deslizamientos, con sus incidencias a nivel del goce.

Las magias verbales.
Esta luminosa fórmula procede de una cita de Ricardo Piglia, escritor infatigable, amigo de García, y como él, constante conversador movido por un deseo nunca en reposo.
Con la introducción a cargo de César Mazza, Palabras… está dividido en siete capítulos: Entrar al juego, Marcar, Nadar a contracorriente o una guía para no seguir, Extemporalis actio, Una cita a ciegas, Sin balance, seguir entrando y Declararaciones. Mazza nos anticipa el tono general de las entrevistas que el lector irá disfrutando, no sin pensar, no sin cuestionarse.
Parte de diciembre de 1944, en Junín, Provincia de Buenos Aires, donde nace Germán García. Una infancia de juego, sol y la alegría y misterio del despertar sexual hacen su entrada en el debut literario y exitoso de García, Nanina. Escrita a los jóvenes 23 años del autor, plasma retroactivamente el deseo cada día más imperioso de vivir la vida, y de hacerlo en la ciudad de Buenos Aires. Nanina da cuenta de un acto que en tanto tal no podrá deshacerse. No habrá retorno ni al Junín natal, ni al sentido común, ni a los ideales pret-a-porter de una Argentina aspiracional y meritocrática. La partida será un canto a la búsqueda de la experiencia, en detrimento de los ideales como el Estado, el pueblo, la patria, el bien, Dios. Joyce, Dostoyevski, Sloterdijk, Freud y Masotta, Lacan y Miller señalan la orientación: ir contra el uso anestesiado de la lengua, a favor del efecto de corte, del agujero que la lengua puede producir, y servirse para ello de la cadencia popular que acerca al otro, no para convencer ni difundir, sino para incidir, para transmitir.
Leemos sobre Nanina y el proceso de la prohibición, de la sexualidad y la censura, y de Cancha Rayada, segunda novela de García, que él mismo define como una versión libre de Edipo de Sófocles. De la entrada del Psicoanálisis en la Argentina, de su encuentro fecundo con Oscar Masotta y a través de él, con Lacan; de su paso por España, país en el que vivió varios años a comienzos de los ´80.
García contará en las distintas entrevistas su encuentro con los discípulos de Lacan. Resalta la importancia del concepto de extimidad y de buscar para el lacanismo una política cultural; del nudo libidinal que encarna la familia, y el paso de la tragedia a la comedia que el Psicoanálisis produciría, pasando por el humor, donde no faltarán las menciones literarias a Gombrowicz, Klossowski, Joyce, Rimbaud, Arlt, Cabrera Infante, Kafka, Cervantes.
También sobre su vuelta a la Argentina, el uso que algunos hicieran de Masotta y su escuela, luego de su muerte, la fundación de la EOL, de la AMP, de la Biblioteca Internacional de Psicoanálisis en Barcelona y luego de la Fundación y Centro Descartes en Buenos Aires, que García gestó, presidió y animó con entusiasmo sin igual.
La melancolía, la pérdida del objeto amado, el vacío de objeto alrededor del que se escribe en el barroco; el encuentro de Lacan con la obra de Joyce, la reson, la sublimación, el poder, el saber, el discurso de la ciencia, de la biología, de la genética, son otras de las tantas coordenadas por las que García transita con maestría de equilibrista, delimitando la coherencia y vigencia de un decir único, propio, que se ocupó con seriedad tanto del mandato del mercado y del amo moderno, como de la crisis del 2001 en Argentina y los cacerolazos, de Bush como de la teoría del gusto; de los síntomas modernos, las técnicas conductuales y el poder configurador del lenguaje, como de la felicidad en tanto política e imperativo categórico.
Finalmente, encontramos una entrevista en la que García habla del estilo tardío, desarrollado por T. W. Adorno, que es el que aparece no cuando se escribe con el currículum detrás sino con la muerte frente a uno.
Se cierra el volumen con la transcripción de críticas y opiniones valiosas sobre G. García, hechas por voces fundamentales del pensamiento, las letras, el psicoanálisis y la cultura nacionales como internacionales (María Moreno, Horacio González, Ricardo Piglia, Tomas F. Glick, Judith Miller, Jacques-Alain Miller, Gustavo Dessal, Oscar Masotta, Marcelo Izaguirre, Graciela Musachi, Eric Laurent, entre otros). Así como con el agradecimiento a todos aquellos que realizaran las entrevistas reunidas y publicadas.

A los lectores que están llegando…”
Con esta apelación que abre el libro, es que quiero entusiasmar más aún a esos lectores probables para que vayan al encuentro de Palabras de ocasión…, ya que con su lectura (además de “escuchar” a una de las voces más vitales, lúdicas y originales que iluminara los discursos del Psicoanálisis y de la cultura -si es que, en el caso de la cultura, algo así existiera- tanto en nuestro país como en Europa) verificarán que Germán García trabajó incansablemente por la vida animada por el deseo a través de la palabra, y que encontró un estilo, luego de la prohibición de Nanina, entre la ironía y el humor, que lo resguardó, que lo puso a salvo durante los años oscuros de la Argentina, haciendo honor a la frase que guiara la revista Literal, que dirigiera y fundara allá por comienzo de los ´70: “no matar a la palabra, no dejarse matar por ella”.
Por último, verán que la ironía de la vida, esta vez, fue la que con un pase de extraña magia, hizo que su decir, a los pocos días de presentado este imprescindible libro en el Centro Descartes, se elevara a la dignidad inapelable de la ex sistencia, proclamando para Germán García un lugar insustituible en la República de las Letras; así como una voz insoslayable en el seno del discurso del Psicoanálisis.
1 Heródoto, Los nueve libros de la Historia, ed. Jackson, México, 1963, p. 4.
2 Ver: Graciela Musachi, Encanto de erizo, ed. Katz, Bs. As., 2017. Las citas están tomadas de la página 154.
3 Carlo Ginzburg, Indicios. Raíces de un paradigma de inferencias indiciales, en: Mitos, emblemas e indicios, ed. Gedisa, México, 2008, p. 157.
4 En: Germán García, Palabras de ocasión. Entrevistas a Germán García [César Mazza (comp.)], ed. Los Ríos, Córdoba, 2018, p. 66.

Con profunda tristeza lamentamos comunicar el fallecimiento de Germán García.
A través de una transmisión en diálogo permanente con las tramas de cada cultura, el compromiso de Germán García con la causa analítica ha inspirado en varios países y distintas lenguas el interés por el psicoanálisis y la enseñanza de Jacques Lacan. Sin infatuación, con ese humor y apetito por las ideas que lo hacía estar siempre un paso adelante, provocando el despertar. Su inimitable estilo, así como su constante entusiasmo condensan el movimiento de una insistencia que está presente en la serie de sus revistas, la lista de los grupos e instituciones que ha creado, y a los que ha pertenecido; sus cursos y conferencias; la serie de sus novelas, ensayos, publicaciones.
Hacemos llegar nuestras condolencias y afecto a Graciela Avram y a su familia.
Consejo de Gestión y Miembros del Centro Descartes.


BREVES 18-LECTURAS COMENTADAS- DICIEMBRE 2018-BIBLIOTECA DEL CENTRO DESCARTES#NANINA50AÑOS












                                                    Juan José Becerra-Guillermo Saavedra                                                                                               Myriam Soae-Marcelo Izaguirre-Andrea Buscaldi                                                                                                                                 
                                                                                                                                 
                                                                                                                                    Nanina 50 años
                                                                                                         Por Juan José Becerra. Escritor.

Nanina y Cancha Rayada
                                                                     
   Germán García publicó Nanina, su primera novela, en 1968. Tenía 23 años. Inmediatamente, su libro pasó a competir en la lista de best sellers con Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Ganaba y perdía siempre “ahí” mientras por abajo, en la realidad siempre mal entendida de la literatura, las que competían eran dos ofertas formales muy distantes: por un lado, la novela testimonial de iniciación de García, protegida por la diégesis de las obras de Jack Kerouac y Henry Miller (fuga y sexo, respectivamente, más la fuerza juvenil que sostiene ambos deportes); por el otro, el fantaseo mitológico y selvático del Caribe, con sus picos de fiebre, que elevó la figura de Márquez y aplanó las expectativas de lo que entonces se entendía por literatura latinoamericana.
   Nanina vendió decenas de miles de ejemplares y la parte del stock que sobrevivió a las ventas fue incinerada por el gobierno de Onganía. El toreo estatal cerró su círculo con una denuncia del fiscal Guillermo de la Riestra, quien llevó a juicio penal a García por  “publicaciones obcenas”. La nueva figura de la literatura argentina tenía todo: precocidad, éxito, prestigio e incorrección; además de ilegalidad, el gran valor agregado del arte. Pero Germán García no terminaba de digerir el malentendido, por lo que decidió realizar una maniobra al borde del accidente, digamos un giro en U, y escribir Cancha Rayada, en la que la página 79 se hace presente un epígrafe de Sandro: “Si yo pudiera explicar ese boom...”
   Si se observan los hechos con el propósito -imposible- de restaurar la época, esa maniobra tiene fines literarios. Se olvidan las referencias a Kerouac, Miller y otros docentes vitalistas y, con ellos, el tributo al testimonio; y se abreva en Borges (Tiresías en la novela) ya en la primera página, a quien  uno de los tantos narradores le dice: “mi cuerpo habla un lenguaje que no entiendo”. Borges, que aparece en Cancha Rayada como un dios gagá que habla con la sencillez sobrecodificada de un Papa, es el primer nombre de una guía en la que aparecen Joyce, Kafka, Sartre, Sófocles, García Lorca, etc. Contra la vida de Nanina, la literatura de Cancha Rayada.
   Lo que García nos tiende es la trampa que nos hace creer que la familia “verdadera” de Nanina será borrada por la familia “compuesta” de Cancha Rayada. Pero como todas las familias son inventadas (todas las familias no son otra cosa que una novela familiar), Cancha Rayada se convierte en una máquina que estabiliza su variedad de ritmos, escenarios y voces bajo la unidad de la parodia. La literatura no es testimonial ni vital: es un aparato.
  Esa maniobra aparente de borrar Nanina con Cancha Rayada, vista en términos históricos, presagia la catástrofe que la época nunca imaginó para sí misma. La alusión a la batalla de Cancha Rayada, la escena del auto oscuro equipado con ametralladoras y el fracaso de unos agitadores que no pueden colgar un pasacalles en nombre de la Revolución, le dan a la novela el perfil del oráculo que le habla a un sordo. Cancha Rayada es una novela de la vanguardia, a la que el texto sigue aportando su cuota 45 años más tarde y, además, anuncia una tragedia que nadie quiso escuchar.  

                                        
                                            Informes para el psicoanálisis. Una salida, Germán García, Otium, 2018
                                            Por Guillermo Saavedra. Escritor. Lecturas Críticas, Noviembre 2018.

ANTES DE CONVERSAR, UN RECONOCIMIENTO

   Palabras pronunciadas antes de un diálogo público con Germán García sobre su libro Informes para el psicoanálisis. Una salida. Fundación Descartes, 13 de noviembre de2018. Estar hoy aquí, en este lugar que es una evidencia del esfuerzo de Germán García por sostener una conversación entre el psicoanálisis y otros discursos de la cultura, y participar de la presentación de este libro es, para mí, una ocasión para la evocación y la gratitud. Evocación porque los textos que reúne este libro fueron publicados originalmente en Babel, una revista que tuve la posibilidad de codirigir y que significó, para muchos de los que la hacíamos, una presentación en sociedad o, como diría el propio Germán, una entrada en la literatura argentina.
   La gratitud es, sin ninguna duda, hacia el propio Germán. En primer lugar,por las largas charlas mantenidas, desde un poco antes y hasta un tiempodespués de los tres intensos años que duró Babel, en el bar de la librería Gandhi de la calle Montevideo. En ese módico mar de los sargazos intelectuales que navegábamos entre todos hacia el final de la primavera alfonsinista, Germán conseguía situarse siempre en el lugar menos esperado y más productivo para pensar un problema, una obra, o la reputación de un autor; para pensarlo por fuera del sentido común y de cualquier otra forma de cristalización. Y yo, con la inescapable altivez provocadora de la juventud, lo acicateaba cada vez que podía, como una suerte de abogado del diablo que, a decir verdad, no había terminado la carrera de derecho. Pero, si esas charlas concitaban mi atención se debía en primer lugar a que yo tenía muy claro que ese tipo más bien bajito, de mirada vivaz y sonrisa pícara que era capaz de hablar del peronismo con ademanes de dandy y de Gide o Dostoievski con un estilo canyengue, casi justicialista, había escrito una novela como Nanina que, junto a El frasquito de Luis Gusmán y El fiord de Osvaldo Lamborghini, había puesto en cuestión lo que se entendía hasta entonces por literatura en la Argentina; y había sido uno de los animadores de las revistas Los libros y Literal, donde él y esos mismos–entre otros– autores se dedicaron a fundamentar teóricamente lo que habían puesto a funcionar con aquellos libros hoy míticos; y había escrito, entre otros ensayos, dos textos fundamentales sobre Macedonio Fernández.
   Yo también sabía, desde luego, porque eso estaba en primer plano en el presente de Germán a fines de los ‘80, que durante los años espesos de la dictadura él había continuado la labor de Oscar Masotta en España en tornoa Lacan y el psicoanálisis y que, regresado a la Argentina, había creado la Biblioteca Internacional de Psicoanálisis y la revista Descartes. Pero de todo ese recorrido intelectual de Germán dedicado a labrar las hectáreas criollas del Campo Freudiano se ocupa muy bien Beatriz Gez en el prólogo al libro que hoy presentamos; y, además, en ese momento, un poco
agobiado por el manierismo pedante y más de una vez gratuito de muchos lacanianos, ya que no de Lacan, yo miraba de reojo y con escepticismo lo que pudiese venir de esas tierras feraces y demasiado locuaces. Y fue precisamente la aparición de las columnas de Germán en Babel, que me
llegaban a la redacción a veces traídas por su hijo Fernando y en otros casos por alguno de sus asistentes, que comencé a reconciliarme gradualmente con esos estantes de mi biblioteca personal. Porque, revisitado por Germán, el decir de Lacan –sobre cuya significación última disputaban por entonces demasiadas iglesias– se tornaba para mí, y supongo que para muchos de nuestros babélicos lectores, legible. Esto es, no unívoco, sino poroso, permeable a distintas aproximaciones. Al mismo tiempo, consciente de que hablaba desde una posición en un campo minado por las disputas y unas cuantas mezquindades, había siempre en las columnas de Germán una afirmación de ese lugar, explícita, sin tapujos, pero sin descalificar nunca el lugar de los demás. Ese gesto, que a algunos podrá parecerles secundario, me permitió leerlo con la confianza que se otorga a quien se presenta a cara limpia y el respeto que merece el que
respeta a los demás.
   No voy a extenderme mucho más en esta enumeración porque el propósito de esta noche es conversar con Germán, pero no puedo dejar de mencionar una cosa más, de enorme valor afectivo, aunque aparentemente alejada del motivo de este encuentro: el hecho de que Germán haya acompañado hasta el final a ese gran amigo que fue Ricardo Piglia cuando ya no era fácil hacerlo. Ese solo gesto da por sí solo la dimensión de una ética que no se juega exclusivamente en la obra o en el ejercicio de una profesión sino también en el reconocimiento de un otro en el que tal vez, arriesgo, Germán supo reconocer una forma de su propia extimidad. Son estas, en fin, algunas de las cosas que necesitaba agradecer hoy públicamente a Germán antes de dar comienzo a una conversación con él.

                                   Todo y nada de todo. Claudia D´Amico (Editora). Ediciones Winograd,2007
                             Por Myriam Soae. Miembro del Centro Descartes. Lecturas Críticas, Octubre 2018

   Esta selección de textos del neoplatonismo latino medieval reunidos por Claudia D´ Amico, nos introduce en un universo conceptual en donde se discuten y se argumentan nociones tales como Dios, la nada, el todo, el ser, el uno, lo múltiple, el conocimiento, la ignorancia, lo infinito, lo excluído y lo absoluto. A lo largo de los trabajos que se presentan podemos inmiscuirnos en una porción de la historia del pensamiento, ya que el libro en su conjunto permite ser leído con una lógica que articula los conceptos de un siglo a otro y apreciar así la influencia de la filosofía
griega a la teología cristiana. Se traza de este modo un hilo que enhebra pensadores como Mario Victorino, San Agustín, Meister Eckhart y Nicolás de Cusa entre otros. A lo largo de la lectura encontramos la fusión de conceptos y los rasgos diferenciales que van adquiriendo en cada uno de los exponentes.
   D´Amico explica que una filosofía neoplatónica se distingue por una reflexión de lo Uno “en lo múltiple y por sobre lo múltiple”. Este rasgo inaugura un pensamiento novedoso ya que no hay oposición con lo múltiple sino que se ubica a lo Uno “como anterioridad absoluta carente de toda oposición”. Precisamente ésta es la base de todo neoplatonismo. En la versión cristiana medieval presenta un nuevo giro, lo Uno es uni–trino. La alteridad, presente en la versión pagana donde se distinguen lo Uno absoluto y lo Uno que se piensa a sí mismo, desaparece. Para el cristianismo lo Uno pasa a ser un principio ntelectual del cual depende todo orden del ser.
   El libro nos acerca traducciones inéditas acompañadas por el texto en el idioma original. Éstas a la vez están prologadas por elaboraciones de estudiosos de la materia, indispensables para adentrarse en el libro con una orientación lúcida. El volumen concluye con un estudio sobre las imágenes medievales que instalan la representación de Dios en la cultura, complementando así la intelección de la trinidad a través de los sentidos, en una particular relación entre lo sensible y lo inteligible.


 Diccionario del léxico corriente de la política argentina Palabras en democracia( 1983-2013)
Andreína Adelstein y Gabriel Vommaro (coordinadores editoriales) ,Ediciones UNGS, 2014
Por Marcelo Izaguirre. Miembro del Centro Descartes. Lecturas Críticas, Noviembre 2018

Palabras políticas

   En cuanto tuve el libro en mis manos lo primero que se me ocurrió fue recordar los años 70, y un rumor bajo la forma de chiste que circulaba por entonces, con relación a una teoría del significante  y la identificación: entre otras, había dos consignas que circulaban por entonces, Perón – Evita, la patria peronista y Perón – Evita la patria socialista. El rumor era que Perón decía que estaba claro quienes estaban del lado de él. Incluso si ustedes juegan con la ubicación de la coma, como hace José Antonio Millán en Perdón, imposible  terminarían dando la razón al político. 
   En cuanto empecé la lectura y leí la primera frase de Adelstein que dice que la lengua es un objeto de reflexión vasto y sumamente complejo tuve otro recuerdo, en este caso vinculado a estos tiempos y se refiere a un amigo, que decía que a unos abogados amigos suyo le había causado gracia cuando en una audiencia ante el juez, al interrogarlo sobre una familia con problemas de violencia familiar, todo lo que pudo contestar aquel amigo al juez que esperaba las palabras del “perito”, es que era un tema muy complejo.
   En este caso Adelstein da algunos argumentos sobre las razones de la complejidad de esta obra realizada por 65 autores, con 106 entradas: que el léxico de la política, tema comprendido en el diccionario, se caracteriza por ser inestable y a menudo vago. Rasgo que se pone de manifiesto por ser un léxico altamente polisémico, pues las palabras presentan una gran variedad de significados. Es decir que a una complejidad, la lengua, se sumaron otras, la cantidad de autores y las características del tema tratado. Lo que conduce a que el resultado sea como destaca la Dra. Adelstein, un diccionario hibrido. Lo que no le resta valor en absoluto al trabajo. 
Por ello puedo decir que si bien no sé lo sucedido con los autores, en lo que a mí respecta no me comprenden las afirmaciones de Nicolás Rosa, quien al editar el Léxico de lingüística y semiología expresó que “El léxico –como el diccionario- comparten una misma fatalidad: su peculiar organización deja insatisfecho tanto al lector como al autor”. Más bien acuerdo con lo que decía Carlos Correas hablando sobre el entendimiento en Hegel, que los diccionarios van al concepto de las cosas, a lo esencial de algo. Aunque como es sabido es imposible definir todo.  El ejemplo que daba era que si uno quería entender lo que era una mujer, era necesario ir por otra vía. Pues el diccionario aclara que mujer es lo propio de lo femenino y si uno busca femenino, lo reenvía a mujer. Que en algunas ocasiones los diccionarios servían, pero en otras no.
   En todo caso, para quienes se han dedicado a la práctica del psicoanálisis, ámbito donde no  han faltado diccionarios, no resulta una novedad la complejidad de la lengua y la variedad de significados de las palabras. Desde la Psicopatología de la vida cotidiana o la Interpretación de los sueños de Freud. Aunque como es sabido, desde diversos sitios y en particular desde los ámbitos del poder, se ha intentado aclarar el significado de las comunicaciones, órdenes y directivas, pero a pesar de ello  el malentendido del lenguaje se ha impuesto.
   Para todo aquel que tenga una queja sobre la ausencia de algún término, nunca faltan (ni los términos ni los que se quejan), se encarga Andreína de hacer saber que los diccionarios siempre son parciales. Y aclara también, lo que parece adecuado, que los responsables de los contenidos son los autores de cada artículo.
   Siguiendo con el método comparativo, en la primera página del apartado correspondiente a Gabriel Vommaro encontré que exponía diferentes momentos desarrollados en la obra de Jacques Lacan. De entrada cuando alude a que el lenguaje constituye el mundo, si bien él remite a Austin y sus realizativos o performativos; podemos encontrar afirmaciones de esa naturaleza en el escrito de Función y campo de la palabra y el lenguaje de 1953 (es el mundo de las palabras el que crea el mundo de las cosas, afirmaba el francés, siguiendo una idea hegeliana, poco antes de que el inglés diera su charla en Harvard).
   Inmediatamente se encarga de aclarar que el lenguaje, no obstante, no es la única forma de producción del mundo, ya que el mundo social es producido por los objetos que los actores hemos puesto en él, así como aquellos que hemos producido. Fue la respuesta de Lacan ante las críticas que recibió por su pasión por el lenguaje de los comienzos lo que lo condujo a hablar del das ding, ese objeto que está excluido del campo del significante, pasando por el objeto de la angustia para culminar en las letosas.
   Finalmente Vommaro alude a Durkheim para hacer saber que no sólo hay palabras y objetos, sino también instituciones, normas, etcétera, que pesan sobre el presente al orientar las acciones de las personas. El sociólogo francés fue un autor al cual Lacan recurrió para explicar las familias contemporáneas, a diferencia de Freud.
   Pasando a los términos del diccionario encontramos  algunos que presentan una metonimia con los cuales se podría hacer con ellos solos un pequeño librito, como ser ajuste, blindaje, cepo, corralito, convertibilidad. Sobre el final de corralito se afirma: “Sería otras de las páginas oscuras de la ‘patria financiera’ iniciada con la dictadura”. Lo cual nos devuelve al artículo de Vomaro que recurriendo a Durkheim expresaba que el presente se orienta por el pasado. Y… podríamos ir más atrás de la última dictadura,…
   Más allá de los términos y de esta gigantesca tarea que se han impuesto los 65 autores que han configurado esta obra, para quienes siempre tienen las reservas pertinentes respecto de los diccionarios y Aldestein habla de eso en su introducción, tomaré dos breves ejemplos. En El diccionario del habla de los argentinos editado por la Academia Argentina de Letras si vamos a la palabra popular encontraremos que dice: “En estadios y en hipódromos, gradería, sector de las localidades de menor precio”. A diferencia de ello tenemos un artículo de Pierre Bordieu titulado ¿Dijo usted popular? Y comienza citando el Petit Robert del año 1979 que entre otras cosas, más interesantes que los estadios e hipódromos reservado a los más pobres, afirma que “Pertenece al pueblo, emana del pueblo, gobierno popular. Véase Democrático”. Y está claro que el matiz ideológico que tiene esta obra, como dice Aldestein en el comienzo, sitúa a la misma del lado del Petit Robert, más que de la academia de Letras.
   Uno de los términos que me interesó tomar fue el de populismo, del cual el autor da una serie de caracterizaciones a partir de la adjudicación en su momento a John Locke, pasando por los movimientos del siglo XX que la sociología sitúo entre la tradición agraria y la modernidad industrial: Cárdenas, Vargas, Irigoyen y Perón son los líderes latinoamericanos que estarían comprendidos como tales. Dos de esos autores son destacados por Jacques Ranciere en un artículo sobre el inhallable populismo. Han sido tiempos de ampliación de derechos pero no bien vistos por los sectores liberales, se agrega.
   En el comienzo del ciclo de la democracia  comprendida en el libro, no fue muy usada la expresión y se consideró como populista a toda iniciativa de intervención del Estado en la sociedad o los mercados. Será a partir del año 2003 que será identificado más con el autoritarismo, con un matiz conflictivo, más que por la intervención en la economía. Término que debe ser leído  junto con el de republicanismo y en tal sentido llama la atención que Eduardo Rinesi, el autor del referido populismo, no haga mención a ello siendo que él había compilado junto con Gabriel Vommaro un libro en el que había un artículo en el que se contraponían esos dos términos: populismo y república; libro que sí está citado en la bibliografía: Si este no es el pueblo. Hegemonía, populismo y democracia en Argentina.
  De todas maneras en el apartado correspondiente Sergio Morresi afirmó que “No obstante, el republicanismo volvió a ocupar un lugar importante en el habla cotidiana luego de la elección de Nestor Kirchner como presidente, cuyo gobierno al igual que el de Menem fueron percibidos contrarios al republicanismo. Aunque si a uno se le criticó la ausencia de virtud, al otro se le criticó el autoritarismo, la hegemonía”.
   Resulta interesante como el abecedario condujo a que el término que continuó a republicanismo, fue el novedoso riesgo país. O sea que a los republicanos  siempre le continúa el riesgo país. Siempre, como se ha dicho a lo largo de este diccionario, han sido los sectores liberales los que por una razón u otra la emprendieron con el populismo. Hay un libro de reportajes compilado por José Natanson, en el que interrogado Luis Romero sobre el liderazgo de Kirchner, respondía que “Como forma es la continuidad  de los liderazgos populistas típicos de la historia argentina”.
   Me interesó tomar en particular ese término de populismo porque es un tema central en los últimos tiempos de nuestro país y también en el mundo, y con relación a ello hay un libro muy interesante que no ha podido ser citado entre las referencias de los autores de este diccionario pues fue publicado en el año 2017. Me refiero a El cambio y la impostura de Ezequiel Adamovsky. Allí señala que populismo fue la palabra elegida del año 2016, por una entidad que se dedica al estudio de la lengua española. Y entre otras cosas, para explicar las arbitrariedades del uso de los términos, afirma que ninguno de los amantes de la República dijo nada cuando un simple juez (jueza en verdad) se arrogó el derecho de reemplazar un presidente elegido democráticamente por otro que nadie había votado (alude al reemplazo de Cristina Kirchner por Federico Pinedo).
   Del populismo podemos  pasar a Democracia, crispación y blindaje. En aquel apartado se puede leer una crítica a la idea de democracia a partir del famoso “la casa está en orden” y el pacto de Olivos y el pasaje de la democracia a la democratización en la etapa que comienza en el año 2003, con el deslizamiento de democracia y libertad al vínculo entre democracia y derechos. Respecto a la crispación se pasa del matiz negativo del término a la inversión en una Cris-pasión como clave de una batalla cultural que dio el kirchnerismo. Resulta curioso porque esa supuesta batalla cultural, con signo invertido obviamente, es la que propone el macrismo desde su llegada al poder (es lo que comenta Adamovsky y también Vommaro en su último artículo en Le Monde diplomatique). Por último al hablar del blindaje se destaca que el monto final del préstamo del FMI al gobierno de De La Rúa alcanzó a 39.700 millones de dólares. Y se señala, que el 19 de diciembre de 2000  “El presidente destacó que el blindaje marca una nueva etapa para el gobierno y evitará ‘sorpresas desagradables’ a la sociedad”. Es decir, exactamente  un año antes de los episodios de diciembre del 2001, durante los cuales la sociedad además de la masacre, se llevó varias sorpresas desagradables. Dadas las circunstancias actuales y si como afirma Vommaro, el pasado orienta el presente, deberíamos preocuparnos un poco sobre el futuro del año próximo.

                                            Lacan saluda a Tristán Tzara, Revista Descartes 10, Mu, el vacio, 1992
                                            Por Andrea Buscaldi. Miembro del Centro Descartes
  
  En 2015, escribí una reseña sobre Lacan saluda a Tristán Tzara, un artículo de Germán García, publicado en la Revista Descartes 10. Fue en ocasión del 30 aniversario del Centro Descartes...no voy a contar la historia, sólo un fragmento del pasado historizado en el presente. 85’: la Biblioteca Internacional de Psicoanálisis (BIP), se proponía...anudar lo que venía de Oscar Masotta con lo que se había generado a partir del viaje de Jacques Lacan a Venezuela. 86: la Revista Descartes se inicia como parte del llamado “Proyecto Descartes” y su editorial advierte estar  más cerca del amorodio borgiano que de la irresistible admiración de la Ocampo por la antología para amigos. Es decir: la Revista Descartes no es una revista complaciente y menos con sus lectores.
   La Descartes 8/9 fue publicada en 1991 y está dedicada a La causa freudiana.  Es el resultado del material presentado en el IV Coloquio Descartes (2018: XXXII) y abre una discusión sobre los modos institucionales del psicoanálisis en nuestro país. La siguiente Descartes, la resignifica: “Ahora, llegado el número diez se divisa una perspectiva diferente: en vez de buscar un lugar es necesario calcular una articulación.”  Es el fin del verano porteño del 92’ y a dos meses de la fundación de la EOL, Jacques-Alain Miller dicta la clase inaugural del Centro Descartes, plantea un debate sobre los dispositivos de carteles y pases y señala al Centro como el lugar donde darlo. Apela a una suerte de oxímoron: el Centro no es central en la Escuela, está al lado y "es más fácil debatir al lado que debatir en el centro”. Centro al lado.  
   En esta ocasión, tengo la oportunidad de reescribir aquella reseña, porque al artículo de GG se le puede aplicar rigurosamente la teoría del iceberg de Hemingway: “Hay nueve décimos del bloque de hielo bajo el agua por cada parte que se ve de él”. Es decir: no sólo hay que leer en el sentido amplio del término; también hay que ir a leer, a agarrar los libros, literalmente.
  “Vengo de Argentina y les hablaré de Sami Rosenstock, un escritor rumano conocido como Tristán Tzara.”  El artículo fue presentado por el autor en el Encuentro Jacques Lacan, Paris, 1991.  Aquel “saludo” de Lacan, se redobla en GG: compara la oposición entre Dada y el surrealismo con el Delenda est iniciado por Lacan en 1980 (la llamada disolución): “La causa freudiana no tiene más muebles que mi buzón.” (Señor A, Carta del 18 de marzo de 1980). 
   Cinco años antes del grito de guerra, Quizás en Vincennes (1975), Lacan organiza un programa (Lingüística, Lógica, Topología, Antifilosofía): “...de lo que se trata es no sólo de ayudar al analista con las ciencias que se propagan según la modalidad universitaria, sino de que esas ciencias encuentren en su experiencia la ocasión de renovarse.” Lingüística: la gramática hace del sentido “una cantinela”, el equívoco es un fallido logrado. Si el “yo” es la gramática, las formaciones del inconciente, su división subjetiva.  San Juan y Milner son citados a modo de ejemplo. Lógica: “A condición de que sea destacada como ciencia de lo real por permitir el acceso a ella del modo de lo imposible”. Topología: “Entiendo matemática...para proveerle al analista aquello de lo que carece, o sea, otro apoyo que el metafórico”.  En Lacan saluda a Tristán Tzara, GG, se pregunta: “¿Qué es llamado Antifilosofía? La investigación de lo que el discurso universitario debe a la “suposición” educativa, sin que se trate de una “triste” historia de las ideas. Recoger con paciencia la imbecilidad que está en juego en el asunto, para valorar la raíz indestructible de este sueño eterno”. Finalmente, define el mencionado Programa lacaniano “como una apuesta universitaria despegada de pretensión educativa”. ¿Otro oxímoron? GG plantea un oxímoron retórico con respecto a la presentación del dispositivo de carteles: “¿El cartel, anunciado en esta misma intervención de 1980, es un modo de enseñanza anti-educativa? La enseñanza, en la ocasión, se opone a la educación y la palabra “saber” aparece una sola vez en la Ornicar 1.”
   Sobre la comparación planteada al comienzo del artículo, GG señala que “Lacan con su Delenda está más cerca de Dada que de el surrealismo”.  En la carta del 18 de marzo, se compara con Tzara: “Este señor Aa es antifilósofo. Es mi caso. Yo me sublevo, por decirlo así, contra la filosofía. De lo que no caben dudas, es que es cosa terminada. Aunque me temo que le va a rebrotar algún retoño”.          En La aventura Dada, Georges Hugnet señala el fin del dadaísmo para evitar convertirse en tópico y academicismo. El punto cúlmine es el Congreso de París (1922). En palabras de Tzara, el dilema podría ser graficado del siguiente modo: Academia o Cabaret (el Cabaret Voltaire fue la cuna geográfica del dadaísmo). Por supuesto, para Tzara no hay tal dilema: la academia es sinónimo de “mercaderes de ideas y acaparadores universitarios”.  En la misma sintonía, Eluard y Satie se refieren de modo irónico al gran congreso destinado a delimitar los alcances del arte moderno. Sobre el dispositivo del cartel, es propuesto como “un saber anti”... otra suerte de oxímoron: “un saber que la educación quisiera jerarquizar.” Como el caso de Bernard Shaw que se vió obligado a suspender su educación justo cuando empezó la escuela.  El chiste radica en hacer de educación un antónimo de escuela.  Así, la palabra educación adquiere otros sentidos que no tienen nada que ver con la pedagogía o el bronce universitario.
  En Alocución sobre la enseñanza(1970), Lacan pone en relación tres términos: Enseñanza-Saber-Verdad. Una enseña no implica un saber, aún más, “la enseñanza podría estar hecha para hacerle de barrera al saber.” Echa por tierra con la supuesta transitividad inherente a  parejas de participios: enseñanza-saber; enseñante-enseñado. Recomienda reemplazar la supuesta transitividad por ambivalencia, pero aclara: amor y odio, no son todo uno, provienen de fuentes diversas. 
  En el caso de ”nuestro discurso, no se sostendría si el saber exigiera la intermediación de la enseñanza. De ahí el interés del antagonismo que destaco aquí entre la enseñanza y el saber”. El Saber deviene en Verdad a partir del medio giro por el cual el discurso del analista se distribuye de modo opuesto al del Amo. El Amo es “el enseñante como tal”...un signo. La verdad del discurso analítico se juega en la cadena significante vía regla fundamental.  “Es por la relación del saber con la verdad como nuestro discurso plantea la pregunta de si él no puede resolverla sino por la vías de la ciencia”. Es decir: la Lógica formal extendida a la estructura del lenguaje, desplegada cinco años después,en el Programa lacaniano (Quizás en Vincennes). 
  Freud enumera tres imposibles: educar, gobernar y psicoanalizar.  Conceptualiza la pulsión epistemofílica (trieb, deriva) y escribe Análisis terminable e interminable. Lacan realiza una rectificación semántica que va de psicoanalizado a psicoanalizante, del presente perfecto al futuro indefinido. La posición del psicoanalizante está determinada por “nunca estar a la altura de lo que de él cae de psicoanalizado”.
   En El psicoanálisis verdadero y el falso (1958), Lacan apela al término alemán Anschluss, esgrimido para nombrar la fusión de Austria y la Alemania nazi en una sola nación. Funciona de metáfora que advierte sobre la “shoah” de “hacer entrar al psicoanálisis en una psicología...bajo la etiqueta de una psicología general”.  Lo mismo vale, para la psiquiatría, la sociología, la filosofía.       Para Piglia, literatura y psicoanálisis son el arte de la natación.  La metáfora alude a la hija de Joyce: “Allí donde Ud nada, ella se ahoga”. El arte consiste en mantenerse a flote en el mar del lenguaje. GG suele llamar Manifiesto al Discurso de Roma pronunciado por Lacan durante la llamada escisión  y el retorno a Freud. Función y campo de la palabra y el lenguaje: la función es el lenguaje; el campo, la palabra. Es decir, no hay más allá de las palabras, ni detrás, ni delante, ni fondo.
   La Revista Descartes 10, llamada Mu, el vacío, alude a la presencia de una ausencia: no hay nombre propio en su portada, a diferencia de los números anteriores. Finaliza GG: “Pasamos de la exclamación !ah!, al objeto a, de la pasión primaria de la admiración a una lógica…a”   Qué más decir: ¡ni mu!


    



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