Extracto “La poética de la inexistencia”, Fundación Descartes, 1 de Noviembre de 2010

Charla a cargo de Roberto Ferro, Germán García, JMa Uyà

La poética de la inexistencia

De cómo la poesía se torna metafísica, y la metafísica inexistencia (en la plena y única existencia de todo, según Macedonio Fernández)

Si el hombre primitivo se adentró en la realidad como un todo indiscernible, ese todo se le ha vuelto al hombre moderno un extraño con el que convive. Ya entre los griegos ese “extrañamiento” apareció en dos líneas de conocimiento, la unitaria, de Parménides, y la abierta, de Heráclito. El tiempo, los dioses y los filósofos unitaristas como Platón o Aristóteles, cerraron esa duda, la pregunta metafísica, con elaborados discursos y sistemas, que terminaron a su vez encerrados en el grandioso teísmo de la Iglesia Católica. Cuando el poder secular de la religión empezó a declinar, llegaron los racionalistas para encontrar el modo de tapar la duda generando retóricos sistemas metafísicos, aunque a su vez los empiristas ingleses, de mano de la nueva sociedad pragmática burguesa, pusieron las bases para un mundo puramente materialista, sin asomo de saber metafísico. Los dioses declinaban cuando la joven generación romántica, formada esencialmente por poetas, se asombró nuevamente y se encontró desamparada ante la realidad espiritual, que aparecía cada vez más vacía, mientras la sociedad urbana, industrial y tecnológica avanzaba sin escrúpulos. El poeta quedaba aislado de la nueva sociedad, y empezaba para sí un camino trágico aún por deslindar. La voz de Hölderlin, Novalis, Keats, etc, disonaba triste y lúgubre, aunque lúcida, y moría en la juventud o la locura. Sin tregua, en pleno siglo XIX, aparecían los primeros nihilistas, que declaraban el pleno sinsentido de la realidad, y abogaban, lisa y llanamente, por el suicidio. El nihilismo se convertirá en corriente de fondo que desemboca en el Siglo XX con trágicas consecuencias políticas y sociales. A finales de siglo XIX, la poderosa voz de Nietzsche anuncia, por sucesivos procesos de negación, la eliminación no sólo de la idea de verdad o de mundo verdadero, defendido por la línea unitarista durante siglos, sino también, dada la eliminación de la verdad, del mundo de la apariencia, con lo cual llegamos a la idea entera de Macedonio Fernández, de la existencia como un sólo y único ensueño.

La realidad existe para el ser como inexistencia. Esa grave y desamparada afirmación toma cuerpo en el primer poeta moderno, Charles Baudelaire, cuando dice en verso: Infierno o Cielo, ¿qué importa?, / en el fondo de lo insabido, para encontrar allí alguna novedad. Y remata: No salir nunca de los Nombres y de los Seres[1]. Un adolescente Rimbaud, en “Soleil et char”( Sol y carne), a los dieciséis años escribe: -¡Pues el Hombre ha muerto, todo lo ha interpretado!...Es más que un sueño la voz del pensamiento…!No podemos saber!...Abierto queda el cielo! Los misterios han muerto. Y poco tiempo más tarde, en su poema infernal[2]: La verdadera vida está ausente. No somos en el mundo.

Pero el negro catedrático, como lo llamaba Machado, va a ensombrecer aún más el panorama en su poema metafísico[3], con dos afirmación fúnebres, dentro del conjunto orquestal de la tipografías simbólica de su poema, al abrir el texto con la frase: Un golpe de dados nunca abolirá el azar”, y cerrarlo lapidariamente con el verso: Todo Pensamiento emite un Golpe de Dados.

Resultado: hemos eliminado la capacidad de creer en un mundo verdadero, y estamos flotando en una existencia inexistente, dado que no hay modo de fundamentarla. Este abismo de la realidad lo lleva a su máxima, espléndida realización literaria, el poeta Fernando Pessoa, que sentado en su oficina de traductor comercial de “a baixa”[4] lisboeta, desmenuza su psique en la realidad literaria de sus heterónimos, que componen el llamado “drama em gente”, en el cual cada pieza supone una metafísica distinta, desde la áurea del pastor Alberto Caeiro ( el viento pasa y no dice nada / la mentira está en ti) hasta la desasosegada y lúcida de Álvaro de Campos en su poema “Tabacaria”, pasmosamente enfrentado, delante de su ventana que da a la calle donde ve al “Esteves sem metafísica”, el dueño del estanco, a la interpretación total de la realidad como imposibilidad , enfrentado al hecho real de que todo esté sucediendo. Antonio Machado, contemporáneo de Pessoa, nos ofrece en una copla popular, su propuesta existencial: Ser lo que nunca he sido:/ uno, sin sombra y sin sueño,/ un solitario que avanza/ sin camino y sin espejo. Machado da, pues, un salto desde la inexistencia ( a orillas del gran silencio, nos dice), proponiendo un ser nuevo, sin miedo y sin idealismo falso, sin camino dicho y sin reflejo deformante, que avanza des de su soledad real, consciente. Añadimos a este relato, la propuesta de Miquel Bauçà, un mallorquín de Felanitx, eremita urbano en la Barcelona de final del siglo XX, que escribe en su libro “Rudimentos de sabiduría”: En tot cas, la llibertat / no es recolza en altre cosa/ que en la condició/ de pensar la inexistencia”[5]

Gave paradoja final, pues, de ese largo recorrido desde los antiguos poetas hasta este mallorquín insobornable que fue Bauçà: solo por la inexistencia somos libres. Pura y dura lógica del pensar poético; si hubiera verdad, no habría libertad. Somos, pues, existentes a la intemperie, de nada, para nada, pero en tanto que existentes, libres, o sea éticos necesariamente. Como diría el machadiano Mairena a sus alumnos : “ate usted esa mosca por el rabo”.

JMa Uyà

Noviembre 2010



[1] Charles Baudelaire, Las flores del mal, “El viaje” CXXVI, y XI (añadido en la 3ª edición).

[2] “Una saison an enfer” (Una temporada en el infierno)

[3] Un coup de dés (Un golpe de dados)

[4] Centro neurálgico de las ciudades portuguesas

[5] En cualquier caso, la libertad/ no se apoya en otra cosa/ que en la condición/ de pensar la inexistencia. Rudiments de saviesa, Empúries, 2005, p.98

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