BREVES-LECTURAS COMENTADAS-N°22-JUNIO 2019-BIBLIOTECA DEL CENTRO DESCARTES






Número 22
Junio de 2019





En este número:

GABRIELA RODRÍGUEZ
LEONOR CURTI
ANDREA BUSCALDI
DAVID IRIGOYEN
JULIO RIVEROS
SUSANA MASOERO


*

Panfleto, Erótica y Feminismo, María Moreno, ed. Penguin Random House, Bs. As., 2018.

Por Gabriela Rodríguez (Directora adjunta de la revista Estrategias, autora del libro Lacan entre las feministas. La objeción de la mujer.)


Una serie de entradas para leer Panfleto de María Moreno.
(fragmentos)


Alguien me recordaba una máxima de Santo Tomás: “Teme al hombre de un solo libro”, desafiante, el teólogo descompletaba la función unívoca de la Biblia, María Moreno es mujer de muchos libros, infinidad de libros, pero igualmente de temer. …Una ironista, pero de esa ironía que excede el sentido retórico y toma la fuerza de instrumento que va contra el Otro, se dirige a lo real (J.-A. Miller), por eso contaremos a María Moreno entre las mujeres que hacen objeción.
Mitologías. Este libro de Roland Barthes marcó la escritura de María Moreno y se hace método en sus crónicas, para muestra sobra un botón y Panfleto está lleno de ellos… En el prólogo que le dedica a la edición del 70´, (el libro había salido publicado en 1957), Barthes reduce a dos las decisiones a las que ajusta su proyecto: una primera, la “crítica ideológica” de los productos del lenguaje de la cultura de masa, una segunda, el desmontaje de ese lenguaje, con miras a la salida de la denuncia piadosa. Pero pasados trece años desde su publicación las decisiones vueltas gesto (lo que indica una atenuación) no pueden tratarse de la misma manera en esa actualidad pos mayo del 68, porque la crítica exigía otra cosa a partir de la urgencia de ser utilizada. Voy al grano, hay un deslizamiento de la crítica hacia la pragmática, en pocos años y algo de este deslizamiento se lee con claridad en Panfleto.
La Moreno no patalea como Irigaray (les ahorro la historia del feminismo), aunque esta regla no se cumpla siempre, nos recuerda al poseur (posador) de Sylvia Molloy a partir del que se apropia, se trasviste, plagia o invierte permaneciendo en la línea de flotación del discurso feminista con una voz, enunciación, que hace suya la regla de Josefina Ludmer: “desde el lugar asignado y aceptado (por caso el feminismo), se cambia no solo el sentido de ese lugar sino el sentido mismo de lo que se instaura en él” (pág. 241).
Victoriana eminente. Abrevio, es posible trazar una extraña analogía entre la María Moreno sentada en el bar Ramos (por caso) y el Lytton Strachey apostado en la biblioteca del Museo Británico, ambos escriben un experimento. Para Lyton las biografías de los victorianos eminentes escritas “desde un punto de vista ligeramente cínico” para Moreno, la topografía del discurso social que le es contemporáneo desde un punto de vista definitivamente irónico. El modo en que María lee el libro de Strachey ilumina Panfleto, se trata de hacer pasar las luminosas aspiraciones de una época por la criba de sus oscuridades, con un resto de decadentismo mascando la sardonia (hierva de Cerdeña) que dibuja una mueca de risa frente a “la moda que abjura del corset [por caso del discurso] para anunciar la soltura de la mujer moderna” (pág. 36) [todacuerpa, escrito todo junto, empoderada - agrego]. ¿Pero es está la misma enunciación a todo lo largo del libro?
Glosar a Freud. Pobre Sigmund Freud, que chico te quedo tu poster de ocasión, pero tan promovido que “anatomía es destino” (pág. 243). “Gloso”, afirma y es Freud el objeto permanente de la glosa que busca tanto exhumar al profesor de la “fábula burguesa” (pág. 39) a la que el psicoanálisis podría reducirse, como refregarle las etapas freudianamente contadas (pág. 275) cuando desoyen la resonancia ruidosa de un “ano pos-identitario”, órgano democrático si los hay, un “órgano para todo el mundo” (pág. 278) vislumbrado como lugar de una utopía insumisa, que “no sucumbe a los formatos de la civilización”. Glosa, cita in extenso al maestro vienes y hasta no se priva de tomar su voz (como Lacan lo hiciera con la verdad), “yo Freud, os dejaré poner los piececitos en la sagrada mezquita del falo (…) si os avenís a trasmitir la doxa en donde sois agujero, falta, cero, carencia…” (pág. 51). …Odioamorar a Freud puesto en el banquillo por el saber que le es supuesto, expresa esa contracción que inventa Lacan, y que motoriza el circuito leer-amar-odiar en el que todo saber progresa.
Moleskine para damas. “Un cuaderno” ese extracto concentrado de propiedades que encabeza el libro, que recorre poco más de dos décadas, si tomamos en cuenta el fechado de las notas, dibujan una serie de topos: el lugar del autor/lector, inventora-sola-exaltada, no sin la compañía de los libros; el lugar de la escritura, modo privilegiado del concluir, el uso del tiempo en contracción, precipitado, nada que ver con la duración, el tiempo de concluir se hace uno con el de comprender a la fuerza; el lugar del antecedente, el único ejemplar de “Mujeres en movimiento” que hicieran con Laura Klein, una epifanía política. Un “cuaderno de aprendizaje”, dedicado a un porvenir de lectoras, en los que se sella la mediación de los textos respecto de la experiencia, en los que se aprende con lo que otra ha aprendido, como se verá no les falta el afán pedagógico.
Goce pedagógico. Anaïs Nin entrega a María Moreno las pistas para una hipótesis recogida como un guante: la escrupulosidad femenina en materia de lengua escrita y/o hablada declinada como Ars Amandi ¿se nutre de un goce pedagógico? (pág. 12). Nin o la Irigaray que provoca a Lacan, fundidas con la Sor Juana de las Tretas del débil (otra vez Ludmer), “se arrogan un saber [que puede tomar la forma del manual de instrucción] para revertir un dominio” (pág. 13). …La autora sienta a la feminista en el banco de escuela: “Sacad el cuaderno Laprida y empezad…”. Bajo la consigna de Lenin, despliega un ¿qué hacer? que imparte reglas a contrapelo de la “licuefacción democrática”: - no reducir el sujeto sexuado a los paradigmas existentes, -no proponer modelos (de imaginario sexual) – no hacer catálogo de misoginia, no… que precipita en “decálogo de buen decir feminista” (pág 54). Porque se trata de “saber leer”, que en todo caso completa el bien decir, es menester que una feminista sea letrada; a la que más que dirigirse Panfleto busca hacer aprender. No es que la feminista sea mal educada, está mal aprendida. Una perentoria tecnicatura de “preguntas a desplegar” (pág. 56) incluye los “no debo” como premisa: no debo creer en La mujer, tampoco en las mujeres, como una política común unida (“por el débil hilo de los derramamientos de sangre”, pág 57), -creencia que tiñe los pasos finales de Panfleto en clave utópica-, así como no debo convertirme en miembro de una capilla más, que como otras, será ganada por la fuerza de la burocracia… Con tono didáctico que no carece de humor en la gama de los negros a fuerza de ironía, se deshace del “entre nosotras” feminista para aprender del misógino y su mal-decir a la mujer, porque su horror arroja saberes sobre ella. Lo notable es que ese “entre” sea hacia el final reconfigurado como el “nosotres” de una “revolución [cuerizada, apropiación del queer-cuir-cuero] que no sublima nada”, se nutre de lo abyecto.
Utópicas. De Freud a Fourier, ese “no lugar” fuera de espacio y tiempo que inaugura la utopía gana terreno en Panfleto. Desde la irónica mención de “la aspiración a un edén sin fronteras” (pág 30) que los sexólogos sabían continuar por otros medios combinando empuje visionario con estrategia comercial (que se lee en “Hacerlo en masa” hacia finales de los 80´), hasta “la democracia sexual efectiva” que toma cuerpo como “deseable motor utópico” (pág. 211) más de una década después de entrados los años dos mil (2015), el protomarxista, “inventor de una utopía de la felicidad” Fourier se vuelve maestro (pág. 281), no sin Barthes.
Utopía de libros, El deseo homosexual de Guy Hocquenghem es anunciado como “la biblia blasfema de la militancia queer” y Terror anal, esos apuntes de los primeros días de la revolución sexual de la Preciado, lectura de bandera. La apuesta de estos “cuadernos de aprendizaje” enunciada como panfleto en el final, dibuja una utopía portátil no solo para la dama que ha sido suficientemente instruida. Potencia utópica en dirección de solo ida, con un andar presumiblemente libre del “panóptico paterno” porque abandona la carretera principal, no persigue Grial ni Oro, descansa en el horizontal abierto, neutro por indefinido y plural en su empuje a la dispersión, para la que no es urgente la prueba de lo real a no confundir con realidad sino con su límite.
Ni dios, ni patrón, ni marido”, lema de “La voz de la mujer” periódico anarco feminista, se escucha en eco, subida a la carreta de la china Iron (que figura un oasis no tanto de agua y palmeras como promesa de exotismo) le escuchamos decir a la autora: “ni policía, ni ejército, ni Iglesia, ni enemigo…” y agregó, pero si Maestra.
Strike a pose. Una amazona saca pecho, de rostro sonriente cuyo dorso se independiza desafiante de las piernas que la mantienen sin embargo con pies en tierra en posición levemente de combate, destila una pose cuasi coreografía de arco y de flecha, que, aunque evocadora del ángel del amor, apunta más hacia el horizonte del patriarcado, deshabitado de patriarca. La “pose” resulta del histrionismo, signada por el amaneramiento (Wilde a la cabeza) y teje una relación íntima con la afirmación. Este el sentido de la pose que hace jugar la publicación de este libro como potencia de escritura. “La pose dice que se es algo, pero decir que se es algo es posar” (Sylvia. Molloy).
Dos anécdotas nos darán el tono de fondo. La primera relatada por G. Musachi, cuando sale su libro Encanto de erizo… le hace una dedicatoria a Germán García que dice: “para Germán que se hace pasar por misógino”, y obtiene como respuesta: nunca me definieron mejor. La segunda, relatada por la propia María Moreno, cuenta que su amigo Nicolás Rosa, solía decirle: “Vaaaa… María vos no sos feminista”, impugnando todo un flujo de textos que se mantienen como interés ininterrumpido de su escritura, así nos lo hace saber en el encabezado del libro. Panfleto aparece como gesto fundamental de afirmación, busca poner en su lugar. Al inocular a propósito de Panfleto una sobre otra estas anécdotas, marcadas por la lectura y la amistad, haciendo jugar el Witz no sin considerar lo inútil del concepto de identidad (pág. 55), se diría que este es el libro en el que María Moreno se “hace pasar” mejor por feminista, no solo porque consigue politizar esa zona siempre esquiva de lo femenino, sino y preferentemente porque le hace honor a la metonimia producida por Hegel (así denominada por Graciela Musachi): femineidad-eterna-ironía-comunidad.


(Panfleto. Erótica y feminismo, de María Moreno, fue presentado el martes 28 de mayo de 2019 en el espacio de “Lecturas críticas" del Centro Descartes.)

* * *

Ningún lugar adonde ir, Jonas Mekas, Caja negra editora, 2014.

Por Leonor Curti (Miembro del Centro Descartes)


Se trata de un diario de exilio". Pongo comillas a de exilio" porque a lo largo de las casi 450 páginas y del continuo deambular del autor por campos de refugiados y de trabajo, durante la Segunda Guerra, lo que va configurándose es otra cosa. El estilo, descriptivo casi al modo de escritura de un guión cinematográfico, es el del observador: de lo que lo rodea (objetos, ámbitos, personas) como de sí (su estado físico, emocional y su aspecto). Fue una sorpresa leer este diario, en el que no se encuentra empatía, conmiseración o piedad alguna por los que comparten su situación. Por el contrario, muchas veces se refleja el fastidio ante seres doblemente extraviados: por haber dejado sus países de origen, arrasados por la guerra, y por una suerte de vida al día", carente de orientación subjetiva, centrada en una materialidad que asume el peso específico de las mínimas raciones de comida que recibían, de la suciedad y la precariedad en la que vivían. Dirá: He visto personas hechas de sueños, aquí están hechas de aburrimiento". Mekas, en parte por esa errancia involuntaria, construye su persona con los libros que lee durante todos esos años (presencia infaltable; pertenencias privilegiadas que irán con él y su hermano de frontera a frontera, de campo a campo), con sus sueños, y fundamentalmente también, con su deseo infatigable y con la nostalgia por su tierra, su familia y su infancia cargada de colores y aromas lituanos. Se repiten las quejas por el bullicio, los cánticos y bailes de los confinados a los campos, que entorpecen su concentración a la hora de leer o de escribir. Un destino impensado, no calculado (la ciudad de Nueva York) luego de años de desvío forzado, será de a poco el lugar , el ámbito en el que Mekas logrará transformarse en lo que deseaba ser: un cineasta. Al llegar allí, camino a Chicago (donde habían prometido un trabajo en una panadería para él y su hermano), deciden quedarse. Un nuevo desvarío comienza cuando se trata de encontrar trabajo. La descripción es tan desgarradora que es difícil encontrar diferencias con lo que ocurría en los campos. Mekas ve el trabajo en las condiciones normales en las que se desarrollaba en la ciudad tan alienante y nefasto como el de los campos. Dirá: Sistema, todo es un sistema. Con un buen sistema se puede convertir a un mono en hombre, y a un hombre en mono. Se puede despellejar vivas a las personas con un sistema y para un sistema. Si se tiene un sistema, se los puede despellejar incluso cuando son niños, y van a ir por la vida despellejados, van a vivir sin piel y ni siquiera van a darse cuenta" (...) No tengo muy claro en estos días cuál es la dirección adecuada o qué debería hacer exactamente. Tengo que quemar los puentes una vez más. El humo va a indicarme la nueva dirección". La desesperación no es la verdad". La verdad será la del deseo y el ámbito del cine y la producción artística. Pero el camino no será fácil: Hay lugares a los que solo se puede llegar por senderos estrechos. Solo los dictadores los ejércitos, los generales, y las personas sin imaginación prefieren los caminos amplios, fuertes". Los senderos te llevan hacia un prado suave, las flores, la sombra fresca. No quisiera perderme ningún sendero lateral de interés, las parcelas de verde. Porque, al final, al final del Gran Camino, es posible que no haya nada más que una ciudad en ruinas...". A medida que comienza a echar raíces en el que sería su nuevo hogar, crece una mirada crítica por la Europa dejada atrás, la de la destrucción, la guerra, el sacrificio de sus hijos" en pos de qué? El diario finaliza con una suerte de correspondencia a Penélope, escrita por un Ulises que ha comenzado a reelaborar su tiempo y sus recuerdos: el pasado se entrama ineludiblemente con el presente; la infancia será la que urdan los recuerdos, las sensaciones, los momentos vitales más intensos, resistiendo al canto de las sirenas: Estoy intentando desesperadamente crear un conjunto completamente nuevo de recuerdos con los que enfrentar las voces dulces que me llaman para que vuelva a casa. A una casa para la cual, lo sé, se borraron todos los caminos". Sólo hace poco pude darme cuenta de que mis recuerdos vienen de mucho más lejos, de lugares que desaparecieron hace tiempo". Paradójicamente, ese es el momento de máxima apropiación de la infancia, tierra fértil en la cual el deseo ha hundido sus raíces más profundas. Jonas Mekas es poeta y cineasta. Nacido en Lituania en 1922, será en Nueva York donde se convertirá en director de cine, y se relacionará con artistas de la talla de Warhol y John Lennon. Ningún lugar adonde ir es un canto al deseo, no una descripción de un exilio forzado. Es la evidencia de que siempre hay un lugar en el que refugiarse, donde reponer fuerzas, donde soñar: un deseo lo suficientemente fuerte como para rediseñar una vida.

* * *

Enemigos, Relatos, Anton Pavlovich Chejov, Plaza y Janes, 1998.

Por Andrea Buscaldi (Miembro del Centro Descartes)


Chejov fue mi puerta de entrada a los escritores rusos. También una oportunidad para desasnarme sobre historia y rozar la llamada “alma rusa”. Ahí descubrí que durante mi infancia jugué a las visitas con un samovar arrumbado en el galpón de mi abuela, sin saber que era tal. ¡Mi abuela tenía un samovar y era García hasta la coronilla!
Chejov es para mí el más querible de los escritores rusos, me gustan todos sus cuentos, pero me acuerdo de uno en especial: Enemigos.  Un hombre acaba de perder a su único hijo luego de larga batalla contra una cruenta enfermedad. El hombre es médico y él mismo ha asistido a su hijo en la agonía. Chejov describe la atmósfera reinante: el cuarto en penumbras y frascos de medicinas por doquier. Se trata de una pérdida para el padre y una derrota para el médico. En ese preciso momento, un hombre irrumpe en su casa para que asista a su mujer que acaba de desplomarse sin conciencia. Se niega: “hace cinco minutos que se me murió mi hijo”, pero el hombre suplica y finalmente, acepta. Después de larga travesía, en lujoso carruaje, hasta las afueras del pueblo, resulta que la mujer “enferma”, ¡se fugó con el amante!
En ese punto, el conflicto se desplaza: mientras el “abandonado” (como en el tango) se derrumba, el otro, monta en cólera. Porque su hijo acaba de morir y se siente usado: usado como un aristócrata usa a sus lacayos. El desenlace es pura furia y dolor, que en ambos casos, es más o menos lo mismo. O según el sarcasmo, más que la flema, del célebre escritor inglés: La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que no significa nada.


En muchos de sus cuentos, Chejov describe con lujo de detalles la tensión latente entre aristócrata y mujik. Tópico también de su coterráneo Tolstoi. En Tres muertes narra la última noche de un viejo cochero tirado en el piso de un galpón que hace a la vez de refugio y albergue. Antes de morir, da su par de botas nuevas a un joven a cambio de que este compre una lápida para su tumba. La tercera y última muerte que alude el título, (la primera, es la de una mujer enferma al modo de que no hay peor ciego que el que no quiere ver), es la del árbol talado por el joven cochero, quien se gasta el dinero del viejo y cumple a medias con su palabra haciendo con leña una cruz. Tolstoi describe bien las diferencias entre aristocracia y campesinado, no sólo en la manera de vivir, sino también en el modo de morir. En Señor y trabajador, tensa al máximo ese contraste entre la muerte de un próspero comerciante y la de su criado campesino: “El pensamiento de la muerte…no tenía para él (el mujik) nada de penoso y terrible. La razón residía en que, en los días de su vida, habían sido escasa las fiestas y muchos los amargos días de semana, y en que estaba cansado del trabajo ininterrumpido.”

En el caso de Chejov, no necesita más que un par de pinceladas. Más allá de la división de clases: “La desgracia no une a la gente, sino que la separa”, escribe en Enemigos. Ríos de tinta psicológica resumidos en una oración. Pero a no desesperar, no son hechos, sólo interpretaciones.

* * *

En breve cárcel, Sylvia Molloy, ed. FCE, Serie del Recienvenido dirigida por Ricardo Piglia.

Por David Irigoyen (Alumno del Programa Estudios Analíticos Integrales del Centro Descartes)


En breve cárcel es la novela que antecede a Nanina en la colección del Recienvenido de FCE, dirigida por Ricardo Piglia. Su título hace pie en el nombre de esta recopilación de lecturas, Breves. Lo breve y lo escrito dan cuenta de una característica normativa de nuestra época: la escritura inmediata, las publicaciones breves, casi anónimas, globales, muchas veces efímeras y pasajeras de Facebook o Twitter; sólo dos ejemplos. Sin embargo, En breve cárcel, los destinos de fragmentos, letras virtuales, se superponen “haciendo” novela, a un nivel específico; porque: ¿cómo se narra una soledad impregnada por una sutil pasión que se multiplica en sí misma?
Publicada en 1981, su lectura es para nada añeja: ni fascina por elevar algún estandarte ya conquistado, ni evoca nostalgia conservadora alguna. En esta primera novela de Sylvia Molloy las distancias entre la protagonista consigo misma son más acuciantes que las que mantiene con sus objetos de amor, brindando una escena total, escenario formal, de extrañezas sucesivas que mantienen al lector frente a una intimidad ni enloquecida, ni suplicante, ni extraviada: simplemente nos anoticia de principio a fin sobre la satisfacción de una pasión acaso perdida pero latente, de una enajenación romántica, de un encarcelamiento secreto. Nadie salvo el lector se encuentra con el gusto confidente de una cárcel sin sentido pero pletórica en palabras. Ellas, Vera y Renata, juegan el papel de invitadas a un mundo que se escabulle entre la protagonista y el lector.
La narración en presente y en tercera persona da la sensación de habitar una Otra escena, y los recuerdos infantiles, los sueños y escenas familiares, la de situarnos en una otra Otra escena dentro de la primera. Tal como señala Piglia en el prólogo, En breve cárcel, se lee como una autobiografía. Por un lado, la inmediatez del deseo, la espera y una turbación permanente; por el otro, el escenario infantil que se reescribe una y otra vez. A partir de una venganza tímida, nos absorbemos en la voz de una reclusión imposible gracias a una escritura que se va narrando a sí misma. La intimidad se recorta por la figuración escópica de fragmentos que intentan totalizarse, y lo que nos queda más claro es que son esos objetos de la pasión los que enmarcan el viaducto de posibilidad que integre las piezas, desde una pieza que se siente vacía. “En discordia con su piel, límite precario que no alcanza a darle forma”, “una piel de voces, para entonar los fragmentos”, “habrá de unir fragmentos si quiere vivir”. En breve cárcel es la historia de un cuarto im-propio que se construye y deforma a la sazón de “ficciones controlables”. Acaso el amor y la pasión no sean más que esto.


* * *


CARTA DE LECTORES

Por Julio Riveros (Alumno del Programa Estudios Analíticos Integrales del Centro Descartes)


Decir-Saber-Witz
(Lacan-Freud, idas y vueltas. El lenguaje entre evidencia y contradicción)


En el Canto XVI, Patroclea, de Ilíada, Aquiles insta a su amigo Patroclo, del linaje de Zeus, a que le cuente eso que lo aqueja, ya que lo encuentra llorando desconsoladamente: "Habla; no me ocultes lo que piensas, para que ambos lo sepamos", fórmula cara a Homero, que también pone en boca de Tetis, madre de Aquiles, cuando éste la invoca a la orilla del blanco mar para pedirle asistencia luego que el Atrida Agamenón, caudillo de hombres, le arrebató a la joven Briseida a manos de unos heraldos.


Lo interesante, a mi gusto, en ese dicho, más allá de los contextos y las razones que animan dichas secuencias, es que el saber depende de lo que se dice, es decir, la condición del saber es el decir. El saber no preexiste al decir. Podemos insertar esta fórmula en la escena analítica. Antes de decir -y no cualquier proferencia entraría en esa categoría- no es posible situar el saber. El decir debe cernir lo pulsional, caso contrario esa proferencia no admite ese estatuto. Y, por otro lado, este saber que entra en juego no está en ningún lado en calidad de custodia o resguardo, se construye, se enhebra en un lazo. No hay topós del saber.
Dicho esto, la pregunta que surge es por la fractura implicada en el Witz, o en el sueño. Esas formaciones, ¿a qué saber responden? ¿O no responden a ninguno? ¿Hay un saber en juego en el Witz, en la ocurrencia, en la agudeza o es una incisiva disrupción del instante que fractura un contínuo? ¿De dónde proviene esa sucesión de rebus, esa fractura en la cadena de sentido, como epifanía de un decir verdadero? Es el Saber (Verdad) en juego en las formaciones del inconsciente, o al decir de Lacan, el efecto significante en el inconsciente.
Homero era sabio. No confiaba en lo inefable. No era un místico. Sus diosas, sus divinos héroes no podían saberlo todo sin escuchar lo que resuena en el decir. Solo así es posible el saber y, redundancia mediante, Homero lo sabía.

* * *

POESÍAS BREVES

Por Susana Masoero (Alumna del Programa Estudios Analíticos Integrales del Centro Descartes)


Volvió en otoño


Volvió en otoño… después de algunos años de flores marchitas. Recorrió el sendero, silencioso, calmo, de sueños dormidos que ya no despiertan. Y encontró su nombre tallado en el alma. La ausencia temprana devino presencia, trazos de un recuerdo, destello de andares, una risa ronca, la mirada clara. Una rosa roja soltó de su mano, la ofreció en tributo. Se alejó sin prisa, sintiendo el olor de la tierra desnuda.


* * *

Por Roberto Bolaño (Selección de: La Universidad Desconocida, Anagrama, 2010.)


Macedonio Fernández


Cae la calesa y la cadera por el hueco de la eternidad
Por el surco por el grito del pajarraco que es el surco
¿Y tan despreocupado el espejo del viejo ángel?
Como una ciudad en el confín es el hueco de la bondad.

La novela-nieve


Esperas que desaparezca la angustia
Mientras llueve sobre la extraña carretera
En donde te encuentras
Lluvia: sólo espero
Que desaparezca la angustia
Estoy poniéndolo todo de mi parte.

Tu lejano corazón


La muerte es un automóvil
con dos o tres amigos lejanos.




* * *
* *
*

No hay comentarios.: