El día jueves 20 de octubre pasado
salió publicado en la sección de psicología del diario Pagina/12 el artículo
titulado “Nosotros, ¡rugbiers!”[1]
firmado por Sergio Zabalza. Entiendo que su entusiasmo como ex jugador de la
primera división de rugby del club San Cirano ante los últimos acontecimientos
lo lleven a escribir apresuradamente. Dar un ejemplo es un acto complejo que se
diferencia en exemplar –lo que se
aprecia con los sentidos y ser imitado– del exemplum
–algo más complejo y no sensible que permite reunir enunciados y prácticas en
torno a un canon. Por eso hay que tener cuidado cuando se cree encontrar algún
paradigma.
Ahora bien, es importante recordar que
en Sudáfrica la práctica del rugby estaba sellada por el apartheid hasta 1995. Año que dicho país
se incorpora a la IRB por primera vez y el mundial se disputa allí, se lo conoce como “el efecto
Mandela”. En el caso de Australia y Nueva Zelanda, futuros rivales de la
argentina en el campeonato cuatro naciones, es distinto. El deporte del rugby
es muy popular, en especial en Nueva Zelanda. No es que son una raza más fuerte
como los definió hace poco un feroz “puma” en un programa de televisión.
Se puede observar que en el seleccionado de los All Blacks hay integrantes que
descienden de los maoríes,
de hecho el haka era una danza tribal
de guerra que los maoríes
realizaban antes de consumar una batalla. Los All Blacks tuvieron que hacer una
versión un poco más aggiornada a la época y dejar de hacer el gesto
de corte de cuello con la
mano. Un antropólogo, quizás, nos pueda enseñar como es que un
deporte europeo es incorporado por un pueblo que no tenía esa costumbre. Aquí,
como allá, fueron los ingleses quienes trajeron este deporte, como tantos
otros. En aquel entonces, por estos pagos, un mismo club podía albergar tanto equipos
de futbol como de rugby (Buenos Ayres Football Club, por nombrar una
institución).
Queremos hacer una distinción
importante entre “juego” y “deporte”. El primero es un medio para la obtención
de placer reiterando, individual o colectivamente, gestos o movimientos que no
sirven para lograr elementos de subsistencia o apareamiento. Y quienes
participan no fijan de antemano el lugar y el momento en el cual una capacidad
debe ser demostrada. Cualquier persona que participe en un deporte colectivo, en la
búsqueda de la consagración moral o económica, es llevado el esfuerzo común. Entonces
consideramos que el rugby no es un “juego/guerra”; sino un deporte que simula
la batalla entre dos bandos de quince hombres. Y en cada país, como en cada
deporte, estos hombres tienen una idiosincrasia que ellos mismos encarnan.
Pero nuestro informador, a la hora de
conjeturar, invoca al psicoanálisis y parece que desde el cielo Freud y Lacan
dejan caer sus palabras. No se entiende “el valor fálico” que pueda tener el haka y no va de suyo que el rugby, como
único entre otros deportes, contenga “la función del falo en el ser hablante”
por ser “un
juego que admite biotipos muy diferentes entre los integrantes del equipo”. Lo mismo
ocurre con la palabra “sublimación”. ¿El scrum
como ejemplo? La sublimación, mecanismo un tanto más fino que esa formación
fija, no tiene relación alguna con el “esfuerzo común” que el autor cree ver
casi con exclusividad en el rugby; colocando al rugby como medio para sublimar:
“la violencia que suele manifestarse al compás de los avatares que afectan a
nuestros jóvenes”. Creo que Freud no hablaba de “la violencia” –palabra que
lleva un plus en nuestra época[2]–
como una moción pulsional, ni erótica, en todo caso era el odio. Lacan habló de
la “agresividad”, a la cual hay que diferenciar de “la agresión” y del pasaje
al acto. No sublima cualquiera.
Al final, por la violencia es aclarada
la sublimación a la que se refiere el autor: “si bien el juego del rugby despliega
una gran violencia corporal, durante el partido prima un respeto casi sagrado
por las decisiones del juez. Quizás una manera de brindar a nuestra gente joven
la oportunidad de percibir que la ley, lejos de limitarse a su carácter
privador”. La ley no es el código, la regla. Hay código en tanto que hay ley, la ley es
una función. El joven percibirá aquella en función de esta última. Y ¿Cuán
lejos puede estar la privación de las sanciones de un árbitro, de un juez, si
la mayoría de las veces priva a alguno de los equipos de portar la pelota?
Subrayamos “se hace El Hombre” en la cita que Zabalza toma del texto de Jacques
Lacan El despertar de la primavera. Este ultimo,
en su texto El tiempo lógico y el aserto
de certidumbre anticipada -o- Un nuevo sofisma, llama “aserto
subjetivo anticipante” a una lógica que podemos encontrar en lo colectivo:
1ro. Un hombre sabe lo que no es un
hombre;
2do. Los hombres se reconocen entre
ellos por ser hombres;
3ro. Yo afirmo ser un hombre, por temor
de que los hombres me convenzan de no ser un hombre.
Albert Camus que pasó su juventud en
Argelia, y practicó el fútbol, sabía decir: “lo mejor que sé sobre la moral y
las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol”.
Como
remarca el autor, nuestra Selección de rugby a partir del año que viene participará en la
competencia “Torneo de las Cuatro
Naciones” (antes Tres Naciones)
que es organizada por el SANZAR, un consorcio de organismos que administra la
competencia, que condiciona la participación a la presencia de los mejores
jugadores y la aprobación de las emisoras que transmiten los partidos. Vender
entradas y camisetas es también una parte de lo que evalúan los organizadores
del campeonato. Una nueva etapa, “hay que agrandar la base” como dice el autor
y con quien estamos de acuerdo; ¿de que manera? preguntamos. Ya que no es lo
mismo, como ha resaltado Germán
García hace poco[3],
intentar
hacer de modo que el psicoanálisis seduzca a la sociedad que seducir a
la sociedad con el psicoanálisis.
Ignacio Penecino
[2] Sobre esto ver un articulo publicado en el mismo diario
en la sección “Sociedad”: UN INFORME SOBRE LOS NOTICIEROS – “Si hay
violencia que se note mucho” (http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-180029-2011-10-29.html)
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