BREVES 17-LECTURAS COMENTADAS-OCTUBRE 2018-BIBLIOTECA DEL CENTRO DESCARTES#NANINA50AÑOS










                                           
 Roberto GARRIZ-Felix CHIARAMONTE                                                                                             
                                                      Carolina SAYLANCIOGLU-Julio RIVEROS                                                                                                                                                                     
                                                                                                                                 NANINA 50 AÑOS
                                                                                                                  Por Roberto Garriz. Escritor. 

                                                                                        “Es como si todo me estuviera permitido.”
 “Es como si lo que no conduce a la sumisión, de alguna manera mágica, legal, condujera a la cárcel.”

INTRODUCCION
    1. Quiero agradecer la invitación para intervenir en este homenaje por los 50 años de la publicación de la sensacional obra de Germán García, Nanina. La novela publicada en 1968, produjo un verdadero revuelo en el panorama literario. Según las crónicas de la época agotó cuatro ediciones en un mes, tuvo las críticas más elogiosas que yo haya leído para una ópera prima en los medios más importantes del país y en otros tantos del exterior. Como ejemplo, los invito a leer los minimísimos recortes que figuran en el póster. En forma más extensa, pueden encontrarse las críticas, así como la transcripción de la acusación, la defensa, la sentencia del proceso y otros escritos de interés en el libro Proceso a Nanina, que es una recopilación de Daniel Ortiz publicada en 1969 en Ediciones L.H.. 
          En medio de esa euforia la novela fue secuestrada de las librerías por orden judicial en una causa iniciada por denuncia del fiscal Guillermo De la Riestra, por la infracción del art. 128 del Código Penal que perseguía a los responsables de publicaciones obscenas. Ese proceso terminó con una sentencia del Juez en lo correccional Dr. Edmundo Sanmartino, que condenó a García a la pena de un año de prisión en suspenso. A la vez, inscribía a Nanina en una lista que comparte con El Cantar de los Cantares, El lazarillo de Tormes, La Celestina, Madame Bovary, Las Flores del Mal, el Ulises, y otros tantísimos libros censurados a lo largo de la historia.
    2. Dada mi condición de abogado, presumo que fui invitado a esta celebración para analizar (dicho esto en la acepción gratuita de la palabra “analizar”) la resolución judicial que hoy es parte inseparable de la historia de Nanina y, por lo que se verá, del propio Germán García.
    3. Corresponde entonces, para meternos de lleno en el tema, definir qué se considera o, mejor, qué se consideraba “obsceno” en 1968. El artículo 128 del Código Penal, hoy derogado se limitaba a describir las conductas “El que publicare, fabricare o reprodujere” luego enumeraba “Libros, escritos, imágenes u objetos” a los que calificaba “obscenos“, y finalmente detallaba el destino “con el propósito de difundirlos o de exponerlos al público”.
            La jurisprudencia se encargó de aclarar: “La obscenidad de una obra se determina colocándose en el plano del hombre medio normal, es decir, al margen de la inmoral predisposición de algunas personas, de la morbosa mentalidad de un anormal respecto del sexo, de las exigencias éticas de un escrupuloso hipersensible, y aún de lo que sólo puede resultar peligroso para la mentalidad de niños y adolescentes, porque el bien tutelado es el pudor público medio y no el sentimiento individual de pudor” (C.C.C., caso Lozada, 1964; Bol. Int., f. 54)
         En otro fallo del año 1964: “el pudor colectivo, a los efectos del delito de obscenidad, se debe estimar, no con un criterio medio abstracto, sino en concreta relación con los conceptos normales que configuran, en una época y lugar determinados, el ámbito de intimidad sexual” (C.C.C., 23/12/64; JA. 1965-II-141)
     Se requiere una ofensa que ataque la sensibilidad promedio de la población. No consideraremos entonces la impoluta calidad moral que pudiera imponer un sacerdote del Opus Dei, ni tampoco tendremos como referencia la abyecta predisposición que surgiera de un sacerdote del Opus Dei.
         Ahora pensemos en 1968, en el Germán García del póster. Gobierna el General Juan Carlos Onganía, que lleva adelante la denominada Revolución Argentina. Se inicia una cruzada en favor de la moral y las buenas costumbres, con la creación de la correspondiente Brigada de Moralidad. Se controla el largo de las faldas y de las cabelleras masculinas, se allanan hoteles alojamiento (en ese momento “ambuebladas”) en busca de adúlteros y se persigue a los homosexuales (en aquella época “invertidos”). Y se ejerce una fortísima censura en todos los frentes.
       
Todo esto hoy nos resulta casi inverosímil ante algunos cambios. Digo cambios y no necesariamente avances, porque tengo para mí que la censura no se mueve de una manera unívoca. Basta pensar en películas como Último Tango en París, o muchas de las del dúo de Jorge Porcel y Alberto Olmedo, que por distintos motivos serían difíciles de concebir en la actualidad así como sería impensable una revista como la recordada Libre, que se publicaba en los primeros años del retorno democrático.

    4. Pero estamos en 1968. Hechas estas consideraciones, ¿es obscena Nanina? La acusación y la sentencia se niegan a transcribir las partes que consideran que infringen el art. 128 citado. En lugar de ello, simplemente subrayan un ejemplar que se supone, se encontraba en el Juzgado. Por lo tanto, no hay ninguna mención literal a esas eventuales expresiones o escenas que resultaron ofensivas. Desde el punto de vista de la técnica jurídico-procesal, esa falta de determinación de una parte medular de la acusación, podría haber acarreado la nulidad del proceso. Es como si en una causa donde se investiga un homicidio no se describiera la autopsia, o el arma homicida. Nos vemos obligados, entonces, a subsanar esa omisión del juzgado, enumerando, de la manera más decorosa posible, las alusiones que pudieron haber escandalizado al Señor Fiscal y al Señor Juez intervinientes.
           Existen 10 menciones a los largo del libro a la palabra que se utiliza para referirse a aquello que se aprecia en el ojo ajeno mientras no se advierte la viga en el propio. A ello se suman 3 repeticiones de la palabra “masturbación”. 15 menciones al órgano sexual masculino en la forma más coloquial de nombrarlo. 6 veces aparece la palabra que es definida como “cubierta que protege los moluscos”. 5 veces se habla de los senos femeninos en su sinónimo más utilizado, 3 de esas veces se los nombra en diminutivo. 6 veces se lee “culo”. Un personaje sueña con Yolanda desnuda, otra se baja la bombacha, hay 3 menciones a invertidos, 6 referencias a lo que los españoles dicen por “agarrar”, 5 veces se dice la palabra sexo, 4 menstruación, 2 hímenes, 1 clítoris. Y otras expresiones dudosas, como (y ahora leo textual) “forro del bolsillo”, “Quien mal anda mal acaba”, “el niño quedaba en el portal y era recogido por un rico”, “recogiéndole la ropa”, “más vale pájaro en mano”. 
    5. A esta altura, ya tenemos los elementos necesarios para dictar sentencia. Conocemos el marco legal, revisamos algo de la moral de la época y enumeramos objetivamente la prueba, que no es otra que las supuestas obscenidades que el distinguido Sr Fiscal, Doctor de la Riestra nos subrayó. 
           Con esos elementos, el Juez consideró: 
“No debe confundirse la literatura que abreva en las fuentes del erotismo o de la sensualidad, con realismo, pero con arte y dignidad en la expresión y las imágenes, con la literatura colindante con la más repugnante pornografía, que echa mano de vocablos que se pretenden populares, pero que no son usuales en el lenguaje del pueblo, sino en la jerga de los lupanares o en el vocabulario procaz de minúsculos grupos de inadaptados sociales.”
“Se desconoce y se ofende al pueblo cuando se le imputa esa perversión en el lenguaje, que es reflejo siempre de perversiones y que arraiga en hondas taras psíquicas y morales. Es inexacto que los más grandes genios de la literatura –Dante, Cervantes, Shakespeare, etc.- hayan caído en licencias pornográficas u obscenas (este es un argumento ofrecido por la defensa). Las imágenes o expresiones de crudo realismo que hallamos en sus obras, expresadas en lenguaje directo, son como un ligero e imperceptible contraste de sombras en la diafanidad de una prosa de belleza y dignidad deslumbrantes. Lejos de afearlas o de disminuir su jerarquía, la destacan y exaltan. Pero qué distinta es la prosa y las imágenes de algunos autores nacionales y extranjeros, hábilmente promovidos por los traficantes de la literatura, que buscan fama y dinero en la procacidad del lenguaje y en el impacto que produce en determinados lectores la exhibición de una sexualidad sin frenos ni valor.”
“Cuando nos hallamos ante un verdadero proceso gramatical de imágenes y palabras obscenas, pornográficas o impúdicas, que no se justifican con el argumento, de que reflejan fielmente la vida de privaciones, de miseria y de orfandad moral del protagonista –que en el caso de Nanina es el mismo autor- es lógico deducir que esa técnica oculta desaprensivos fines de promoción literaria y desviaciones que caen en el campo de la patología criminal. Si hubiera establecimientos de reeducación psíquica y moral, a cargo de especialistas capacitados, esos escritores, que, por atentar contra el alma, son más peligrosos que los que atentan contra la dignidad física del prójimo, deberían ser recluidos en esos establecimientos. No importa que la crítica ligera o complaciente aplauda esos engendros de inteligencia y espíritus deformes.”
Hasta aquí, viene haciendo referencias generales, a partir de ahora se mete con la novela.
“Es evidente que Nanina es una osada obra de lenguaje impúdico, de incoherente contextura y de exhibición de escenas reñidas con el más elemental decoro. El protagonista no tiene ubicación precisa en el tiempo, ni en la geografía. Tan pronto es un niño, como un adolescente. Está en Junín, en Rawson o en Buenos Aires. Sin transición, sin etapas intermedias, sin un proceso lógico de cambio y de transformación. Por puro afán de ser original, de espantar al lector equilibrado o simplemente por incorregible incoherencia mental. Esa técnica es frecuente en la simulación del talento. La obra carece de una sólida arquitectura argumental y es, en general, un sucio canto al desamor filial y al sexo animal e indiscriminado. No tiene tampoco pretensión de protesta social ni de mensaje. El protagonista es un testigo impávido del infortunio que lo rodea. La novela no está ni siquiera justificada por la rebeldía que despierta la injusticia que se siente en carne propia o los males de la sociedad en que se convive. Esta valoración de la obra por el juzgador, fuera de lo común en un fallo judicial, es necesaria, ya que la falta de auténticos méritos literarios y de injustificado sentido social de rebeldía, contribuye a destacar con mayor crudeza la obscenidad reiterada y machacona que aparece en cada momento en su contexto. Esas notorias deficiencias ayudan a tener en consideración a ese aspecto, estrictamente jurídico, que las pone de relieve. No se pueden transcribir en esta sentencia los largos párrafos subrayados en la obra, que dan fundamento a la resolución condenatoria. Son demasiados, coincidentes e irreproducibles. La doctrina y jurisprudencia es uniforme en cuanto a que solo se requiere el dolo genérico de que la publicación calificada de obscena hiere al pudor medio de los lectores.”
“Dejo desde ya sentado que para aplicar la penalidad que a mi juicio corresponde a los procesados García y Lecouna (editor), así como la condicionalidad de la condena, tengo en cuenta la falta de antecedentes de ambos, la poca edad y consiguiente falta de experiencia de García , así como el deseo del suscripto de que este fallo sea como un toque de atención para este joven que si en realidad siente vocación literaria vuelque sus esfuerzos a otra clase de literatura, o sea la que pueda darle brillo y nombre honroso.”

    1. Luego de esta pequeña introducción, quiero dar comienzo a mi intervención titulada Elogio del Dr. Edmundo Sanmartino.
    2. Se cumplieron, el 27 de julio de 2018, 49 años de la sentencia que condenó a Germán García a la pena de un año de prisión en suspenso por el delito que se tipificaba en el art, 128 del Código Penal de la Nación. Dada mi condición de cotraductor de historietas como Asterix, Lucky Luke, presumo que fui invitado a esta celebración para intentar traducir la resolución que hoy es parte inseparable de la historia de Nanina y, por lo que se verá, del propio Germán García.
    3. Sería fácil para mí enumerar la cantidad de expresiones obscenas que determinaron la condena de los imputados en esa causa. Sobre todo considerando la existencia de la función de copiar y pegar. No voy a caer en simplificaciones, porque lo que me propongo, es analizar cómo la sentencia condenatoria es innovadora. El Sr. Juez sabe que está cruzando un límite, expandiendo las fronteras del derecho, y lo reconoce. “Esta valoración de la obra del juzgador, fuera de lo común en un fallo judicial, es necesaria…” dice. Y condena a la obra por obscena. Pero es que el derecho no le deja otra alternativa. Veamos que respecto a la obscenidad propiamente dicha, no es mucho lo que tiene para decir “es una osada obra de lenguaje impúdico, de incoherente contextura y de exhibición de escenas reñidas con el más elemental decoro.” Más adelante agrega lo del “sucio canto al desamor filial y al sexo animal e indiscriminado”. Pero ¿le resulta esto ofensivo? ¿siente que ataca el pudor de la época? No lo dice. No lo sabemos. Porque se distrae considerando que los elementos cuestionados no están inscriptos en medio de una prosa “de belleza y dignidad deslumbrantes”. Traduzco, el problema no son los pasajes supuestamente obscenos, sino el resto, la falta de compensación. En pocas palabras, no le gustó la novela. Le pareció incoherente, desordenada. El protagonista es joven, es niño, va de acá para allá, aparece en Junín, en Buenos Aires, en Rawson. ¿qué es esto? Ni siquiera es un reclamo social, ahora lo cito: “la novela no está ni siquiera justificada por la rebeldía que despierta la injusticia que se siente en carne propia o los males de la sociedad en que se convive.” Retomo: al final, no es ni para reírse ni para llorar. El Dr. Sanmartino ha leído la novela. Eso es innegable. Y está indignado. Le han hecho perder el tiempo. Ya no le importa que sea o no obscena. No se agravia por una mala palabra más o menos. Pero solamente dispone de la posibilidad de retirarla de circulación si la declara obscena. El derecho aplicable no le deja otra opción. Y dicta el fallo condenatorio.
    4. Llega el momento de las confesiones. ¿Quién alguna vez no se ha indignado leyendo una novela que suponía una pérdida de tiempo? ¿quién no ha dicho, en su intimidad, mientras leía, “deberían prohibir a este autor” o mejor “Deberían meterlo preso”? ¿no hemos pensado, como Sanmartino, que deberían existir establecimientos de reeducación psíquica a cargo de especialistas capacitados para algunos escritores?
       Es evidente que el Dr. Sanmartino cometió un error con Nanina, como tantos censores se han equivocado con grandes obras y paradójicamente, en algunos casos, nos han abierto los ojos y han despertado el interés por ellas. Pero no por eso deberíamos desentendernos de la importancia de un tribunal que nos facilita lecturas y descarta las de menos valor. Tal vez no sea Sanmartino el más idóneo para esa función. Pero imagino a Borges y a Bioy Casares, a cargo de sendos juzgados encargados de impartir justicia, conversando sobre autores y sus obras como en esos pasajes que transcribe Bioy en su libro “Borges”. ¿Serían ellos más benignos que nuestro elogiado?
    5. Lo cierto es que en su condena, el Dr. Edmundo Sanmartino expresa el deseo de que el fallo sea como un toque de atención para este joven, para que si en realidad siente vocación literaria vuelque sus esfuerzos a otra clase de literatura, o sea la que pueda darle brillo y nombre honroso.
49 años después de esta premonición, Germán García ha publicado otras 7 novelas: Cancha Rayada, La vía Regia, Perdido, Parte de la Fuga, La Fortuna, Miserere; todas ellas con excelente repercusión de público y crítica. Ha fundado, dirigido y participado en una docena de revistas literarias, entre las que se destacan la mítica Literal y la invisible Odradek. Ha recibido premios y distinciones de todo tipo, entre otras obtuvo la Beca Guggenheim, otorgada por la Guggenheim Foundation (Nueva York); es Dr. Honoris Causa por la Universidad Nacional de Córdoba; recibió la distinción de Personalidad Destacada de la Cultura de Buenos Aires; y la de “Visitante Distinguido”, otorgada por la Municipalidad de San Salvador de Jujuy; fue declarado Ciudadano ilustre y visitante distinguido de la Ciudad de San Miguel de Tucumán. En el año 2011 fue el encargado de pronunciar el discurso inaugural de la Feria del Libro de la Ciudad de Buenos Aires. 
No ha vuelto a ser condenado por ningún tribunal por sus obras literarias, es uno de los autores más prestigiosos del país y si se me permite una nota personal, es también el más generoso. Tiene hoy de sobra, ese brillo y nombre honroso que le auguró el Dr. Sanmartino, que, como se demuestra, tan equivocado no estaba. 

Incomodar con estilo. El exilio de Gombrowicz en la Argentina, Nicolás Hochman,Dobra Rebota Editora, 2018 Por Félix Chiaramonte. Miembro del Centro Descartes

El Gombrowicz de Hochman. 

Me privaré de citar autores. O todo lo contrario.
He sido recibido al final de una escalera de este edificio de la Fundación René Descartes con una imagen de una pintura que me gusta y me causa curiosidad. ¿Gombrowicz? 
“¡Psicoanálisis! ¡Diagnóstico! ¡Fórmula! Mordería la mano del psiquiatra que pretendiese destriparme privándome de mi vida anterior; no se trata de que el artista no tenga complejos, sino de que sepa transformar el complejo en un valor cultural “ . Esta cita  de algo escrito por Witold Gombrowicz, que está en Incomodar con estilo y en La virtud indicativa, texto de Germán García, me ha orientado no solamente respecto del gusto literario sino a favor del psicoanálisis que  no domestica ni es domesticado.
Conocí a Nicolás Hochman en una reunión familiar. Vaya si me topé con alguien interesante. Comenzamos a hablar y al rato estábamos charlando de Lacan, Miller, y tan luego de Germán. No creo que Gombrowicz haya presenciado esa conversación , pero tal vez fue testigo invisible como yo de algo verdaderamente asombroso. Al menos para mí. Quizás ustedes ya estén familiarizados con ese juego de naipes llamado truco. Yo no lo juego. No me gusta que se sepa que alguien va a mentir. Es como un juego con un spoiler que en la puerta del cine dice: todos mienten. Nicolás esa tarde-noche jugaba al truco con unos sobrinos endiablados a los que lograba domar con ese juego. Pero había algo raro en la atmósfera: no había cartas. Físicamente no había cartas. Cantaban las cartas a viva voz. Un truco imaginario. Éste tipo es raro , pensé. Muy raro. Me parecía bien domar a los niños que se convierten en seres incómodos por sus conductas, sus movimientos, sus demandas, sus dibujos… Pero un truco imaginario era demasiado. Me pareció rarísimo  jugar de ésa manera, y a la misma vez intrigante y divertido.
“Gombrowicz miente. Todo el tiempo miente. Distorsiona, agranda los hechos, omite otros, se contradice , niega haber dicho o escrito lo que dijo o escribió.” Y lo hace cuando escribe su Diario, cuando habla en Testamento, cuando manda cartas a sus amigos, cuando traduce novelas, cuando presenta prólogos. 
Jugar al truco. Mentir. Mentirle a los niños. Mentirle a la familia. Mentirle al país. Mentir y hacer un congreso. Mentir y escribir un libro. Mentir, mentar a un polaco para hacerse conocer. No está nada mal. En un momento volví a pensar, este tipo va a ganarle a estos pibes. Pobres pibes. Pobres malditos. Pobres malditos polacos. Pobres malditos, polacos y argentinos. “¡Malditas y terribles partes! ¡Para eso, pues, construimos el todo: para que una partícula de la parte del lector asimile una partícula de la parte de la obra y solo en parte!”. Luego de releer este extracto de párrafo de “Gombro” en Hochman, comienzo a entender algo de la transmisión del psicoanálisis, tal vez justamente inextinguible por las partes que resisten a la comprensión general. 
Hemos comenzado una serie de intercambios culturales o pseudo culturales allá por San Fernando con Nicolás . En la centenaria Biblioteca Madero, en la sede de la Asociación de Psicoanálisis San Fernando Tigre, en el Colegio de Psicólogos de San Isidro, ahora en la” Fundación Descartes.
Vuelvo por un momento al recuerdo de aquella pintura que por momentos me chocaba. Me chocaba ese largo nombre que era un apellido impronunciable. 
¿Para qué carajo vino un polaco, de apellido mal dicho casi siempre, a la recóndita Argentina?  ¿A exiliarse de qué?  ¿A inventar lectores?  ¿A hinchar las pelotas? 
Alguien me dijo que ese título, Incomodar con estilo, era muy pertinente para Mirtha Legrand. Me gustó la idea de imaginar a “Gombro” en su mesa, o más interesante aún , un programa de TV que se llamara Almorzando con Gombrowicz. Fuerte. Creo que se iría todo a la mierda en pocos minutos. Sin embargo, ¡tendríamos a un noble de verdad en la mesa por una vez por lo menos! A fin de cuentas un desubicado muy orientado.
Imponer la fábula a la experiencia, esta vez Philip Roth, hablando de Kafka, citado por Nicolas. Nicolás que sigue fabulando  con esos pibes que no dejan de moverse. Inquietos, desubicados, molestos. 
Molesta es la dialéctica entre escritura y vida real. ¿Quién es quién? Una vez golpeé a la puerta de un psicoanalista. Me ayudó a reescribirme en varias ocasiones. Quién dice que cada uno no pueda ser un escritor que no escribe aún, o que no escribe bien, o que quiere escribir de otra manera.
Es cierto que André Gide es una referencia para el tema de la sinceridad.  
Ni turista, ni vagabundo, ni peregrino. Hochman intenta confrontar por ejemplo a Bauman con Gombrowicz para definir esas palabras. Unos viajan porque quieren , otros porque no tienen otra elección soportable. Gombrowicz con algo de cada cosa, no encaja. 
En Argentina o en Europa es un exiliado. ¿Exiliado de qué, de una patria en la que no cree, o de la que es tan consecuente que muestra a su manera que la quiere más que nadie, fuera de los mediocres que la habitan?
¿Era una especie de eremita que vivía como alguien con un yo descontextualizado y libre de trabas?  ¿Era un ciudadano romano?  ¿Un hombre del silencio? 
Detesta ser un peregrino que se pone frente a una imagen. “Libertad salvaje , desnuda,, primigenia, esencial”. Y sin embargo escribe algo que titula Peregrinaciones argentinas. Otro capítulo: Una patria. Dos patrias. Ninguna patria. 
“Extranjero en Polonia, obligado a la extranjería en Argentina, la extrañeza es fuente de identidad. Movimiento convulso y traumático”. Para los que estamos en el psicoanálisis, la identidad solamente es la de percepción, mientras que lo idéntico a sí mismo no se corresponde por el sujeto dividido del inconsciente, el sujeto habitado por un lenguaje que lo parte en pedazos. Hay una buena distinción de este concepto por Nicolás. 
“Un estanciero polaco opinando de política argentina” , es el título de un capítulo. Está con Perón , contra Perón, lo mismo da. 
Desprecio, incredulidad y escepticismo, sentimientos de Gombrowicz, presentándose como un "conde" que será calificado como "pederasta"  para Borges. 
Repugnante para la gente de izquierda  diciendo que festejaba con champaña cuando había muerto el Che Guevara, pero también para peronistas por su ataque a la figura del líder, e incluso para liberales que deciden no tomarlo en serio, por más experiencia libre que haga. 
La inmadurez , la juventud y las formas. Cuestiones centrales para su trabajo. “ Desarrolla un rechazo cada vez mayor hacia la idea de madurez”.
Políticamente incorrecto, critica la igualdad respecto de los que votan en una democracia. Ahora que conocemos cómo vota el pueblo brasileño a un candidato de ultraderecha para presidente, en octubre de 2018, nos resuenan esas palabras. 
Conoce a Santucho, y más allá de lo que Hochman trae sobre ese intercambio que es más o menos verificable, dice que hay una tensión sexual entre el escritor y el guerrillero . Audaz planteo , pero... ¡Pará, pará, pará! Diría el periodista de espectáculos deportivos Fantino... ¿vos me queres decir que Gombrowicz se quería voltear a Santucho? Insolente, irrespetuoso, contrarrevolucionario y al mismo tiempo ¡propagandista de seres rupturistas y subversivos! 
Coincidentemente encuentro: “Conservador iconoclasta, terrateniente vanguardista , izquierdista de derechas, derechista de izquierdas , un sármata argentino, un plebeyo aristócrata , un maduro inmaduro, un anarquista disciplinado, un artificial sincero , sinceramente artificial”, un ida y vuelta que no se frena con nada hasta ser reconocido pero allí se planta para arruinarlo todo de nuevo, o por lo menos para intentarlo .
“Intelectual incómodo para otros intelectuales” según Hochman, se angustia y se divierte , incluso se pregunta “Gombro” si habrá desacreditado el nombre de Polonia. 
Disociación que permite generar un recurso para sobrevivir, el doble exilio. 
Recordar el texto Contra los poetas, y recordar que una vez fui a un teatro donde la consigna era Contra los escritores. Un tal  Muscari, director teatral, un tal Heredia, actor, y más gente de la actualidad de los medios masivos de comunicación , estaba Golombek, la vi a Dalia Gutmann, un audio y vídeo de Victor Hugo Morales , que ya ni sé si comparaba al polaco con el gran Diego Armando, pero, ¿de qué estamos hablando? Todos divirtiéndose a causa de Gombrowicz, pero también gracias a Nicolás y sus amigos en esta aventura de lecturas y rupturas. Me acuerdo de Los casquivanos, el otro libro de Hochman, y me pregunto, ¿estará haciendo chocar el trencito de la alegría de nuevo? 
Vuelvo al historiador en su mejor versión: Gombrowicz no acepta las reglas del juego. Conspira, se burla , asusta por un instante fugaz a Borges. 
Análisis de las figuras del exilio: El desarraigo, la nostalgia, la añoranza . O como dice otro título “Más allá del territorio”. ¿Hasta donde es capaz de ir nuestra propia biografía?
Una cita que nos reconcilia con el odio al trabajo: “Todo se va al garete porque cada día durante siete horas cometo el asesinato de mi propio tiempo” . Una digresión : hace poco me invitaron un grupo de colegas de que hablaban de la inserción laboral de nuestra pobre y noble profesión, la psicología , no tan noble, y una de ellas que se autodenominaba psicoanalista nos decía lo bueno que era ser concurrente ad honorem por años en un hospital luego de graduarse. Sé que no he trabajado gratis por tres razones por lo menos: una, por ser pobre, dos, por orgullo, tres por ideología , pero lo que no sabía que era por gombrowicziano también, si es que existe esa patología. Inclusive otra amable colega me contaba las bondades de trabajar en selección de personal y reclutamiento. Maravillosa palabra: ¡psicólogos reclutadores! Muévase, comprenda, contenga, margine. Y usted futuro trabajador recluta : corra , limpie, barra.  Bueno, la barra que pudimos hacerle, la hicimos, la única concurrencia que hicimos fue ir en barra a ese evento, tachamos y dividimos todo lo que pudimos, respetuosamente fuimos  a "empatizar" con las reclutadoras que nos explicaban lo lindo que es someterse.   
Si hay algo de lo que escapa nuestro polaco es de las instituciones.
Escuché a Germán García decir que se reía solo mientras viajaba leyendo a este polaco increíble. Gombrowicz, el estilo y la heráldica, es un libro que tiene en común estilo y Gombrowicz en el título de Nicolás. Coincidencias fecundas.
Dice Germán en su libro editado en 1992: “Ferdydurke es un infierno. Quiero decir, no se puede escribir como Gombrowicz. Se corre el peligro de enmudecer, de idiotizarse en el fuego de la risa. Se corre el peligro de que el gesto disuelva cualquier “aliento narrativo”, de que el autor contagie esa asfixia asmática que convierte en intersección el ademán de una frase literaria , que disuelve en el punto suspensivo la palabra conclusiva de un acorde. Una vez que la risa de Ferdydurke resuena en nuestro ser hay un eco que vigila la pretensión de “hacer literatura” . Falsa alarma, risa vacía, solución sin problema , discurso sin tema: Ferdydurke enseña que un cuerpo encuentra una cierta soberanía en el lenguaje que es la caza del ser. No lo enseña, se aprende. Alguien se encuentra con eso . Y punto. ¿Punto, qué? Nada de un punto varonil, sólo la huella de una pata de mosca. Tampoco un vuelo poético, sino un aleteo de cucaracha. Mucho menos vibraciones humanas, sacudidas de perro mojado”. 
Hay una referencia en el capítulo “Los síntomas del exilio”, que implican a Nicolás en una serie de lecturas psicoanalíticas. Los Grinberg, Zizek, Umerez, Edward Said, Bruck, son citados, para indagar en conexiones múltiples. 
Finalmente otra cita de este resultado de una tesis: “Germán García refuerza esa idea en “Gombrowicz en otra lengua, sin otra música” cuando dice que el castellano de Gombrowicz es el de un niño de pocos años . Pero como un niño, importa palabras que su capricho sonoro le dicta como provistas de las resonancias que quiere” 
¿Y si el truco que juega Nicolás con aquellos niños fuese con palabras inventadas? Sospecho que es un juego que sabe jugar como cualquier otro niño, que a su vez sabe escribir. 


 Élucidation, Revista dirigida en París por Jacques-Alain Miller, Atuel /Anáfora, Buenos Aires, 2003.  Por Carolina Saylancioglu. Miembro del Centro Descartes
                                                
                                                             
Lo familiar se encuentra donde menos se lo espera. La mano que trae a la vida es por eso una sujeción, un peso, una atadura. Cuanto menos se cree en ella, en esos dichos que nos han traído al mundo, que nos acompañan desde los inicios, más presentes se hacen de modos insospechados. Es la paradoja del que creyéndose libre encuentra su imposible a la vuelta de la esquina. En el otro extremo, una creencia reconocida es el puntapié inicial de una novedad sin garantías. El asunto parece encontrar la salida en el inquietante síntoma que produce la familia. 
Élucidation, revista publicada en París por Jacques-Alain Miller, tuvo una compilación dirigida por Germán García. Algunos de sus textos a lo largo de sus diez números (2002 - 2004) fueron elegidos y traducidos al castellano.
El pase, como empuje a la biografía, es un retorno a la familia, un retorno a los retratos de familia con los que el sujeto arma sus fantasías. Los complejos familiares se articulan en una nueva historia, que es la del análisis. Pero si esa nueva historia trasciende las fantasías, parece sin embargo que el sujeto sigue atravesado por ellas, y tiñe así al pase (como dispositivo) con un manto de ingenuidad.
Ararat, película que rememora da partícipación del drama de los armenios, enseña que para que el arte transmita una verdad es necesario que el sujeto se borre ante el carácter universal de la historia que cuenta. Estas conclusiones de Anne-Sophie Janus se resumen al final de un artículo que se ha traducido como “Cuartos osbcuros”. Cual pasantes de la historia, los realizadores de Ararat se saben simples transmisores. El efecto es que se consagran con una obra que hace memoria de un pueblo que insiste en que se recuerde su pathos
Gerard Wajcman analiza las fantasías ignoradas de una inquietante muestra de arte que propone una “estetización de la muerte”. La fascinación del asco, el gusto por lo horrible, cimentados por el utilitarismo científico en busca del progreso, pretenden justificarse en una exposición por el argumento artístico. El texto de Wajcman es una verdadera crítica de arte porque plantea cuestiones éticas más allá de lo que se presenta como mera estética. Capta el nudo subjetivo de un sujeto cuya intención es mortificar a los espectadores de su exposición. El arte como productor de realidad o como consecuencia de una realidad subjetiva es indagado en sus límites, es decir, por el real que toca y los efectos que eso tiene.
Lo que plantean los artículos de Élucidation es una lectura crítica de algunos fenómenos de la cultura. Como ejemplo, la reconstrucción histórica de Luc Miller sobre la Clasificación de grupos finitos simples en matemáticas. Este asunto conduce al problema de los números esporádicos, obstáculo que evidencia que la cuestión de la clasificación es un ejercicio de taxonomía, y que así como la razón, “la estructura también engendra monstruos” (Monstruo es un número gigante que se reveló emparentado en el seno de una Familia Feliz de grupos esporádicos). Otros ejemplo, el artículo de Alain Clerval con la “literatura de hoy” que carga con el rechazo de que se le demande la creación de una obra de genio cuya expresión daría cuenta de la “complejidad desordenada, estrepitosa, mórbida del mundo contemporáneo” y de la crisis de la representación que “los escritores mismos se hacen del lugar del libro en la sociedad”, “crisis de la cultura general ligada a la invasión de lo audio-visual”… en fin, lo que según él tiende a una indigencia de la que solo salvaría un desgarro del velo de la ceguera, el escepticismo y la ignorancia. En su confusión, la época ocultaría, sin embargo, una fecundidad creativa “que quita el centelleo de los falsos valores”. Como paradigma de escritores aislados en su soledad propone a Pascal Quignard. De aquí se puede pasar al artículo de Natacha Michel sobre el valor de la novela francesa, que partiendo de la premisa de que uno es de su tiempo, lo que en literatura se traduciría como ser póstumo, hoy (2002) no hay ni artistas ni decadentes, o más bien hay post. Moderación, indiferencia, reino del yo, coincide con Clerval en que la literatura del gran proyecto hoy existe poco. 
En el número 1 de Élucidation, “Las profundidades del gusto” de Jacques Alain-Miller da un indicio de lo que falta. Los muertos gobiernan a los vivos, son sus amos. Por eso, a los muertos hay que matarlos una segunda vez, hay que olvidarlos, darles una segunda muerte, la del símbolo que permanece después de ellos, sólo eso es susceptible de liberar el cálculo de los vivos…”Pero los muertos no quieren que los muertos los entierren, sino que los vivos no los entierren. Es el principio del deseo del Otro.” El obsesivo hace de esto una deuda; la adoración femenina, por su parte, se dirige a un amante castrado o a un hombre muerto, o a los dos en uno.
Élucidation, al alcance de la mano en la Fundación Descartes, da cuerpo a un texto ausente, el de sus números parisinos. Familiar e inquietante, parece establecida a sabiendas de que la naturaleza de los elementos cambia mientras que los lugares permanecen, y de que el futuro se anuncia cuanto más se funda sobre “el conjunto del pasado”.

                                                                                                                     Carta de lectores 
                              Por Julio Riveros. Alumno del Programa Estudios Analíticos Integrales
                              Sobre el Curso anual de Germán García Una historieta del psicoanálisis.

Estimado Germán

Considero que el nihilismo es un programa de investigación. Es un campo complejo, tiene muchas aristas. Nos interpela como analistas. A propósito, encontré alguna articulación posible con un pasaje de Miller, que le quería comentar y que es el siguiente:
"Creíamos haber entrado ya en la posmodernidad, es decir, en el régimen más allá del Edipo, en el régimen del ¬?xFx. Cuando tratábamos acerca Del Otro que no existe, intentábamos ingeniárnosla con la época de la permisividad, con el ocaso del significante amo y con el reino del capitalismo -destinado, según Lacan, a promover el $ al lugar del agente. Creíamos que lo destinado a estar en el candelero era el sujeto tachado, aquel que había empujado el significante amo hacia el piso inferior, el No soy nadie y -llegado el caso- el productor de sus propios significantes amo. Pero debemos reconocer que en este comienzo del siglo XXI asistimos más bien a un retorno sensacional del discurso del amo."(Un esfuerzo de poesía, J-A Miller, Paidós, p. 204)
Este pasaje autoriza a pensar que no todo está permitido, tal como pensaba Raskolnikov, el personaje de Fedor Dostoyevski, "muerto Dios entonces todo está permitido". Esa fue su conjetura inicial, la muerte del Padre propicia una liberación del goce, pero no fue exactamente así. Más bien se trata de un imperativo de goce que se impone a través de la voz áfona del Superyó de la época que ya no exige, no conmina, casi no impone, sino que seduce, como sostiene Byung-Chul Han en Psicopolítica, un panóptico de nuevo tipo de esencia algorítmica más letal. Un nuevo amo cuyo recurso sutil es un canto de Circe que captura incautos errando en el desierto de un mundo cada vez más... real, hiperreal. "Entre el hombre y la nada se atraviesa la sombra de Dios" (Nicolás Gómez Avila).

La sombra de Dios sobrevuela este paisaje de algoritmos, softwares, mercancías, dispositivos técnicos hiper sofisticados y las más feroces segregaciones como escenografía global.
La pregunta de Miller nos interroga: "¿En qué porvenir habremos de hacer que el psicoanálisis exista?"

Cordialmente

Julio Riveros




BREVES 16-LECTURAS COMENTADAS-SEPTIEMBRE 2018-BIBLIOTECA DEL CENTRO DESCARTES#NANINA50AÑOS












                                                                                                                                NANINA 50 AÑOS
                                                                                                                             .


Nanina: un autor entra en escena.  Extracto del texto introductorio, Palabras de ocasión. Entrevistas a Germán García, Editorial Los Ríos (en prensa). Por César Mazza. Psicoanalista (EOL-AMP). Responsable del Programa Psicoanálisis en la cultura. Autor de los ensayos Disciplina del comentario,Ediciones de autor, Córdoba 1998; La lectura y sus dobles, El Espejo Ed., Córdoba 2005; Otras muecas del escribiente (en preparación); compilador de la edición facsimilar de la revista Escrita ,EDUVIM, Villa María, Córdoba. 2013; Director de la revista Exordio y de la web sinthomaycultura.com

“Hay un mundo para todo nacer y el no nacer no tiene nada de personal, es meramente no haber mundo” (Macedonio Fernández).
“Sábado 10. Ayer visita de Germán García, enseguida magias verbales, despegue de pensamientos que flotaban en el aire” (Ricardo Piglia).

Un día de diciembre de 1944, en Junín (Provincia de Buenos Aires) nace Germán García. No inmediatamente, pero sí poco tiempo después, el mundo se subirá a la escena y el autor en esta obra entrará al juego, modificándolo. 
Inquietante movimiento porque no solo lo imprevisible del acontecimiento hace caso omiso a una ley forjada por la costumbre, sino que además la vida del principal protagonista se irá esbozando en razón de las sucesivas entradas.
Una ley tácita que rige cierta marcha del mundo se puede explicitar así: solo aquellos que provienen de un discurso acondicionado por esos genéricos que llamaremos “sistema” o “sociedad” podrán adquirir un estatus, incluso el reconocimiento, aunque sea el de la moneda corriente que regula los intercambios establecidos. A García, dirá Rodolfo Walsh a propósito de la publicación de su ópera prima Nanina, “nadie le dijo: ‘Germán, joven Germán, véngase por Buenos Aires, escriba, lea, viva’ y sin embargo “igual está aquí mirando de reojo esa ‘comunidad de los precios y horarios’, sin detenerse a pensarla: una sola reflexión y te me venías abajo, pobre ciudad”. 
Tal vez porque la principal mudanza es la escritura, el recién llegado en cada mudanza irá dejando la lengua en la que fue hablado: la familia, la ciudad, la patria; al mismo tiempo que se irá haciendo de un nuevo estado civil. Pero el comenzado escribiente no es un “reclamador de existencia”, aprendió que la exquisita sociabilidad no se logra ofreciéndoles a los lectores un mundo ya hecho, un reflejo. Magias verbales, la escritura es un juego que implica:
“encarnar (…) la experiencia. Yo me dejo hablar por el libro, el lenguaje está tomado como un objeto. (…) De ciertas lecturas (Krishnamurti, Freud, Nietzsche), de los más dispares autores yo había sacado la certeza de que lo más particular enraizaba en lo más general. Que de la mejor manera de hablar realmente del mundo era hablar de mí, puesto que yo vivía en forma contemporánea –abierto al porvenir- los sucesos del mundo”. 
Uno de los primeros encuadramientos de su escritura por parte de la crítica inscribe a Nanina en la tradición de las Bildungsroman (novela de iniciación, de aprendizaje). No dejaremos pasar la ocasión de subrayar el concepto de “formación” respecto de este comienzo. Reinhart Koselleck, en su estudio de la semántica y la pragmática del lenguaje de los conceptos, planteará que Bildung es un término que no se subordina a ningún conocimiento  concreto o ciencia, a ninguna posición política, principio social, ninguna confesión, vinculación religiosa, tampoco a una preferencia filosófica ni a una tendencia estética específica en el arte o en la literatura. Se trata más precisamente de un metaconcepto que constantemente incorpora en sí mismo las condiciones empíricas que lo hacen posible. De existir rasgos fundamentales que pueden distinguir a la Bildung los encontraremos en “ese modo de vida que no deja de buscarse a sí mismo.” Siguiendo estas coordenadas, ubicaremos algunos elementos de esa forma de vida, destacándose: 1-una sociabilidad emancipadora constituida por fuera del Estado u organización partidaria o profesional, 2- el cultivo de la amistad, 3-la conexión entre la razón y lo sensual se presentan como objeto de una permanente interrogación.
Este universo tiene su emplazamiento fundamental en los bares de Buenos Aires a fines de los ’60. Consideremos a modo de ilustración el siguiente pasaje de Ricardo Piglia en el primer tomo de  Años de formación en Los diarios de Emilio Renzi:
“Podría por ejemplo contar mi vida a partir de la repetición de las conversaciones con mis amigos en un bar. La confitería Tokio, el café de Ambos Mundos, el bar El Rayo, La Modelo, Las Violetas, el Ramos, el Café La Ópera, La Giralda, los 36 billares … la misma escena, los mismos asuntos” 
Una vida que “debe vivirse y no solo soportarse o sufrirse” (Koselleck) se inventa a sí misma. Pero para algunos, salirse de los dictados del sentido común es inadmisible. Rápidamente a la Bildung le llega un primer acuse de recibo. El impacto de este estilo de vida también tocó a los represores de turno de la dictadura militar de Onganía. Entonces, los voceros del orden entendieron que esas letras eran un atentado a su rutina de significados y, sin vacilación, trataron de que su nuevo estado civil, su incipiente lugar en la República de las letras, quede borrado con un juicio. Cosa juzgada: una condena de un año de prisión en suspenso, el pago de las costas del Juicio y el retiro de circulación de la novela.
La defensa del hombre de letras, de un hombre de veintitrés años que no se debía a otra institución más que a su forma de vida en perpetua creación, fue escribir… otra novela, titulada Cancha rayada. En una entrevista que recopilamos, afirmará:
“En la revista Sur se hablaba de ‘presunta autobiografía’ puesto que si era verdad que había escrito el libro que podía haber vivido la vida que cuento, y si viví esa vida el libro no fue escrito por mí: la clase baja tiene que ser hablada por las otras, pero no puede ‘hablar’. (…) el juez Sanmartino me recrimina mi falta de rebeldía, algo parecido me recriminaron algunas revistas de izquierda. El Juez es el anverso de esos otros jueces. Parecería un contrasentido y sin embargo es fácil comprender que se acepta cualquier retórica pero ninguna experiencia. La rebeldía es un producto de consumo, la memoria, la experiencia, lo vivido, no.”
Un comienzo que marca a fuego -pero no al fuego lento de los que creen que tienen el futuro asegurado- la relación de Germán García con la letra. Una ética de la escritura se irá formando y unos pocos años después, quedará cifrada en el lema de la revista Literal: no matar a la palabra, no dejarse matar por ella.
                                      
                                                          Ser loco sin estar loco, Emilo Vaschetto Grama Ediciones, 2018.                                                           Por Elena Levi Yeyati. Miembro del Centro Descartes.
                                                        Presentado en Lecturas críticas, Centro Descartes, Agosto 2018.
                                   
I
Un pequeño libro, que tiene alrededor de 150 ó 170 referencias, escrito por alguien que hace mucho tiempo (10 años al menos) piensa e investiga un tema, es un libro de consulta, es una referencia en sí mismo sobre el tema que aborda.
¿Cuál es el tema del libro? ¿Se trata de un viejo tema clínico, fijo, que -como una calle- va cambiando de nombre según la época? O, más bien, ¿se trata de un tema que al variar de nombre y de época construye su objeto cada vez? Y si fuera así ¿qué sería lo que da  unidad al libro? Enumeraré los puntos que, entiendo, anudan su estructura:
1-Un síntoma. Un punto principal es mostrar que los psiquiatras clásicos no plantearon una división dicotómica del tipo locura-razón como aseveró Foucault (punto de vista que se sostiene en la tesis de Gladys Swain). Lo que queda demostrado por el recorrido historiográfico de Emilio. El encuentra, que en esos márgenes, existen síntomas (de los nosógrafos) a propósito de lo que no se puede clasificar ni nombrar: hay allí una abundante proliferación de categorías paradójicas, indicadas por su forma de “oxímoron” (por ejemplo: manía sin delirio; locura moral; locura lúcida, manía razonante; locura de los actos; psicosis con conciencia). En este sentido, la investigación que realizan con Diego Costa Psicosis sin locura: antecedentes argentinos es un ejemplo, original y novedoso.
2-Un pregunta. Esos nombres fronterizos, paradójicos, articulan una pregunta que atraviesa la psiquiatría moderna desde que hay nosografías: ¿hay una psicosis única con diversas presentaciones o las psicosis son múltiples? Porque si hay una psicosis -el objeto mismo de conocimiento de la psiquiatría, estaría asegurado científicamente hablando; pero si hay múltiples psicosis, aquello que se quiere cernir cuando se habla de psicosis se torna más borroso, dudoso. ¿La idea lacaniana de estructura de la psicosis resuelve el dilema? Parece que no alcanzara…
3-Una propuesta. Emilio propone que la noción de síntoma (en el sentido que la J-A Miller da al término sinthome a partir de Lacan) sustituya toda otra discusión en torno a lo inclasificable que construyen las clases psicopatológicas mismas. Y que la noción de síntoma oriente la experiencia de la cura. 

II
El libro se dirige al Campo freudiano pero con un artefacto hecho de saberes provenientes de campos heterogéneos: 1- el de la psiquiatría moderna (su historia, su presente) y la psicopatología psicoanalítica (también en su exploración de los bordes); 2-nociones provenientes de la orientación lacaniana, especialmente la idea de sinthome.  

III
«Nuestra perspectiva es diferente pero a la vez complementaria [de la de J. M, Alvarez]…» dice Emilio. Propone la investigación de la clínica marginal, marginal respecto de categorías mejor establecidas. Allí surgirían “clases” marginales a la que el sujeto, a su vez, no podría integrarse (si un sujeto es, por definición, quien no puede integrarse enteramente a la clase a la que es asignado).
Su propuesta, dice, se inicia en 2008 a partir de una generalización del “delirio sensitivo” y su deseo de generalización en una “era sensitiva”. Aunque el delirio sensitivo no agota esa clínica, coincido en algunos puntos, puesto que  en 2017 algo semejante a propósito del uso del diagnóstico de “delirio sensitivo de Krestchmer” que J-A. Miller menciona en “Efecto retorno…”. No por casualidad, la categoría krestchmeriana forma parte de las referencias para el establecimiento de las personalidades “excéntricas” del DSM. 

IV 
Dejo planteadas algunas preguntas para el debate:
¿El programa de las psicosis ordinarias, aunque no fue la intención del Miller, deriva en una expansión, en un uso abusivo diagnóstico de psicosis?
En algunos párrafos podemos leer ejemplos clínicos que nos hacen pensar que para Emilio las psicosis atenuadas parecen todas desencadenadas, lo que discuerda de su idea de sujetos que vienen con su solución. Estas psicosis atenuadas ¿se han desencadenado en algún momento o tienen soluciones que lo impiden?
Un modo de traducir la idea de “solución” coloquialmente -sin entrar hoy en el asunto de los nudos- es una idea que Germán García siempre subrayó en mis controles: uno debe hacerse fuerte en lo que ya es fuerte, y no en su debilidad. 

V
Del último Freud al último Lacan se piensa la clínica, siguiendo a J-A. Miller, desde la psicosis. Esto ¿suma o resta? Me gustaría citar a Freud en este punto:
«Existe, sin embargo, otra clase de enfermos psíquicos, evidentemente muy próximos a los psicóticos: el enorme número de los neuróticos de padecimiento grave. Las condiciones de la enfermedad, así como los mecanismos patógenos, por fuerza serán en ellos los mismos o, al menos, muy semejantes. Pero su yo ha mostrado ser capaz de mayor resistencia, se ha desorganizado menos. Muchos de ellos pudieron afianzarse en la vida real a despecho de todos sus achaques y de las insuficiencias por estos causadas. Acaso estos neuróticos se muestren prestos a aceptar nuestro auxilio. A ellos limitaremos nuestro interés, y probaremos hasta dónde, y por cuáles caminos, podemos «curarlos».» Esquema del psicoanálisis (Freud, 1938, vol. 23, p.174)
Del último Freud al último Lacan se produce, dentro del Campo Freudiano, un desplazamiento del acento puesto en esa zona marginal -de la que habla Emilio-, y que va de la neurosis a la psicosis. ¿Qué se gana y qué se pierde? No puedo hacer aquí ese balance, pero creo que se produce un olvido de las neurosis, de la transferencia y la neurosis de transferencia, del método analítico (entrada, rectificación subjetiva, división subjetiva, histerización, transferencia e interpretación, formaciones del inconciente…) No por casualidad, entiendo que la investigación que E. Laurent formula en la disertación Disrupción de goce en las locuras bajo transferencia (2018) concierne al problemático lugar de la transferencia en el último Lacan.
A la vez que se dice que se piensa la clínica desde la psicosis (ordinaria), desde la forclusión generalizada, asisto con cierta extrañeza, al hecho que los testimonios de los AE son relatos de casos donde la cura está presentada desde la perspectiva clásica del método (enunciado más arriba). ¿No se corre el riesgo de caer en otra dicotomía, esta vez de razonamiento? Me refiero a un modo de tratar con analistas en formación y a otro con pacientes raros. Porque de ambos se podría decir que es una clínica actual.

                                                        
                                                                      BREVES 8MM: No toda es vigilia la de los ojos abiertos
                                                Bokeh, Geoffrey Orthwein y Andrew Sullivan.2017, Islandia y EEUU.
                                                Por Maximiliano Fabi. Miembro del Centro Descartes.

Though lovers be lost, love shall not;
And death shall have no dominion.
Dylan Thomas

En Amor y occidente, de Denis de Rougemont, encontramos el siguiente fragmento:
"La pasión no es, en modo alguno, esta vida más rica en que sueñan los adolescentes. Es, por el contrario, una especie de intensidad desnuda y denodada, un verdadero y amargo anonadamiento, un empobrecimiento de la conciencia vacía de toda diversidad, una obsesión de la imaginación concentrada sobre una sola imagen. Y en este punto el mundo se desvanece, «los demás» dejan de estar presentes, no hay ya prójimo, ni deberes, ni lazos que sostengan, ni tierra ni cielo; se está solo con todo lo que se ama. «Perdimos el mundo y el mundo nos perdió». Es el éxtasis, la fuga profunda, fuera de todas las cosas creadas”.
Me recuerda a una película que vi hace algún tiempo. Se llama Bokeh, y alguna vez llegué a recomendarla. Entonces me respondieron que no valía la pena, y aunque yo estaba casi dispuesto a consentir ese juicio, algo -un no sé qué- seguía haciéndome pensar que entre sus muchas trivialidades, se encontraba todavía un misterio digno de reflexión. Después de todo, pensaba, ¿a qué se debe que el protagonista, al final, no de sepultura a su novia?
Alguien, en ese caso, podría mentar el shock: acaba de encontrarla suicidada; y sin embargo, pienso, eso no sería leer una historia sino más bien descuartizarla. Porque si una escena, se me ocurre, ya ha aparecido esbozada antes, en otra, entonces se vuelve preciso leerlas en relación; y de ahí que el hallazgo de aquel cadáver me hiciese recordar, entonces, que el protagonista ya se había visto antes en una situación similar, aunque su reacción había sido muy otra.
Para continuar, será necesario decir algo de la trama: una pareja joven de enamorados viaja a Islandia de vacaciones. Un día se levantan y descubren que se encuentran completamente solos: la ciudad parece haber sido abandonada de un momento para el otro, y de hecho el mundo, ya que no logran comunicarse con nadie. Primero desesperan y luego se resignan, y comienzan a tratar de sobrevivir en ese desierto futuro. Él parece menos preocupado: una tarde, jugando con un changuito en un supermercado, se cae y se golpea fuerte. Ella se asusta, se enoja, grita, y lo acusa de egoísmo: -¿Qué haría yo si no te tuviese; si te pasase algo? Si te hubieses quebrado un hueso, ¿adónde te llevaría?- Él comprende y se disculpa, pero a partir de allí, sin embargo, ella empezará a hundirse en una profunda melancolía.
Hasta ahí el marco; ahora la escena: cierta vez, explorando, dan con una cabaña en las afueras de la ciudad. Allí encuentran a un hombre, especie de nihilista, que los recibe con naturalidad. Ellos se sorprenden, conversan, y deciden quedarse a pasar la noche. Al día siguiente descubren que el hombre ha muerto, y cuando él entonces se dispone a enterrarlo, ella lo interrumpe: -¿Para qué -lo interpela-, si ya no queda nadie en el mundo...?
"Y en este punto -decía de Rougemont- el mundo se desvanece... no hay ya prójimo, ni deberes, ni lazos que sostengan, ni tierra ni cielo..." Él podrá creer que la tiene a ella todavía, pero ella, ciertamente, sabe que le falta él... y acaso precisamente porque lo tiene, ya que esa pobreza del ser puede habérsele revelado finalmente aquella tarde, en el supermercado, cuando una pregunta nacida ante la desesperación por la posible pérdida del otro, vino a responder que no hay otro, que se está siempre solo con el amor, que es la falta ("esplendor de soledad de dos", decía Macedonio), en el páramo de nada: ¿Qué haría yo si no te tuviese...? ¿Qué haría? Puesto que no te tengo...
¿Puede sorprendernos entonces que él se levante una mañana; prepare el desayuno para ambos con los artilugios que ha inventado para esa simple vida conjunta, y luego, finalmente, no la encuentre por ningún lado? La hallará lejos, ahogada; sacará el cuerpo de la piscina y se irá, dejándolo a la intemperie. Las praderas de Islandia, como dunas, son y serán la continuidad de una desolación más íntima y cotidiana que aquella con la cual sueñan nuestras más futuras ficciones.

«Bokeh» es el nombre de un concepto fotográfico que evoca el arte de capturar una imagen nítida sobre un fondo fuera de foco. A esa "obsesión de la imaginación concentrada sobre una sola imagen", de Rougemont la llama «mito de amor», y ya en el nombre de su obra inscribe la que será su tesis: Amor y occidente, pues "occidente" viene de occidere, que en latín significa "morir". Entiendo entonces que él haya dejado el cadáver a la vera, suba al auto y comience a conducir: sabe muy bien -como lo supo ella- qué es lo único que resta por hacer en esa tierra baldía.

P.S.: Dos glosas merece aún el presente comentario. La primera: sé que habrá -en el mejor de estos casos- quien lamente aquí el spoiler, cosa que hasta hace un tiempo era el alerón de los autos de carrera, y que ahora se ha convertido en no sé qué especie de traición a los coleccionistas de virginidades. A ello respondo que aquí me dirijo siempre a lectores, que saben que el valor de seguir leyendo el Edipo no está en descubrir que... ¡era la madre!
Puede, por otro lado, que haya quien se pregunte por qué hay aquí una película donde más bien se esperaría un libro. Respondo que se trata de "lecturas comentadas", y que al menos hasta donde llega mi entendimiento, leer es mucho más que mirar unos dibujitos. De ahí la tranquilidad de que aunque alguna vez falten todos los libros, no por ello desaparecerá la lectura. Quizás haya algo más por hacer, entonces, en aquella tierra baldía... And death shall have no dominion.



                                                                                                                                   Carta de lectores
                                            Por Julio Riveros. Alumno del Programa Estudios Analíticos Integrales.  


Comentarios sobre pelar una naranja. (Sobre el Curso anual de Germán García)

No soy especialista en Hegel ni en la Fenomenología del espíritu, pero la referencia de la clase de Germán García del 06/09/18  sobre ese libro fundamental, sobre Le même et l'autre. Quarante-cinq ans de philosophie française de Vincent Descombes y la admiración de Lacan por Kojève, etc., me dejaron algunas cuestiones:
Shih T'ao, un pintor chino (1642 -1707), escribía lo siguiente: “Debe saberse que impregnar el papel con una sola gota de tinta no es asunto sin importancia: hace falta que el corazón se vuelva inmenso y vacío, sin contener ni un solo objeto” 
Salvando la distancia con la pintura china y siendo más trivial, si pelo una naranja y me quedo con la cáscara, tal como Ud. refirió anoche, el conjunto de gajos cae, se pierde. Ahora bien, si hay cáscara cortada, entonces, como consecuencia, la misma pasa a rodear un vacío. Por tanto, este vacío, ¿existía o no antes de cortar la cáscara?
¿Se constituye en vacío en el mismo acto de cortar la cascara? Queda cernido, sin duda. Pero si pensamos esto en términos de nihil o de sustancia [ser] (es un problema en cualquiera de los sentidos),  parece algo trivial. A mi gusto no lo es, como tampoco para un pintor chino y quizás para un psicoanalista tampoco. 
Propongo situar el acto de cortar la cáscara de la naranja en juego como un acto de escritura. La cáscara cortada es un trazo, algo así como un dibujo zen o de caligrafía china, trazos de pincel, trazos débiles, trazos fuertes de pincel que fundan un borde en el mismo acto de escritura.
Hay ahí una clave para situar algo importante: el vacío no es previo a la escritura, el trazo lo cierne, cuando el trazo comienza a existir, el vacío comienza a producirse. Por tanto, es plausible postular que antes del trazo no hay vacío. 
La instauración del trazo instala el vacío, lo que no hay.
El vacío se produce, pero este vacío carece de estatuto de sustancia, ya quedó situado que no es un a priori. 
Ese nihil queda cernido producto del trazo. ¿En qué espacio? Y el espacio, ¿en qué estatuto queda? Porque ese adentro (suponiendo que lo haya), no queda cernido de modo absoluto, no equivale a una totalidad cerrada, más bien se trata de un abierto, una abertura que se sostiene, una nada que se sostiene. Heidegger lo llamaba espaciar. Es el modo heideggeriano de referirse al intervalo, noción que también refirió Alicia Alonso en su clase del 30/8 sobre Demanda y deseo en la práctica analítica. 
En el artículo El arte y el espacio [1], Heidegger escribe:
"Pero, ¿cómo podemos encontrar lo más propio del espacio? Hay una senda, realmente estrecha y oscilante. Intentamos oír al lenguaje. ¿De qué habla en la palabra espacio? Allí habla el despejar. Esto quiere decir: talar, dejar espacio en lo selvático. El espacio trae aparejado lo libre, lo abierto para que lo humano se establezca y habite.
Espaciar, en sí mismo, es la liberación de sitios donde el destino de los hombres que allí habitan se torna la seguridad del terruño o la inseguridad del exilio o simplemente la indiferencia frente a ambos. Espaciar es la liberación del sitio, en el que se manifiesta el dios, del sitio del que los dioses han huido, sitio, en el cual la
manifestación de lo divino se retrasa.
El espaciar origina la situación preparada para habitar. Los espacios profanos son siempre la privación de antiguos espacios sagrados. Espaciar es liberar sitios." 
Sin embargo hay una suerte de continuidad con el "afuera", porque no hay interioridad, ésta queda objetada. Ese nihil, esa no interioridad, esa no sustancia, que mantiene una vecindad estrecha con la noción de corte, se sostienen. 
Pero, ¿cómo pensar que algo que no es sustancia quede cernido? ¿Cómo pensar que algo que es casi equivalente al corte mismo, quede cernido?
Problemas que están planteados también como trazo único del pincel de Shih T'ao, quien como bien diría  François Cheng , el amigo de Lacan, intenta " hacer lo que el lenguaje no sabe decir".

[1],Heidegger.M,El arte y el espacio.
  https://revistafilosofia.uchile.cl/index.php/RDF/article/download/44249/46255/ 



BREVES 15-LECTURAS COMENTADAS-AGOSTO 2018-BIBLIOTECA DEL CENTRO DESCARTES#NANINA50AÑOS












                                                                                                                                 
                                                                                                                                   NANINA 50 AÑOS
                                                                                  Germán García. Personalidad Destacada. 2007 
                                                                       Por Graciela Musachi. Miembro del Centro Descartes

Sigmund Freud relata lo que hizo St.Denis después de su decapitación: levantó la cabeza del suelo y marchó un buen trecho con ella en la mano. Su custodio comentó que, en casos como ése, lo que contaba era el primer paso.
Había que escribir Nanina para perder la cabeza. El año próximo se cumplirán 40 años desde su publicación. GG había dado un paso con el que caminaría un buen trecho.
El segundo paso se produjo luego de su encuentro con Oscar Masotta, es decir, con el psicoanálisis. Se llamó La entrada del psicoanálisis en la Argentina y el próximo año se cumplen 30 años desde su publicación.
El próximo paso fue en 2005; publica El psicoanálisis y los debates culturales, beca Guggenheim. Con ejemplos argentinos muestra al psicoanálisis como “forma desconocida de art nouveau” que entra en nuestra cultura.
Lo que quiero decir es que no se puede hablar de Germán García sin hablar de libros. Eso lo destaca. Pero está su enseñanza, las instituciones psicoanalíticas y bibliotecas que ha fundado en todo el país y en el exterior (el Proyecto Descartes cumplió 20 años), las revistas de psicoanálisis que ha creado y en las que ha escrito y los intersticios de la cultura en los que ha producido el malentendido del psicoanálisis...
Germán García ha llegado, hasta ahora, hasta aquí. No es un gran salto. Es un salto.
Y si estamos aquí hoy es porque ahora, en su nombre y por su acción, suenan los ecos de los nombres de Enrique Pichon Riviere, Sigmund Freud, Jacques Lacan, Oscar Masotta, Jacques-Alain Miller. Es decir, nombres del psicoanálisis como  política del síntoma que puede llegar aún más lejos en el tiempo para mantener viva una práctica y su mensaje que parafraseo con palabras tuyas Germán: “Somos hijos de algo” y eso no nos deja indemnes. Hasta ahora el psicoanálisis es la única práctica de vanguardia que tenemos porque conserva un lugar para que el que sufre por ser hijo de algo se sitúe con su singularidad y pueda soportar la vida.
La transmisión que ha realizado Germán García de esa práctica y de ese mensaje ha sido “siempre una imagen de alto color” lo que ha permitido que el campo de la cultura en nuestro país tenga más colores que la mala fe política o la ingenuidad pública que expresarían las “peripecias culturales de un país subdesarrollado”. Como Oscar Masotta, Germán García considera que ésa es una “tesis atractiva” que hay que dejar de lado.
Por todo ésto, ésta es una ocasión que celebro personalmente y que los que estamos aquí celebramos en nombre del psicoanálisis del castellano..


                                                                           Descartes N° 26. Otium Ediciones. Noviembre 2017.  
                                                                           Por Leonor Curti.  Miembro del Centro Descartes

Jacques-Alain Miller. La movida Zadig y otras orientaciones.  

Este número imperdible de la revista Descartes, comienza con un bello y extremadamente poético artículo de Germán García sobre el complejo vínculo de los poetas italianos Eugenio Montale y Pier Paolo Pasolini. Gracias a Claudio Magris, trasciende un intercambio entre ambos, y el consejo que Montale le diera de que mejor no mencionar a Pasolini. Los puntos suspensivos de Eugenio Montale, es el modo que G. García elige para exponer que es momento para los psicoanalistas que el espacio que delimitan los puntos suspensivos en un escrito sean llenados de la buena manera. Dirá de Montale: “(…) Pero en la sobria distancia de aquellos puntos suspensivos está la frialdad de quien pasa junto al dolor y las bajezas humanas y sigue adelante”. El entredicho entre los poetas italianos remitía a la toma de posición de Pasolini en relación con el aborto (tema tan candente en nuestra tierra en estos días). Pasolini, hereje por excelencia (cuyo cuerpo encarnaba el oxímoron del goce arrasador y la culpa cristiana insoportable) sostuvo que el tema del aborto instalado en la sociedad por el poder dominante implicaba la doble cara (que él mismo encarnaba): “el ansia de dar formalmente cuerpo a realidades existentes, lo cual es el primer principio de la democracia” tanto como “una culpa para la conciencia”; a la vez que el tema velaba para él, el acto que lo precedía: el coito, como hecho político. Para él había que ocuparse de los coitos no convencionales (de una sexualidad múltiple y no procreadora) [Ver ¿Progresista yo? Por Ernesto Meccia, en el suplemento Soy, de Página 12 del 28 de noviembre de 2015] Dirá entonces García de Pasolini, contraponiendo a éste y sus pasiones, la “sacralidad” de Montale: “(…) Para dar testimonio poético de los dramas de la realidad es a veces necesario descender directamente a los remolinos del vicio por muy cenagosos que sean, acercarse a la existencia hasta arriesgarse a la indecencia y la promiscuidad; (…) sin esa participación fisiológica y ostentosa no es posible, en ciertos casos, señalar el escándalo de la miseria y de la oscuridad de las criaturas”. “(…) Sin la “desesperada vitalidad” no tendríamos algunas de las más esenciales revelaciones de la condición humana e histórica”.  Finalmente García señala que  Jacques-Alain Miller  intenta decir algo; llenar esos puntos suspensivos en el silencio sonoro creado por Jacques Lacan, después de tantos años. 

En el apartado Jacques-Alain Miller. La movida Zadig, continúa la clase que Jacques-Alain Miller diera el 24 de junio de 2017 en la ECF. Allí recorre la historia de la fundación de la EFP, por Lacan, en 1964. Luego de disolverla (“porque se volvió, de ahí en más, inepto y funcionando a contracorriente de aquello para lo cual había sido creado. Se produjo entonces en 1980/1981, la dispersión de los alumnos de Lacan, su diáspora”), se crea la ECF. Todo había sido demolido para ser llevado a un nivel superior, de aufhebung.  En línea con lo propuesto por García en su artículo, Miller señala que ninguna elección es sin el cuerpo, sin el gusto. Al recorrer los escritos técnicos de Freud, dirá que para el psicoanalista no hay neutralidad posible (recalca que ese término no está en Freud, sino que es instalado por Bergler en 1937),  sino schweben: planear, estar en suspenso, flotar. De otro modo “corre el riesgo de no encontrar nunca más de lo que ya sabe”. Señala que los psicoanalistas extienden la posición de la cura fuera de la cura, encarnando al que no elige. El deseo del analista lacaniano expulsa el término indiferencia de la economía del discurso analítico, así como la persecución de la verdad. Pasa luego por la teoría de la Escuela-sujeto, entrelazada necesariamente en su horizonte con la subjetividad de su época. El sujeto entonces, será un vacío (ni la persona, ni el individuo, ni el analizante), y la subjetividad de una época será transindividual, (no se priva de citar a Dante en el Paraíso, para evocar la Babel). 
(Curso realizado con motivo de la manifestación pública de los miembros de la ECF contra Marine Le Pen, a favor de Macron).
A continuación, leemos el artículo La movida Zadig. Zero Abjection Democratic International Group, con Lacan, una lección de política, relato imperdible; Voltaire, breve digresión, y el comentario de Jacques-Alain Miller sobre la misma, El eterno patapouf, y Simone Weil, lección de política diferente. 

En el apartado Jacques Lacan y otras palabras, encontramos El primer Lacan: cinco cartas inéditas de Lacan a Kojeve, por Juan Pablo Lucchelli; Hegel y Freud. Ensayo de una confrontación interpretativa, por Alexandre Kojeve; El hombre que fue domingo, por Marco Filoni; La vida como afecto, por Patrice Maniglier; e Ida y vuelta de la letra a la homofonía, por Jean-Claude Milner, en el que me detendré. 
En su artículo Milner destaca que el Seminario 20 implica un cambio de paradigma en la doctrina lacaniana y se multiplican por ello las innovaciones: la introducción de los nudos y una nueva doctrina de la autonomía de la letra, basándose en La tercera. Lacan decide entonces, no atribuir a la casualidad los efectos homofónicos de lalangue: se tratará de lo que se deposita, lo aluvional, lo que se petrifica en ella; de un uso particular de la experiencia del inconciente. 
Milner comenta lo inadvertido que le había pasado este cambio de perspectiva, y lo relaciona con su indiferencia respecto de Joyce, cuya obra considera esencial para Lacan, a partir del Seminario 20. Dirá que se resistía al “giro joyceano” que daba Lacan, dejando atrás a los giros lingüístico y topológico. ¡Por resistirse al programa de investigación de Joyce, se oponía a la teoría de Lacan! El principio de simultaneidad reemplazaba al de sucesión, propio de la escritura alfabética (Milner relaciona la idea de simultaneidad, la posibilidad de hablar y escribir en varios niveles a la vez, con la aceleración y la falta de tiempo que crecía en Lacan, cercado por la inminencia de la muerte). Su resistencia hacia la homofonía propuesta por Lacan echaba raíces en su propia fidelidad a su pasado de lingüista. El material de lalangue es la homofonía, y sus ecos (por ejemplo entre voeu y veut) abren el tiempo de la interpretación. Lacan rechazará la “arbitrariedad” saussureana dado que la homofonía no pertenece al espacio del signo lingüístico. “(…) la homofonía y, gracias a ella, lalangue resulta de las experiencias inconcientes de un grupo”.  Abre así el camino hacia una nueva teoría de la cultura, dependiente de la escucha de la homofonía y sus efectos.  Con certeza Milner relaciona el malestar (Unbehagen) freudiano con el globish, (cierta versión simplificada y mezclada del inglés británico y americano de alcance mundial, como lingua franca). En contraposición con la conceptualización negativa y diferencial de la langue, lalangue es positiva y afirmativa; básicamente no-toda (un pastout), ilimitadamente infinita. El placer que engendra la homofonía conecta con los ecos de la infancia temprana y la adquisición de la lengua materna. Milner dirá que “la lingüística y la gramática aborrecen a la homofonía”. De allí que la poesía haya devenido el campo privilegiado de estudio; que Lacan instara a los psicoanalistas a ser poetas, así como la relevancia que toma para Lacan la obra de Joyce. La lingüística se inscribió dentro de la época de la ciencia galileana clásica, que el descubrimiento del genoma humano modifica irremediablemente. La experiencia del error (bévue) es compartida entonces por la genética y el psicoanálisis (así como también lo es la idea de nudo). Toda representación de la vida supuestamente basada en la realidad moderna, es una manifestación de racismo; el arma suprema contra ello será la irrepresentabilidad de los caracteres de la vida, o, agrego, la infinita plasticidad múltiple y lúdica de la homofonía. 

A continuación, Dichos inciertos propone Otra perspectiva, de Marcelo Izaguirre; Sciarreta, Sibony y la confusión de antaño, de Germán García; Escrito en la pared, Un psicoanálisis con Sigmund Freud, de Beatriz Gez; Besar los propios labios, de Maximiliano Fabi; A la luz del psicoanálisis la ley es otra cosa, de Cecilia Fasano,  y ¿Otro triunfo de la religión?, entrevista de Caroline Newton a José Fernández Vega. 
Cierra el número de la revista, La soledad de la poesía, con comentarios sobre Jorge Quiroga, de Alicia Alonso, y El que recuerda, de Federico Barea. 


                                                                                     La dignidad del niño analizante, Grama, 2018
                                                                              Por Claudia Castillo. Miembro del Centro Descartes
                                                                              Lecturas críticas, Julio de 2018.
Hacer niños* 
Historia

¡Conozco a Alejandro Daumas hace mucho!! Desde antes de la creación de la EOL, debo decir ahora que lo pienso que tal vez ambos somos parte de un “efecto Escuela” porque no recuerdo de qué grupo venía. Sin embargo, como uno tiene una historia, y una Entrada(1), sí  tengo recuerdo por supuesto de donde venía yo. Venía de la BIP(Biblioteca Internacional de Psicoanálisis) y específicamente de un Vector, llamado Vector Práctica del niño y desde ese rasgo había entrado en el psicoanálisis y había comenzado a escribir mis primeros artículos en la Revista Vectores
Siempre recordamos con Alejandro, la gente a medida que pasa el tiempo suele insistir en los recuerdos,  hay que tener cuidado con eso, pero como sea recordamos el fervor, el apremio, la prisa, el entusiasmo que nos provocaba la creación de la Escuela. Y nos parecía....éramos muy jóvenes, que los más grandes de entonces más jóvenes que nosotros ahora, se demoraban inútilmente. Fue por eso, que con Alejandro, con Beatriz Gez, con Guillermo Cavallero, con Marina Recalde, son los que recuerdo en este momento fuimos a lo que era en ese entonces la Casa del Campo Freudiano en Argentina a entregar una carta, con firmas de otros... para que “¡funden de una vez!” Y parece o queremos creer eso,   que eso tuvo efectos. Y la Escuela se creó.
Luego, con Alejandro nos fuimos encontrando en Jornadas, en mesas redondas, o compartiendo ciertas ideas. Él y Gustavo Stiglitz muchas veces me han invitado en tanto era responsable del Módulo sobre infancia del Centro Descartes a participar como panelista en Jornadas de lo que se llama Centro pequeño Hans, dicho sea de paso, no sé porqué no se llamó Juanito, ya que era un grupo o un departamento de investigación en lengua castellana y en la Argentina, pero eso merecería una discusión aparte. Y nobleza obliga, debo decir que esos “detalles” del psicoanálisis del castellano, en castellano, castellano...se los debo a Germán García. Antes de conocerlo yo decía “hace obstáculo” y no sabía de dónde viene la palabra.

El fin de la infancia

Germán García en El recurso a la infancia, de apéndice del libro, decreta el fin de la infancia como recurso épico, y argumenta: “Lo insoportable de la infancia se olvida, el recurso a la infancia se instala en ese olvido: no hay recuerdos de la infancia -sentenciaba Freud-, sino re­cuerdos referidos a la infancia. El fin de la infancia es el fin de ese recurso referencial que ordenaba una política -captura de la dispersión por el uno de la identidad - y una ética: la singularidad como reserva, la particularidad como semblant y la universalidad como horizonte.”
Alejandro, dice lo mismo muchas veces, aunque de otra manera, cuando habla de la infancia como una pesadilla que la modernidad ha construido pacientemente mientras que la lógica de la evaluación no admite espacios en blanco y no pierde de vista al niño, dice Daumas: “el ojo está sobre él”. Luego demuestra que: “El niño es consagrado a ser un objeto, no solamente de la pedagogía y el derecho sino también del saber de la ciencia. Si bien ninguno de estos “saberes” totaliza la idea de niño, cada uno pretende ser, como lo muestro, una forma de tratar lo real que se encuentra suelto en cada campo.” Las resonancias con nuestras lecturas pretéritas pero actuales, son ineludibles decíamos al argumentar sobre nuestro módulo que se llamó primero Tratamientos de la infancia en la Argentina: “La pediatría, la psicología, la educación, aún el psicoanálisis, se empeñan en inventar un niño a su medida, para luego “tratarlo” de su desacuerdo con la norma, de su malestar, respecto de esos discursos que lo constituyen como tal al pretender describirlo”(1992). 

El niño observado y analizado

Ya en la introducción al historial de Juanito Freud manifiesta que lo que va a presentar no es un caso en sentido estricto, solo se encontró con el niño una vez y el que lleva adelante la cura es el padre; pero además dice que estos datos van a servirle para poder probar su tesis sobre la sexualidad infantil de Tres ensayos sobre teoría sexual. (1905).  
Alejandro le dedica a Hans, un capítulo muy extenso de su libro. Aquí podríamos también leer todo el análisis, en sentido cartesiano, sobre el fondo del “recurso a la infancia”, como lugar utópico que tomó  la literatura, la filosofía y que heredó y transformó el psicoanálisis. Germán García lo explica cuando menciona “la recurrencia al trauma -referente problemático- y después por la constitución del fantasma traumático que organiza la inmanencia de la significación, le otorga un cuerpo erógeno donde las funciones y sus aberturas -la boca, el ano, etcétera- son equivalente de las ventanas de los edificios públicos de los antiguos”. 
En el libro que comentamos el autor no se desentiende de lo problemático que resulta describir qué ocurre en las sesiones, en el análisis con niños, “de niños” a la vieja usanza y el guiño es para Graciela Musachi.(2) 
Insisto, Alejandro no deja de argumentar, lo hace bien, es convincente, usa múltiples referencias, pero me parece que como todos, se deja engatusar por la retórica de Lacan en el Seminario IV , y entonces saltamos de la “observación” a la “lógica de la cura”. Se describe con cuidado, que son las sesiones en psicoanálisis, dice: “Es cierto que el psicoanálisis se practica en sesiones....pero lo que ordena la estructura es algo que falta. A partir de ese rasgo la sesión cobra consistencia”. Esta descripción ¿Se aplica a la cura de Juanito? Entonces hace falta otro argumento, lacaniano: “Freud funcionaba como Otro del padre, maestro garante, el Otro del Otro, sostén de su figura, voz oracular que evaluaba sus acciones”. Esto sobre el fondo del único encuentro que el niño, tuvo con el Profesor. Más adelante dice: “El lugar tercero está perfectamente delimitado. Hans se relaciona con el Otro de la palabra( más allá de su padre) corporizado en Freud, pero existente al fin. Esta dimensión permite el análisis y lo aleja de la angustia.”
Pero por otra parte, hubo otros padres, como Darwin que observaron a sus hijos, Germán García lo menciona en el artículo que hace de apéndice, y yo misma en el comentario del libro del neo-evolucionista: John Dupré, El legado de Darwin. Qué significa hoy la evolución . En recurrir a la infancia aparece Darwin que  estudia la diferencia entre su hijo y los monos frente a la imagen en el espejo: a los cuatro meses y medio su hijo sonríe, disfruta de su imagen; mientras que "los monos" -experimentó con varios- descubren que es una imagen, se enojan y no quieren volver a mirar. Yo decía en mi trabajo que  Darwin escribe y publica en 1877 una obra llamada Esbozo biográfico de un bebé, allí elabora una respuesta para el filósofo francés Hippolyte Taine, quién había publicado un artículo respecto de la adquisición del lenguaje en su hija. Darwin retoma las notas de sus cuadernos “M” y “N” comenzados 40 años antes, para afirmar entre otras cosas que el lenguaje humano se construye sobre una base que no está hecha de palabras. El inventor de la teoría de la evolución, inspirador de Dupré, es perfectamente coherente con lo que él considera la base de la evolución: la observación. Mediante esta, construye una idea de la primera infancia bastante desoladora, donde el instinto, concepto muy cuestionado, ocupa un lugar importante.(3) 
Como podemos ver en el campo de la infancia, la observación tiene su importancia, y tendríamos que pensar, Alejandro lo hace, si el relato de casos si se trata de niños, tiene la misma estructura. Qué lugar para la interpretación, para el corte de sesión, etc. 

Kinderspiele o el juego en la infancia

Daumas dialoga con García más de lo que él piensa o cree, ambos hablan del juego. García dice: “Los juegos de infancia (Kinderspiele) se "traducen" para el adulto en unos ensueños diurnos que revelan su complejo de Edipo, que alimentan su novela familiar y sus modos de fantasear. A partir de ahí la escisión del yo vuelve posible dos caminos: uno conduce a la formación de síntomas, al relato neurótico que conocemos mediante los casos clínicos. El otro, más acorde con la autoestima del sujeto, está al servicio de su placer preliminar, de sus efectos y de su eventual capacidad creadora.  Son los caminos divergentes de la idealización neurótica y de la sublimación propiciatoria. El Fort-Da, verdadero juego de y con el lenguaje, es convertido por Jacques Lacan en pa­radigma inicial de la entrada de cada uno en la dimensión simbólica.” En el capítulo titulado Encrucijadas y atascamientos del niño, Alejandro habla de las ficciones, de cómo en la inhibición, tan común en la infancia, “el cuerpo captura una parte de lo simbólico arrastrada por el estatismo de la imagen- detención de cualquier deriva significante.” Sabemos, que a veces los niños, como dice Eric Laurent, consumen  ficciones prêt à porter, pero sabemos también que en el encuentro con un analista el niño puede inventar otras que le permitan recrear su dramática familiar de un modo menos doloroso y hacerle ver, oír, tocar, jugar su partida frente al deseo del Otro. 
En ese mismo capítulo se habla de la sublimación, dice: “La sublimación implica esa forma del saber, a fin de procurarse los medios de producción” resolviendo la pluralización de ficciones de un modo distinto al del sinthome.  Lo que sigue merecería un curso entero, y emparenta al psicoanálisis con las costureras, con las tejedoras... Aberastury decía que el analista de niños tenía que saber tejer (4) Alejandro teje otros puntos cuando  cita a Lacan en el Seminario 21, “el niño está hecho para aprender algo, para que el nudo se haga, y que se haga bien”. Va a agregar luego que para que el  nudo se haga bien el niño tendrá que mantenerse cauto en la relación con su madre y ante el interrogante del goce”... . 
Una última cuestión en relación al juego en el capítulo que se titula Lo que enseña el autismo, allí se dice que el niño autista nos presenta un panorama desolador, habitado por el no juego, lo que sigue es un poco enredado pero lo traduzco así: que en el juego hay una dimensión ficcional, construyendo una escena, que implica la palabra y el errar entre un sentido y otro, mientras que en el autismo habría juegos repetitivos, que funcionan como signos inmutables, que no llegan a ser significantes, signos de lo real que retornan siempre al mismo lugar. Creo que hay que pensar y volver a pensar, lo del juego en el autismo, o en cada caso de autismo. No sé si siempre el autista está “fuera de juego”. Creo que el  psicoanálisis juega su apuesta con el autismo, y puede pensar ciertas prácticas con los autistas desde ese marco sin que lo que se desarrolla en esos espacios sea un análisis en sentido estricto. Lo que los autistas podrían enseñarnos solo podemos aprenderlo, creo, si no estamos apurados por hacer encajar lo que ya sabemos.

La dignidad del niño analizante

Tres fechas: Río Gallegos, 2011  pequeña crisis institucional interna a la Delegación del IOM, de la cual soy interlocutora hace bastante tiempo.  En ese contexto, un título extraído del Tomo tres de las Conferencias Porteñas, de Jacques-Alain Miller,  compiladas por Silvia Tendlarz y otros, vino en mi auxilio: Un analista digno del psicoanálisis. Dicho apartado reúne tres conferencias que él  dio en Buenos Aires. La primera es  Semblantes y sinthome de 2008, luego el  Coloquio Jacques Lacan, en realidad es el cierre que hace Miller a ese Coloquio en homenaje a Lacan, y la última es una conferencia que dio en el teatro Coliseo ante 1700 participantes, que se llama justamente así Conferencia en el Teatro Coliseo y  que es también de 2008. Todo esto también sirve para subrayar que cada intervención tiene su contexto de enunciación particular.
Segunda fecha: “2012  Segundas Jornadas Patagónicas, del IOM(Instituto Oscar Masotta) que se realizaron en Comodoro Rivadavia,  Alejandro estuvo allí también y esas Jornadas se llamaron: La dignidad del sujeto en el siglo XXI y allí  yo decía entonces que  “ para que haya un sujeto que pueda apropiarse de su “dignidad” en el siglo XXI, que en cierto sentido pueda respetarse como tal, en el campo que a nosotros nos atañe que es el del inconsciente, debe haber un analista digno del psicoanálisis, es decir que se oriente por los principios que guían su práctica.”
Tercera fecha: 2018 La dignidad del niño analizante. Una vuelta más,  donde la dignidad pasa al niño, en posición analizante y que según Alejandro Daumas podría enunciarse así: “El psicoanálisis aplicado, a los niños,  es una práctica lógica de la refutación, que permite a un sujeto construirse un anti-destino por su voluntad de decir”....y que permite cernir el propio síntoma articulado al deseo del analista, quien acoge las intervenciones que funcionan como marcas, a partir de las cuales se elabora un saber”. 

* El título alude a una frase que se decía en una época: “Ella hace niños”. Léase al respecto el artículo de Graciela Musachi en el último ETC Nº 135.

Notas:
1.La entrada del psicoanálisis en la Argentina, Germán García, Editorial Catálogos, 2005.
2. Ídem *
3 El legado de Darwin y la situación actual del psicoanálisis, Claudia Castillo, e-texts, 2006, Centro Descartes.
4. Ídem 2.



                                                                                                                             Carta de lectores
                                     Por Julio Riveros. Alumno del Programa Estudios Analíticos Integrales
                                    Sobre el Curso anual 2018, Germán García.  


Estimado Germán
Le escribo para acercarle un comentario del libro El nihilismo*, del filósofo italiano Franco Volpi. Resumo brevemente el primer capítulo y una alusión mínima al Cap. 2:
“Entre el hombre y la nada se atraviesa la sombra de Dios”.
Es una cita de Nicolás Gómez Dávila con la que Volpi inicia el Cap 1, Itinerarium mentis in nihilum- Hacia una historia del concepto y del problema.
Recorto los nudos importantes del texto a modo de una presentación, a saber:
"El hombre se encuentra en una situación de incertidumbre y precariedad. Su condición es similar a la de un viajero que por largo tiempo ha caminado sobre una superficie helada, pero que con el deshielo advierte que el banco de hielo comienza a moverse y se va despedazando en miles de placas. La superficie de los valores y los conceptos tradicionales está hecha añicos, y la prosecusión del camino resulta difícil."
Como término, nihilismo aparece entre los Siglos XVIII y XIX en el pensamiento europeo, especialmente en el contexto del idealismo alemán y emerge como problema propiamente dicho en el Siglo XX. Ya Nietzsche consideraba el nihilismo como "el más inquietante de los huéspedes". Pero, ¿qué es el nihilismo?
Volpi nombra a Nietzsche como el primer gran teórico y profeta del nihilismo. En 1887 escribe:
"Nihilismo: falta el fin; falta la respuesta al '¿para qué?'; ¿qué significa nihilismo? Que los valores supremos se devalorizan.", (Escritos póstumos, 1887).
La profecía de Nietzsche se ha cumplido, el fuego que él encendió se extiende ahora por todas partes. No es un mero episodio, forma parte del aire que ahora respiramos. Desde el punto de vista etimológico, nihilismo indica un pensamiento obsesionado por la nada. Luego, autores más antiguos bordearon la cuestión, por ejemplo Gorgias y Diógenes Aeropagita. En el Medioevo, Frediguso de Tours, Meister Eckhart, incluso Juan de la Cruz y Angelus Silesius.
Volpi repasa el planteo de estos autores, nombra a Leibniz, Francisco Sánches, Leopardi, Goethe y Anaximandro. Un arco extenso, desde donde se puede explorar la genealogía del problema, a veces insinuado y otras explicitado en aserciones y sentencias. En la tradición,  la nada en tanto objeción al ser siempre fue problemática.
En consecuencia, la filosofía no puede eximirse de explorar la nada. Y si el filosofar implica la pregunta del ser en tanto que ser, debe deslindar su contrario, es decir la nada, para lograr su cometido. Este deslindar no es sin el énfasis que introduce Heidegger en su Nietzsche:
"La piedra de toque más dura, pero también menos engañosa, para probar el carácter genuino y la fuerza de un filósofo es la de si experimenta súbitamente y desde los fundamentos la vecindad de la nada en el ser del ente. Aquél al cual esta experiencia lo obstaculiza, está definitivamente y sin esperanza fuera de la filosofía."
Dicho esto, Volpi convoca a restringirse al nihilismo en sentido estricto, como concepto y como problema, y el hilo conductor que elige es el de la historia del concepto y del problema para concluir el capítulo de este modo: "Alimentamos con respecto al nihilismo la misma convicción que vale para todos los verdaderos problemas filosóficos: no tienen solución sino historia."
En el Cap. 2, sigue el hilo de Dostievsky y Nietzsche, tomando como punto de partida a Iván Turgueniev, pero para develar su dudosa paternidad sobre el concepto.
Por tanto, esta breve síntesis de los inicios de El nihilismo, quizás invite a la lectura para seguir lo que introdujo sobre el concepto y su dimensión problemática, tal como quedó expuesto en su última clase (26-7-18)
Muy cordialmente,
Julio Riveros

*  El nihilismo,Volpi, F., Editorial Biblos, Bs. As., 2005.