DESCARTES. El análisis en la cultura. N° 8/9. 1991 - Sumario y Editorial- #FRD30años



DESCARTES. N° 8/9
SUMARIO

Presentación, German García  
El estatuto del psicoanalista,  Aníbal Leserre  
Las garantías irónicas, Celina Fabrykant - Jorge Chichotky  
La transferencia de trabajo, Ana Ruth Najles
La escuela en el discurso de Lacan, Anabel Salafia
Sobre el autor y la nominación, Ernesto S. Sinatra  
Las hijas de Dora, Liliana A. Garcia  
Saber y transmisión: una encrucijada,  Norberto J. Ferreyra  
Informe sobre la crisis, Vera Gorali  
La exclusión de Freud en España, Carmen Gonzalez Táboas
Las formaciones del psicoanálisis, Déborah Fleischer  
Acrca de la enseñanza, Claudia Lavié  
Dialéctica y disputa, Adriana Testa  
Autoridad, Claudia Castillo
La institución, Oscar Díaz  
Berlín 1920, Osvaldo L. Bonanatta  
Analistas y analizantes, Graciela Musachi  
Breve reseña histórica,  Mario Antmann
Iniciación y/o transmisión, Graciela Ortiz Zavalla  
¿Por qué hablar del pase hoy? - Mesa redonda
Juan Carlos Indart - Gabriel Levy - Marcelo Marotta






EDITORIAL


PRESENTACIÓN

El psicoanálisis es una enfermedad peligrosa, adormece las
propensiones anti-reales del hombre y sistematiza la burguesía.
No hay una Verdad diuma.
Tristan Tzara
Manifiesto Dada 1918

Este número especial de nuestra revista presenta el material del Cuarto Coloquio Descartes. realizado el 18 de agosto de 1990 en el Hotel Las Naciones de la ciudad de Buenos Aires. Cierra una primera etapa de la revista y abre otra, marcada por el momento exigente que supone el impulsar la discusión sobre los modos institucionales del psicoanálisis en nuestro país.
Por una parte la organización de Ia IPA, por otra diversos grupos y/o instituciones que se vectorizan por las propuestas de Jacques Lacan, puestas al día por la reciente creación de la Escuela Europea de Psicoanálisis.
En sólo un año el mapa local ha cambiado y para diversas instituciones es la hora de sincronizar sus actividades con las que se realizan en otras partes. La CIPA (Comunidad de Intercambios Psicoanalíticos Argentina-Europa), el Programa de Estudios Avanzados que implica la presencia de al menos tres analistas de L’Ecole de Ia Cause por año, las actividades del Campo freudiano, son diversos modos de conducir las tensiones hacia la creación de una Sección Clínica y una Escuela.
De aquí en más se trata de contar con los treinta años de experiencia en la difusión de Jacques Lacan en la Argentina, lo que supone un retorno crítico sobre logros y fracasos.
El Coloquio Descartes, donde fueron invitados integrantes de diferentes instituciones, es un testimonio.
La publicación en París de dos seminarios más de Jacques Lacan (L’envers de Ia psychanalyse y Le transferi) actualiza el tema de los cuatro discursos como salida del “familiarismo” y la transferencia como causa y límite de la operación analítica. No podemos olvidar que entre 1911 y 1915 Sigmund Freud transformó su noción de objeto a partir de un cierto punto cero que parecía ser introducido por las psicosis. ¿Cómo sostener la oposición entre el yo y el objeto?. Esto llevaría hasta el punto de definir la conección del yo con la psicología de las masas. Por una parte fue necesario precisar la  noción de fantasía y por la otra definir la función del lenguaje en la organización de la realidad.
La invención de Sigmund Freud no se detuvo y en El malestar en Ia cultura volvió sobre sus grandes temas, modificando al conjunto para encontrar una salida; “Si uno toma a la humanidad como un todo y la pone en lugar del individuo humano aislado, halla que también ella ha desarrollado formaciones delirantes inasequibles a la crítica lógica y que contradicen la realidad efectiva” (Freud, 1937).
El delirio es definido aquí como el producto de un rechazo de la verdad histórica. Sabemos por Jacques Lacan que esa verdad histórica supone la exclusión de cierta privación y que la transferencia —surgida, como el amor, de la falta de recurso y los hallazgos afortunados— adquiere la consistencia histórica de lo que sedimenta la trasmisión. ¿Por qué, al fin y al cabo, se produciría algo más allá de la causa del deseo?: ”El analista no ha vivenciado ni reprimido nada de lo que interesa; su tarea no puede ser recordar algo” (Freud, 1937).
Amor al saber, horror al saber, deseo de saber, no saber sobre el deseo, saber que no se desea, desear no saber —lo real es que los términos deseo y saber permanecen y que nosotros podemos decir de Jacques Lacan lo que alguna vez él dijo de Sigmund Freud: sabía.
Ese saber, a diferencia del de un Descartes, hace del deseo su cogito: “De nuestra posición de sujetos somos siempre responsables. Llamen a eso terrorismo donde quieran. Tengo derecho a sonreír, pues no será en un medio donde la doctrina es abiertamente materia de compromisos, donde temeré ofuscar a nadie formulando que el error de buena fe es entre todos el más imperdonable” (Escritos, pág 837).
No seremos, entonces, perdonados. Y quizás tampoco lo sea Jacques Lacan, cuyo saber suele ser insoportable.

German L. GarcIa, 1991

Reseña de Descartes 8/9. El análisis en la cultura (1991) -Carolina Saylancioglu- #FRD30años

Formas de la Causa Freudiana

Este año la Revista Descartes cumple sus treinta años. A modo de celebración, Claudia Castillo me propuso escribir un comentario sobre uno de sus números. Este texto tendrá por referencia al número 8/9.

Como para no salir de la red, en el mismo sitio web del Centro Descartes (1) se puede leer que el primer número de la Revista Descartes, en 1986, se anunciaba como parte del Proyecto Descartes que se gestaba por inventiva de Germán García. Para entonces, la BIP (Biblioteca Internacional del Psicoanálisis) ya era otro de sus inventos. Auspiciada por el Campo Freudiano y apoyada por Jacques-Alain Miller, la BIP fue la forma que en Buenos Aires se propuso a la raíz -Biblioteca Freudiana de Barcelona- que fundó Oscar Masotta en 1977 en sus años de exilio de la Argentina y de arraigo y difusión del psicoanálisis de lengua castellana(2). La BIP daba a los que se acercaban la oportunidad de estar actualizados no solamente en psicoanálisis sino en temas que, a consecuencia del golpe militar en la Argentina, llevaban años de atraso en el país. Para aquellos años de la década del ochenta, la BIP ponía al día no solo en Buenos Aires sino para otras ciudades del país, la orientación lacaniana que Oscar Masotta había iniciado para fines de los cincuenta.

Un trabajo de Beatriz Gez para el XXV Coloquio Descartes (3) narra algo de la forma en que Germán García asume la ruptura que supone la orientación de Lacan. Allí aparece lo que Jacques-Alain Miller dice para 1985 en un seminario del Campo Freudiano dictado en Barcelona: “Porque nosotros, que somos víctimas de ese efecto de transferencia –nosotros, las víctimas de Lacan- somos consecuencia de su ruptura. Consecuencia de ella es nuestra distancia en relación con la Asociación Internacional (…) Somos consecuencia de esa ruptura, y ahora sin Lacan (…) Ahora hay gente en diversos países que asume esa ruptura, y que la sostiene. Han hecho la elección de mantener esa distancia si se puede, de profundizar en ella".

Ese efecto de transferencia que tendrá -víctimas y victimarios de por medio- como consecuencia la ruptura con la Asociación Internacional (IPA) es lo que el número 8/9 de la Revista Descartes sabe llevar por título: La Causa Freudiana.
El número es de 1991, y en su texto de Presentación Germán García puntualiza varias cuestiones en pocas palabras. Estas son algunas:

❖Este número tiene por especial presentar el material del Cuarto Coloquio Descartes (realizado el 18 de agosto de 1990 en el Hotel Las Naciones de la ciudad de Buenos Aires).

❖Además, este número cierra una primera etapa de la revista y abre otra marcada por el momento exigente que implicaba impulsar la discusión sobre los modos institucionales del psicoanálisis en nuestro país.

❖A propósito, recuerda la ruptura: “Por una parte la organización de la IPA, por otra diversos grupos que se vectorizan por las propuestas de Jacques Lacan”.

❖En función del mapa local, para diversas instituciones será la hora de sincronizar sus actividades con las que se realizan en otras partes. Las tensiones irán conduciendo hacia la creación de una Escuela.

❖De aquí en más se trata de contar con treinta años de difusión de Jacques Lacan en la Argentina, lo que supone un retorno crítico sobre logros y fracasos.

❖El Coloquio Descartes de 1990, donde fueron invitados integrantes de diferentes instituciones, deja sentado ese retorno crítico y es testimonio de algunos logros y algunos fracasos.

❖La publicación en Paris de dos seminarios más de Jacques Lacan (L´envers de la psychanalyse y Le transfert) “actualiza el tema de los cuatro discursos como salida del ‘familiarismo’ y la transferencia como causa y límite de la operación analítica”.

Transformaciones

La BIP será uno de los cuatro polos llamados a sustracción para la creación de la Escuela de Orientación Lacaniana en el año 1992. “La Causa tendrá su Escuela”, escribe Jacques Lacan en su Carta para la Causa Freudiana, y la BIP será consecuente con esa orientación.

La Revista Descartes, como destaca Ignacio Penecino en un trabajo que le dedica y que presenta en el XXVII Coloquio Descartes (4), empieza a mostrar en la portada de este número (8/9) algunos nombres que traman esa causa y ese límite. Las transferencias irán tomando la consistencia histórica de lo que sedimenta la transmisión (5).

Este número de la revista contiene en sus textos las respuestas a esa transformación que exigía el momento. El Pase, la Garantía que ofrece una Escuela, el problema de la transmisión, el problema de la autoridad y el de la disputa, son algunos de los temas que se ofrecen en este número. También hay trabajos de reseña de la historia del psicoanálisis que van a cuento con el momento histórico.

La Causa Freudiana de Lacan lleva a los que la sostienen a la ruptura con los “familiarismos” (la intimidad) de relaciones duales que ignoran que la verdad de Freud se funda en aquel tercer término que se le supone a la transferencia y que es el inconsciente(6), cuyas formaciones se tratan más de una correspondencia de las palabras entre ellas que de ellas con el sujeto(7). Esto implica, como escribía Masotta en su Introducción a la Lectura de Jacques Lacan, que pueda haber transformaciones que no quieran sino repetir, y repeticiones que traicionen(8).

Ya había escrito Freud en “Las resistencias contra el psicoanálisis” (1924) que además de los motivos, las resistencias tienen sus formas.

Entre formaciones del inconciente y formas de la resistencia, el Proyecto Descartes ha sabido transformarse. En 1992 el proyecto toma la forma del Centro Descartes. Algunos de los que escriben en el  número 8/9 de la revista, Graciela Musachi, Adriana Testa, Claudia Castillo, Germán García, junto con otros, sostienen ese saber que “a diferencia del de un Descartes, hace del deseo su cogito”(9). Quienes saben que hay una sola Escuela, la propuesta por Jacques Lacan, aprendieron a diferenciar la función del Centro Descartes. Al lado de la Escuela, en su posición de éxtimo, como verificó Jacques-Alain Miller (6/9/1994) , el Centro Descartes ofrece un lugar para debatir. Las formas que ha tomado ese debate –la Revista Descartes es un ejemplo- han dejado sobrevivir estos treinta años al Proyecto, pero también hace que se le resistan.    

1 En la sección “Trayectoria”: http://www.descartes.org.ar/trayectoria.htm.

2 Para una lectura más rigurosa: Oscar Masotta y el psicoanálisis del castellano, Germán García, Editorial Argonauta, 1992

.3 Beatriz Gez, “René Descartes: la orientación de Lacan”:  http://www.descartes.org.ar/coloquioxxv-gez.htm

4Revista Descartes ,no es lo mismo el hecho que el dicho”. Se puede leer en http://bibliotecadelcentrodescartes.blogspot.com.ar/2014/01/revista-descartes-no-es-lo-mismo-el.html

5  “Presentación”, Revista Descartes N°8/9: La Causa Freudiana, página 4

6“Esta exterioridad de lo simbólico con relación al hombre es la noción misma de inconsciente. Y Freud ha probado constantemente que insistía en ella como en el principio mismo de su experiencia.” Jacques Lacan, “Situación del psicoanálisis y formación del psicoanalista en 1956”.

7 Ver “Del saber inconsciente a la causa freudiana”, la conferencia de Jacques-Alain Miller en la Universidad de Granada en 1989. https://www.youtube.com/watch?v=tSg-btKeyZM

8 Eso recupera Germán García en La entrada del psicoanálisis en la Argentina, “Consumación de Pichón Riviere”
.
9 Revista Descartes, Número especial 8/9: “La Causa Freudiana”, página 4.

10 “Trayectoria”: http://www.descartes.org.ar/trayectoria.htm.



DESCARTES. El análisis en la cultura. Nº 7. Junio 1990 - Sumario y Editorial - #FRD30años


DESCARTES. El análisis en la cultura. N° 7. Junio 1990
 
Director: Germán L. García
Consejo: Rubén Cohen, Daniel Lascano
Corresponsales: Rosa M. Calvet (Barcelona), Marco A. Mauas (Israel), Miriam Chorne (Madrid), Josefina Ayerza (Nueva York), Hugo Freda (París).

SUMARIO


Matete, el retorno de la disputa — German L. García

ANUDACIONES
La discordia — Marie-Héléne Brousse
Estructura y narcisismo — David Yemal
Las estructuras clínicas — Graciela Musachi
El síntoma y sus formas — Hugo Freda
El saber, entre la devoción y la blasfemia — Silvia E. Tendlarz
Antinomias del objeto — Miquel Bassols

MALESTARES
Cartas a la madre — Kurt Godel
Los hermanos Marx y la tercera tópica freudiana — Manuel Baldiz
Los efectos cercanos del primer cuento de Borges — Noemí Ulla
El amor entre dos muertes. De Fénelon a Platón — Jacques Le Brun

SABERES
Freud en la Revista de Occidente (1923-1925) — Evelyne López Campillo
Freud, sobre la enunciación — Tzvetan Todorov
El Freud de Wittgenstein — Frank Gioffi

IMPOSICIONES
La Ilustración en el Río de Ia Plara — Fernando García
Los efectos del imaginario surgido de la Revolución Francesa sobre la vida política en U.R.S.S. — Tamara Kondratieva

EDITORIAL


MATETE,
el retorno de la disputa

a R.M.C. i R.


Como en el cine de la infancia, las de amor alternan con las de guerra (Eros y pulsión de muerte, dirá el novicio para cerrar la puerta). Abrir esa puerta, aún en el desierto como Jacques Lacan, es la oportunidad de saber que hay montañas de arena hechas con una enunciación perdida, montañas de enunciados que fabrican un futuro anterior que exige lo que Carl von Clausewitz describía como genio de los guerreros: “...al controlarse a fuerza de experiencia, logran tarde o temprano desconfiar de ellos mismos, de modo tal que, en los momentos de agitación, toman conciencia a tiempo de la fuerza contraria que llevan dentro”. La puerta abierta sobre la actual agitación muestra otro tipo de divisiones, al posibilitar el retorno de una disputa silenciada durante la última década. Ahora cada uno puede descubrir “la fuerza contraria” que lleva dentro, aunque el rigor de la extimidad produzca la ilusión de que se localiza fuera.
Es fuera, en Le Monde mismo (15/12/89) que se difunde parte de un documento que Serge Leclaire (más cuatro que son Lucien Israel, Philippe Girard, Danièle Levy y Jacques Sédat) enviaron a unos 2.500 analistas franceses, con la sana intención de crear una instancia ordinal —ya que resultaría difícil inventar otra instancia de la letra. ¿Qué estatuto se quiere inventar? Se le propone a un Estado indiferente que despierte al peligro y delegue ciertos poderes (poderes que, a la vez, se le ofrecen, puesto que aún no existen) en quienes, de cara a la “unificación de Europa”, se proponen como “competentes, eficaces y disponibles”. Se trata de unos treinta que formarían un Consejo, etcétera. ¿Quién probó la competencia, la competitividad, de estos treintas y justos distribuidores de goce?
Es el principio de la casta, se trata de “eficaces” —pero, al parecer, “disponibles”. ¿Esa disponibilidad no es lo opuesto al trabajo, el de la transferencia que define al menos un tiempo de lo que constituye al fin a un trabajador decidido —segün Jacques Lacan? Es verdad que Serge Leclaire más cuatro son un cartel, pero el trabajo y la decisión deben marchar juntos.
Apenas la disputa dio los primeros pasos el ataque de un abogado a lo que llama “La República de Lacan”, rodeado del comentario de tres analistas sobre la situación (Le Monde, 12/1/90) —Jean Paul Valabrega, Jean Jacques Kress y Michéle Montrelay— puso al descubierto el efecto de retorno de las posiciones surgidas en la disolución de la Ecole Freudienne de Paris (1981). Frente a eso, de manera neta, se recorta la posición IPA de André Green (Le Monde, 10/2/90), respondida con argumentos muy precisos por Jacques-Alain Miller (Le Monde, 22/2/90).
Serge Leclaire (mientras tanto, habría que decir, para evocar las acciones simultáneas en las clásicas narraciones de aventuras) responde a preguntas de Liberation (17/1/90) explicando algo que oscila entre el tiempo de la sesión breve y el problema de pagos de impuestos de la profesión.
“Buena ocasión para recordar —escriben Eric Laurent y Colette Soler— que hay desacuerdo entre los psicoanalistas y el psicoanálisis (...)Cuando decimos el ‘psicoanálisis’, no designamos sólo el enjambre en torno a la enseñanza de Lacan, la multiplicación de sus lectores y su difusión entre los mismos analistas. El psicoanélisis es ante todo los psicoanalizantes que, en todo el mundo, se dirigen a la orientación lacaniana” (Liberation, 6/2/90). La discusión deja de ser parisina. Uno por uno, publicación del Campo Freudiano en Barcelona, difunde en castellano parte de la disputa, mientras El País (Madrid, 1/3/90) entrevista a Jacques-Alain Miller bajo el título “Ningún diploma garantiza la competencia de un analista”.
Por su parte El Independiente (Madrid, 1/3/90) se encarga del ataque ritual —una costumbre española practicada por gente de nacionalidades diversas— a los analistas argentinos: “No hay argentino —leemos— que no se presente fuera de fronteras como psicoanalista, ni hay psicoanalista que, en primera instancia, no parezca argentino”.
A partir de este tan poco sutil comienzo el personaje de marras —es posible que iberoamericano, que firma Nelson Marra— explaya su odio en la queja siguiente: el psicoanálisis excluyó a los argentinos de los grandes sacrificios de la zona (Allende, Seregni, Torrijos, Getulio Vargas): Le duele que los argentinos no hayamos tenido “...ni frustradas revoluciones mexicanas, ni reprirnidas revoluciones bolivianas o guatemaltecas, ni una izquierda paraguaya exterminada”. ¡Por suerte! Pero el psicoanálisis no es la causa. Nelson Marra puede cambiar de residencia y trasladarse al Perú de los narco y Sendero, donde la castración no es una figura retórica —se queja de que sea así en Argentina, pero eso es a causa de Lacan y no de Perón, como supone nuestro desinformado— y donde el psicoanálisis es imposible y nadie puede “malvender los restos de la identidad” (sic).
Volvamos, dentro de este matete creado por la falta de un Otro del Otro, a las preocupaciones de André Green —menos patéticas que las del periodista del diario madrileño—, quien con el pretexto de un peligro de disolución de la experiencia analítica y montado en la propuesta de Serge Leclaire, dice que sólo un orden “puede servir de base de comparación, el orden médico”. Se explaya sobre los efectos perniciosos del “genio” de Jacques Lacan y afirma que donde Sigmund Freud propuso un dominio de sí y de las pasiones, Jacques Lacan propone un dominio por el otro. ¿Cómo logró imponer esta “servidumbre voluntaria”? Con el apoyo de los medios de información y de los “universitarios” (medicina es, sin duda, sacerdocio) sosteniendo un pensar sobre el psicoanálisis en vez de un verdadero trabajo en psicoanálisis.
Las consecuencias —siempre según el Dr. Green— fueron el desorden, la degradación, el triunfo del talento político sobre la humildad terapéutica y el valor profesional.
Como en 1926 y como si el fracaso de Ia IPA en USA no le enseñara nada, el Dr. Green quiere el monopolio asentado en la equivalencia del didáctico con la medicina.
“La Escuela de Lacan —dicen Eric Laurent y Colette Soler en el artículo ya citado— no es ni un lazo asociativo entre los psicoanalistas, ni esta o aquella escuela. No es un orden de psicoanalistas. Es el gran proyecto que empieza en 1964 con la fundación de Ia EFP, la Ecole Freudienne de Paris, y que continúa hoy, diez años después de su disolución. Celebrábamos este mes de enero su aniversario, con un coloquio organizado por la revista Ornicar? que dirige Jacques-Alain Miller: fue consagrado a las finalidades hoy actuales de aquella disolución. Aparentemente, es el mismo efecto de tiempo que ha llevado a Serge Leclaire a hacer un gesto exactamente contrario: tender una mano a los psicoanalistas, otra al Estado”
Por su parte Jacques-Alain Miller dice: “Casi una veintena de grupos forman hoy en Francia la nebulosa lacaniana. Todo un desorden. De ahí viene la idea de ponerlos en Orden, que se le ha ocurrido a uno de esa Nebulosa F (...) Un Orden de los psicoanalistas existe. Esa experiencia ya se ha hecho. Y es decisiva. Justifica que se levante acta de su fracaso. Jurídicamente, ningún Estado ha admitido jamás las pretensiones de la Orden IPA al monopolio del psicoanálisis. De hecho, los que lo practican fuera de la IPA son desde ahora, y con mucho, los más numerosos, tanto en Francia como en el resto del mundo” (Le Monde, 3/2/90).
¿Alguien imagina que estos problemas no inciden en nuestra manera de hacer las cosas? Me llega de Chile, por ejemplo, una publicación llamada El discurso psicoanalítico (Revista del grupo de investigación y estudios psicoanalíticos, N° 1, octubre, 1989). El nexo entre el GIEP y la Association Freudienne de Paris es Michel Thibaut, profesor de la Universidad Diego Portales. ¿De dónde sale la Association Freudienne? Se funda en 1982 para un “groupe de psychanalystes, lacaniens mais opposés aux méthodes de ceux qui mettaient sur pied L’Ecole de Ia Cause Fredienne, était réuni autour de la revue Le discours psychanalytique” (L’ Agenda de Ia Psychanalyse N° 1, Paris, 1988).
Marcel Czermack y Contardo Calligaris aparecen en el secretariado de la asociación de París y sus nombres también se encuentran en la revista editada en Chile, sin que se aclare qué tipo de lazo une al grupo con los intereses de la Association Freudienne. El “representante” local, Gonzalo Hidalgo, para responder a Castilla del Pino —Un artIculo anacrónico publicado en El Pals en 1981 y respondido por mí en ese mismo medio y en aquel momento— le recomienda la lectura de Jacques Lacan y además de Leclaire, Israel, Clavreul, Valabrega, Rosolato, Dolto, Melman y de paso cita a Czermack y su propia traducción de Ecrits.
Luego, cuando debe justificar que el lacanismo existe, cita como prueba la actividad “de los lacanianos en Europa y en America Latina”, para mencionar tan sólo “los nombres de algunos que estuvieron en Chile hace poco, C. Calligaris, M. Czermack, J. P. Gilson”. ¿Por qué no cita la existencia de la red internacional del Campo freudiano, los discípulos que siguieron a Jacques Lacan hasta el final, las editoriales castellanas que en diversos países editan lo que se produce en esta vertiente? Porque Gonzalo Hidalgo está contra las traducciones y los divulgadores —aunque se comenta un libro de Calligaris en galaicoportugués y no se comenta ningün libro de Jacques Lacan— y aclara: “Todo esto lo digo sin intención de pedantería sino porque ha sido la experiencia de un grupo que ya ha completado casi tres años leyendo Lacan en francés [...] hemos sabido de lacanianos argentinos y parece que también brasileños que están inscribiéndose en cursos de francés”.
¿Sabrán los asistentes al grupo de Gonzalo Hidalgo que hace más de treinta anos —en 1959, para ser preciso— Oscar Masotta escribía sobre Jacques Lacan y sus referencias eran, por supuesto, en lengua francesa? En países donde existen más de una generación de “lacanianos” siempre se puede encontrar a los que empiezan “inscribiéndose en grupos de francés”, pero es una pasada —como dicen los españoles— ocultar el trabajo de países y décadas, comprometer a un grupo con otro de París que no conoce y encima hacerles creer que están inventando la pólvora. Y leer francés... ¿no es traducir? Tal es el caso y suelo citar a Jacques Lacan en castellano porque verifiqué más de una vez que el francés y el castellano del poeta y traductor de los Escritos —me refiero a Tomás Segovia— es preferible a lo que puedo hacer por mi cuenta y sospecho que también a lo que puede hacer Gonzalo Hidalgo, cuya generosidad es la antífrasis de su apellido
No se trata de formar profesores de idioma, “amigos de la cultura francesa” como dicen los diplomáticos y los Institutos, sino de las formaciones —las del inconsciente, que determinan la producción de analistas.
Es deseable que se conozcan otros idiomas, pero es desidia desconocer los recursos del propio. ¿Cuá1 es la crítica de Gonzalo Hidalgo (sin pedanterías de sintaxis y sinónimos, de distingos de gusto) a la traducción de los Escritos realizada por Tomás Segovia?
Un ejemplo. Jacques Lacan escribe: “...la psychanalyse n’a qu’un medium: la parole du patient” (Ecrits, pág. 247).
Gonzalo Hidalgo traduce: “... el psicoanálisis no tiene más que un medio: la palabra del paciente” (El discurso psicoanalítico, N° 1, pág. 20).
Tomás Segovia traduce: “...el psicoanálisis no tiene sino un médium: la palabra del paciente” (Escritos I, Ed. Siglo XXI, pág. 237).
Jacques Lacan dice “médium” (no “demi”), término que según el Petit Robert entra del latín en el siglo XVI produciendo “moyen, milieu”. Tomás Segovia, mediante las bastardillas, llama la atención sobre el uso connotado de una palabra, la traducción (“...sin intención de pedantería...”) de Gonzalo Hidalgo pierde eso, lo que nos permite suponer que esos “casi” tres años de lectura de Lacan en francés por el momento no alcanzan para borrar — ¡por suerte!— al traductor, poeta y amigo del traducido.
Los tres artículos de Michel Thibaut —el médium en este caso no es la palabra sino la reiteración del nombre propio—, en particular su lectura de la Polis, deben ser contrastadas con la situación del psicoanálisis en el mundo (más precisamente en Francia y sus resonancias en Chile). ¿Será esa concepción de la Polis lo que condenaría al psicoanálisis de Chile a ignorar treinta años de trabajo en Iberoamérica, en España y mucho más en Francia? Esperemos que el próximo número de la revista informe sobre la existencia de las redes efectivas de la difusión de Jacques Lacan, así como de los grupos e instituciones existentes donde se plantea el problema de la formación de los analistas.
 Si en Chile las cosas no comenzaron como sería deseable para el psicoanálisis, en Perú las cicatrices de la pobreza sirven a una psiquiatría avalada por la Escuela de Frankfurt para borrar las cicatrices de Ia neurosis en la reducción del sujeto a la necesidad.
Allí se nos habla de algunos casos tomados de la miseria de Lima y se expone la perspectiva en que se descifra: una infancia plena tiene como consecuencia un yo autónomo, una infancia miserable produce la desidia de unos y la rebelión de otros. Contra la hipótesis aparecen unos niños muy despiertos, capaces de sobrevivir en medio de los estragos sociales. “Seudocreatividad” —dice el psiquiatra, de quien no se puede dudar que quiere el bien de aquellos a los que se dirige.
Interrogado por nosotros, una noche en que presentaba su libro en el Teatro San Martín, la respuesta apela a la sensibilidad política: ¡No intentaré justificar la situación de esos niños! No, pero tampoco creo en un universal de la infancia, ni en unas fases del desarrollo. La causa, con una discordia que es de estructura, conduce a la dimension del acto.
Hemos visto, como cualquiera, la necesidad transformarse por el acto que responde, acto donde el deseo del sujeto abandona la inercia de algún goce.
El libro que habla de las cicatrices de la pobreza muestra también las heridas del deseo, puesto que entre los casos aparecen mujeres que no sufren de lo mismo: “En todo caso ¿qué implica la finitud demostrable de los espacios abiertos capaces de recubrir el espacio obtuso, cerrado para la ocasión, del goce sexual? Que dichos espacios pueden ser tomados uno por uno —y ya que se trata del otro lado, pongámoslo en femenino— una por una...” (J. Lacan).
Si, una vez más, esto suena lejano y ajeno, podemos recordar que Levi-Strauss encontró en nuestro continente el tema de la mujer y la rana, mediante el cual planteó el problema más general de la educación de las mujeres. El discurso psicoanalítico, la revista de Chile, tiene un comentario de Maria Elena Sota sobre un libro publicado en galaicoportugués, donde concluye: “Por último, como se habrá podido notar, nos inquieta y esperamos avanzar en la reflexión respecto de lo femenino y lo mateno, bastante ausente, a nuestro juicio, en el libro. Las mujeres estaríamos más del lado de lo Real, dice Calligaris. Quisiéramos entender mis. La vida sería un valor paterno... Creemos entender, pero... intuimos que falta algo respecto de lo que da/no da la mujer” (pág. 64).
María Elena Sota “intuye” que falta algo, es posible que se trate de un olvido del autor del libro: Jacques Lacan dice también que la mujer entra en el campo de la ley como fetiche, lo que significa una relación de exclusión que anuda a ese Real con lo simbólico y lo imaginario. Real, no toda —habría que decir. Nada trivial, es mucho lo que podría avanzar nuestra política si tratara de responder a lo que la comentarista se pregunta sobre “lo femenino y lo materno”
La pobreza, la violencia, el sacrificio y lo que quiera enumerarse, jamás pueden ser un pretexto para reprimir la pregunta que el sujeto se hace en tanto que desea, puesto que la vida no tiene otro sentido que la respuesta que en cada caso se inventa.
Del lado de la mujer y de la maternidad se encontrará una respuesta que no es la que aparece en la conclusión de Calligaris cuando afirma que: “si tuviéramos que tomar una posición en el medio de todo esto, lo creo difícil ya que sería en el fondo la defensa ideológica de la neurosis contra la perversión” (El discurso psicoanalítico, pág.37).
Jacques Lacan encontró que, “en el medio de todo esto”, no existe sólo el deseo imposible de la obsesión, el deseo insatisfecho de la histeria y el deseo prevenido de la fobia; sino que también existe el deseo decidido que la palabra produce cuando cura al pensamiento, asintiendo al ser del lenguaje que habría sido incorporado. ¿Se trata de otra cosa que saber responder a la mujer que se crea, crea, crea cuando se cree-cree-cree? Este croar y su argumentación está en Encore, ese extraño Seminario XX que bastaría para no olvidar nunca a Jacques Lacan.
El trabajo de Jacques Le Brun que publicamos cuenta una versión de Ovidio sobre la leyenda de Orfeo: imita la muerte para eludirla, entonces le llega de las mujeres. Diferente en este punto, Aquiles decide entre dos muertes por lo que su condición de amante le exige. No se trata del sacrificio —de morir para que otro viva— sino de un juicio final: el acto puro, sin retorno significante y sin negación.
Para volver al punto que constituye el matete presente llamaré de nuevo a Carl Von Clausewitz: “Cuando se echa un vistazo general sobre los cuatro componentes que constituyen la atmósfera de la guerra, a saber: el peligro, el esfuerzo físico, la incertidumbre y el azar, es fácil comprender que se necesita una gran fuerza moral y física para avanzar con alguna garantía de seguridad y de éxito en este elemento desconcertante”
No es fácil incluir lo del esfuerzo físico en psicoanálisis, que se parece más a lo que versifica Góngora: a batallas de amor, campos de pluma —y aún así, sustituyendo los movimientos de los cuerpos por las anudaciones de ese otro cuerpo sutil, el lenguaje. La transferencia está y la transferencia es para diferenciar la capilla del depósito de municiones, para no confundir el poder de las palabras con las palabras del poder. Porque Sigmund Freud comenzó por escuchar los signos de unas mujeres con problema para armonizar lo que les faltaba del ser con el exceso que podían encontrar en un ser de objeto, la guerra del psicoanálisis se libra en el campo de batalla que propone el Otro y la paz, cuando se sella, devela la dimensión cómica de la disputa: “Por colisión se produce el fenómeno cómico —escribe Juan Carlos Foix—, que consiste en una destrucción (en nada, decía Kant), y queda la risa, celebración de ello”. El escándalo, misterio cómico, la revelación que se produce en ese momento del tiempo.
El problema ético, como se lo planteaba Baudelaire, es que la risa es hija del diablo y la tentación de la risa se encuentra con el accidente de la antigua caída. Se trata del semblant de la guerra, de la irrisión de la discordia inaugural cuya extensión mortífera fue descripta por Jacques Lacan en 1948, cuando exploraba el tema de Ia agresividad en psicoanálisis. Los seres angélicos —dice Baudelaire— no ríen nunca. Se corresponden con el mundo, viven en armonía, desconocen el arrebato de lo diverso. Pero una vez que se comienza, la temporada en el infierno se vuelve conocimiento del demonio del acto —el diablo no conoce intenciones, ni comienzos— que dice: ...ahora que deseas abiertamente lo que deseas y no tienes que ocultar el verdadero amor...

German L. Garcia

Buenos Aires, abril de 1990


Reseña de Descartes 7, El análisis en la cultura (junio de 1990) - Sergio Piacentini - #FRD30años


Es casi imposible leer cualquier número de la revista Descartes sin que a medida que se avance en su lectura se multipliquen las inquietudes por las referencias. Cada artículo funciona simultáneamente como apostillas de temas ya conocidos a la vez que como disparador de nuevos programas de lectura. Resulta ineludible acudir a la biblioteca personal (o a Google) para releer referencias ya conocidas o descubrir nuevas llegando a leer ensayos, literatura o biografías para luego regresar al artículo del Descartes provocador de tal desviación.
En la editorial de este número escrita por Germán García se tratan temas de la política del psicoanálisis mundial y la posición el campo freudiano dos años antes de la fundación de la AMP. Para definir las diversas disputas en el psicoanálisis descritas en la editorial usa una frase de Góngora: a batallas de amor, campos de pluma.
El primer agrupamiento de artículos de este número de Descartes se titula “Anudaciones” e incluye artículos psicoanalíticos de figuras de la orientación lacaniana. Se trata de Marie Helene Brousse, David Yemal, Graciela Musachi, Hugo Freda, Silvia E. Tendrlarz y Miquel Bassols. En el marco de la política de la orientación lacaniana que se describe dentro del campo más amplio del psicoanálisis descrito en el editorial, los artículos dan muestra de madurez del nivel de las producciones de lo que luego será la AMP al momento de la edición de este número de Descartes, sin dejar de lado los estilos personales.
Luego se incluyen textos de interés variado: “Los hermanos Marx y la tercera tópica freudiana”, entretenido texto en el que se le otorga a cada uno de los tres hermanos Marx uno de los registros del nudo borromeo lacaniano a partir de una mención de Lacan a Harpo Marx en El Seminario 7. Se incluyen también documentos como cartas filosóficas de Gödel a su madre. Un ensayo sobre el teólogo Fenelón sobre Platón, especialmente sobre El Banquete. Una reseña de un libro del historiador José Carlos Chiaramonte y un análisis del uso histórico de la comparación de la revolución francesa con la revolución rusa. También Este número también incluye tres lecturas sobre Freud: un relevamiento de las menciones a Freud hechas por Wittgenstein, uno de Todorov sobre la enunciación en la obra del maestro vienés y otro sobre la aparición de Freud en la Revista de Occidente entre 1923 y 1925.
El artículo “Freud en la Revista de Occidente” Evelyne López Campillo hace un inventario exhaustivo de las referencias al psicoanálisis, la psiquiatría y la psicología en la revista fundada en 1923 por Ortega y Gasset. Allí se documenta que entre 1923 y 1925 existen varias reseñas a la medida que se van publicando las traducciones de Ballesteros. Recordemos que esta traducción fue impulsada por el mismo Ortega y Gasset. Sin embargo estos comentarios de la obra de Freud “parecen movidas más por el respeto que por el entusiasmo”, interpreta López Campillo. Una de las referencias a las que nos dispara este artículo es al capítulo “Psicoanálisis ¡fuera de España!” en el libro Psicoanálisis dicho de otra manera (Germán García, 1983), allí se afirma que Ortega y Gasset en un artículo de 1911 propone que “el psicoanálisis puede ser usado como alternativa moral a los valores religiosos”. Es a partir de este malentendido que se impulsa la primera traducción de Freud a la lengua castellana. A partir de 1925 la revista deja de interesarse por Freud según lo muestra el relevamiento bibliográfico, no por casualidad es cuando aparece la colaboración regular de Jung en la revista. También a partir de 1925 aparecen psiquiatras del carácter y la fenomenología entre otros temas que dejan atrás al freudismo. La historia de Freud en España da un salto hasta 1975 como se constata en el capítulo escrito por Alicia Alonso incluido en el libro Jacques Lacan, el anclaje de su enseñanza (Marcelo Izaguirre, 2009) dedicado a la introducción de Lacan a España -y por lo tanto el retorno de Freud- por parte de Oscar Masotta. La cuestión de la historia del psicoanálisis freudiano en España vuelve a ser abordada en un artículo del número 8/9 de Descartes (julio 1991).

Un último artículo interesante en este Descartes es el de Noemí Ulla (1940-2016): “Los efectos cercanos del primer cuento de Borges”. Allí se abordan algunas de las influencias de El hombre de la esquina rosada (1923) y lo que este relato introduce en la literatura argentina en lo que refiere a la relación entre el habla nacional (el lenguaje de los argentinos) y lenguaje escrito. Ulla cita a Borges quien dice en una conferencia: “He comprobado que saber cómo habla un personaje es saber quién es, es descubrir una entonación, una voz, una sintaxis peculiar, es haber descubierto un destino”. Frase de  interés para el psicoanálisis en la medida que el “análisis en la cultura” (subtítulo de Descartes) quiere decir inmanencia en una trama cultural: en como lo singular se apoya en cadenas y tramas culturales que preceden a los que hablan de a uno.