Insinuaciones cordobesas - Marcelo Izaguirre
I
Años atrás, al solicitarle un
artículo para publicarlo en una investigación sobre Oscar Masotta, J.J. Sebreli
me dijo que al menos esperaba recibir un ejemplar como reciprocidad. Al
entregárselo y ver que tenía algunas páginas, hizo una muesca de contrariedad,
expresando que no entendía cómo la gente
se pasaba hablando o escribiendo sobre Masotta, al igual que Contorno, agregaba, que hicieron unos
pocos números y se la pasan hablando de eso. Si alguien hubiera tenido el
desatino de invitarlo a este coloquio, desde que ha olvidado la razón, sin
entender la serie y la política en la cual se inscribe la revista Exordio, seguramente le hubiera causado
un disgusto mayor que el del café de aquellos años.
Es un gusto para mí presentar esta
revista cordobesa que habla del psicoanálisis en la cultura. Afirmación que la
sitúa en una serie de otras revistas como Escrita
de Córdoba o de manera particular con la revista Descartes. Revista que como se indica en uno de sus editoriales,
está abierta a la posibilidad de decir cosas que tienen un sentido, sin
preocuparse por su existencia.
II
Desde su título mismo, Exordio, uno está tentado de destacarla
como la más macedoniana de todas ellas, con sus aires vanguardistas a pesar de
los tiempos que corren. Y no faltan en ella reiteradas alusiones al trabajo de
Masotta. Como señala Fernández en los papeles de recienvenido, el exordio tiene
en boca del susodicho, la intención de que el accidentado esté capacitado para
entender que el modo de no llegar tarde a un accidente será llegar antes del
suceso. “Esforzaos, por lo menos, aclara Recienvenido, en ser un público de las
caídas que llegue antes que el suelo”. Y en el número 3 de Exordio, de octubre de 2011, nos encontramos que quienes allí
escriben tienen la condición de anticiparse a los accidentes cuando damos con
el artículo de Gabriel Pantoja que al citar a Georges Perec, afirma que los
trenes sólo empiezan a existir cuando descarrilan. Parece así que la vida sólo
puede revelarse a través de lo espectacular. Las consecuencias de tales
afirmaciones, dirá Pantoja, es que hay que interrogar lo habitual. Y, como si
el editor hubiera leído ese interrogante, ubica a continuación el artículo de
Gabriel Conforte, “Lo ‘sin’ nombre”. A partir del análisis de un hecho
espectacular como fue Auschwitz, en relación con la literatura y la famosa
afirmación de Adorno que no es posible escribir poesía luego de ese
acontecimiento; se interroga sobre la imagen de las desprotecciones cotidianas,
y de millones de muertes indiferenciadas, para concluir que todas ellas son
imágenes que escriben. Pero sin nombre. En lugar de Adorno, Conforte parece
adscribir a la posición de la última poesía de Oscar Del Barco.
Hay que destacar del recorrido de los
cinco números que ha alcanzado esta publicación, que cada uno de los artículos
que allí encontramos respetan el estilo del exordio, son claros, sencillos y breves;
lo que los excluye de la serie de las innumerables publicaciones que se dedican
a contar lo que ya se sabe, bajo la forma del resumen de lo que ha dicho Freud,
Lacan o Miller. O, como se destaca en el editorial de ese tercer número, es una revista que está en
contra de la “calamidad recitadora”. Por cierto, en los tiempos que corren y
con el estilo universitario y Conycetil (si se me permite el neologismo) que ha
impregnado la cultura, no deja de ser un gesto de originalidad.
En el número 1 de esta revista, que no
está dedicada al tema de la actualidad de las vanguardias como el 2,
encontramos un excelente dossier que se
pregunta ¿qué es la cultura? Respuesta que podríamos encontrar sobre el final cuando
Pilar Ordoñez citando a Germán García
hace saber que la emergencia de un logos
para darse un sentido, “es la condición
de esa intriga lúcida y patética que se llama cultura”. El artículo que
comienza el dossier es de Diego Tatian donde hace saber que la reforma
universitaria promovida por Deodoro Roca
tenía ciertos aires vanguardistas y casi anarquistas. Situación que presenta
marcados contrastes con los tiempos que corren. Ya sea que se mire la condición
del establishment, como la de los profesores atacados por las autoridades (uno
de esos profesores que fueron obligados a jubilarse llegó a manifestar que si
en su momento abogaban por la revolución, ahora aparecían defendiendo los
derechos de la tercera edad). “En el
caso de Deodoro –afirma Tatian– el
carácter libertario de su idea socialista se orienta hacia una comunidad de
singularidades creadoras e irreductibles, hacia una afirmación del individuo,
una desconfianza del Estado y una denuncia de la burocracia que inevitablemente
arrastra (hemos podido leer en un reportaje a Zafaroni que la policía es una
institución necesaria del Estado): ‘el socialismo mismo se equivoca –escribía
Roca– cuando estimula la garra del Estado y fía en su fuerza el apoyo de la
justicia futura”. Habría que señalar, en
cuanto a la fuerza del Estado para imponer la justicia, que quienes nos
dedicamos al psicoanálisis no podemos dejar de lado la respuesta que dio Freud
a Einstein cuando lo interrogaba sobre el porqué de la guerra. En ella hacía
saber que, en la guerra, el Estado se permitía todos los atropellos que
cotidianamente les prohíbe a los ciudadanos.
Creo que una característica
interesante de todas las revistas motivo de este Coloquio es su distancia con
el Estado. Ya que al vincularse al mismo, hasta la poesía más ponderable puede
quedar en el límite criticable, como afirma Fabián Casas en un reportaje, al
mencionar unos poemas de Gelman que Fogwill le hacía leer, pero al quedar ligados
a una política de Estado causarían la gracia, justamente, de la gente del grupo
Literal. Porque en definitiva siempre
está presente la cuestión de los usos que se hace de esa cercanía, como señaló
en su momento Jorge Warley al aludir, en un artículo sobre las revistas
culturales de dos décadas, a los intelectuales de la revista Punto de Vista que “provenientes de una
zona periférica accedieron a cátedras y puestos oficiales, y a los medios en
general, al menos en un primer momento”.
Entonces, el tema es cómo manejarse
con esos ámbitos. En este caso, quizás acorde con los requerimientos actuales y
para no quedar “desactualizados” respecto a la burocracia, Exordio ha conseguido el reconocimiento para transformarse en una
publicación con referato (ha sido indexada, se dice). Pero eso no le impide
publicar artículos que no corresponden al criterio uniforme de los burócratas.
No se entendería sino, la publicación en el último número del desopilante artículo
de Carlos Gazzera, sobre su periplo chino con sus alusiones a Hemingway. O el
reportaje en el número dos a la Dra. Romanutti , que ante las clasificaciones
diagnósticas propone la clasificación borgeana del Dr. Roberto Jacoby. Ya desde
la publicación de su libro sobre la lectura, César Mazza mostraba ese estilo de usar los emblemas universitarios para
introducir tensión. Recuerdo que se informaba en una fe de erratas, que el
libro respondía a un programa de la secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad , pero en
el libro sin erratas, el autor decía que respondía al programa de García
(siguiendo la serie Masotta - García – Miller). Detrás de la máscara, otra
máscara se afirma en nota inicial de Escrita.
Es claro que el responsable y el grupo
editor de esta revista realizan una operación masottiana invertida. Ante la
afirmación de Masotta de que se había visto obligado a hacer un discurso
universitario fuera de la universidad, ellos aplican la torsión de introducir
el “Programa del psicoanálisis en la cultura” dentro de los rediles
universitarios y Conycetiles. No obstante, no habría que olvidar que también se
dedicó a introducir temas perturbadores dentro de las formalidades, si le creemos a Carlos Correas, en esa
operación anacrónica que llevó adelante Masotta, que fue entregarle a su padre
la carta al padre de Kafka, el que a diferencia del padre del escritor leyó dos
líneas y la abandonó.
La distancia con el Estado no quiere decir que no haya que
preocuparse por cómo se las arregla alguien con la vieja cuestión de la
economía. En el número 2 de exordio, dedicado, como decía, al interrogante por
la actualidad de las vanguardias hay un artículo en el cual Beatriz Gez , a partir del programa lecturas de
Masotta interroga sobre las relaciones entre el arte y la política, o la
literatura y la política. Ubica al psicoanálisis entre las vanguardias no sé si
siguiendo el programa de García, pero sí la idea de Masotta, acorde con los
surrealistas que ser de vanguardia era ser revolucionario. Muestra el modo en
que éste no se constituyó como un intelectual orgánico, y afirma que a partir
del trabajo de Ana Longoni “se puede pensar
el término revolución en relación con el tema del compromiso sartreano y
un cierto marxismo aggiornado que se
hiciera cargo del arte pop” (aunque H. Murena, desde Sur, criticaba a los
comprometidos y parricidias sartreanos del grupo Contorno).
Una respuesta a los interrogantes sobre
esas relaciones se puede encontrar en el mismo número (quizá el más masottiano
de todos los exordios), en el artículo de Lucas Berone, quien destaca que el arte se constituye “contra el imperativo
moral kantiano” en tanto se niega a instalarse en el lugar de la ley. Lo que da
lugar a una discontinuidad, o sea: el arte no puede ser de modo directo, acción
política eficaz. En el escrito que acompaña esta convocatoria se recuerda que
en Literal se escribía que “el
continuo real es organizado por la discontinuidad del código”. Otra respuesta
encontramos en una entrevista a Roberto
Jacoby que es inmediatamente anterior al artículo de Gez. En la presentación que
se hace del artista plástico en el libro El
deseo nace del derrumbe, trabajo organizado justamente por Ana Longoni, se
afirma: “La mayor parte de sus trabajos, entre la
fiesta y la investigación social, giran alrededor de la desmaterialización del
arte y la invención de nuevas formas de vida”. Sobre el final del
reportaje del número de Exordio se lo
interroga sobre la manifestación de que “no le gusta hablar de obra, sino de mi
vida como una trayectoria” al referirse a su idea de la desmaterialización del
arte. La respuesta urgente de Jacoby tiene ciertos aires marxistas, de la línea
de Groucho, al afirmar que ya ha cambiado, que tuvo que empezar a materializar
porque sino no tenía para seguir viviendo.
III
Una revista abierta a decir cosas que
tienen sentido, pero sin preocuparse por su existencia. Puedo decir que se
puede verificar esta afirmación fregeana
que a Russell le molestaba bastante: en el número 3, en una nota a pie de
página, se dice que al final de ese número se publica un artículo de Germán
García. Si ustedes siguen el sentido de esa expresión, al final del número no
darán con el artículo aludido. El título del artículo explica todo: se llama “Malentendido”
y aparece en el número cinco de reciente aparición. El malentendido es el
título que eligió en su momento Germán para comentar la visita de Lacan a
Caracas. Entonces situaba al malentendido entre lo cómico y lo trágico. Entre
lo que se comprende y el amor.
En este número, recién salido, también
encontramos un artículo de Patricio Debiase, titulado “Viaje con Lacan:
agudezas, ecos del significante”. El autor afirma que Lacan utiliza la
homofonía del significante para criticar la ciencia que proviene del
pensamiento de Aristóteles, que cae en el error de dar por sentado que lo
pensado está hecho a imagen del pensamiento. Como si fuera posible conocer un
objeto del mundo, entendiendo al mismo como un reflejo transparente de lo
pensado. Podemos encontrar en esa crítica desarrollos similares a los que se muestran
en el comienzo del comentado libro de Jacoby, donde se trata de una experiencia
que pone en cuestión la correspondencia entre la representación y lo
representado, al modo del famoso “esto no es una pipa” de Magritte. Importa
destacar que una línea similar se encontraba en aquel artículo sobre el malentendido
de Germán que comienza citando la
despedida de Lacan al partir hacia Caracas: “Cambié de tema pensando en
ustedes. Sabemos que eso no significa que los pienso a ustedes, sino que pienso en ustedes”.
Asimismo, en dicho número damos con el
artículo de Juan Pablo Luchelli, en el que compara a Macedonio con Joyce y
trata el tema de la destrucción del signo (de allí la diferencia entre la
visión y la mirada).
El número cuatro tiene varios
artículos en los que se rastrean las primeras publicaciones de psicoanálisis en
Córdoba. No es la primera preocupación por el tema histórico ya que en otro
número publican un reportaje a Osvaldo Francheri. He dicho al comienzo que no
faltaban las referencias al trabajo de Masotta. En este número hay un reportaje
a Gustavo Dessal en el que señala que el trabajo de Masotta consistió en
transferir el lenguaje de Lacan a la lengua argentina. Y destacaba que es un
trabajo que, según él entiende, hasta el momento sólo ha continuado Germán
García. De igual modo, resulta importante la advertencia que deja para los
psicoanalistas argentinos, para quienes dado el supuesto triunfo del
psicoanálisis por estos lares, se crean
a salvo de las dificultades del psicoanálisis en los diferentes lugares del
mundo.
He hablado del compromiso sartreano.
Si al comienzo hablaba del gusto que era para mí presentar esta revista, para
terminar hay que decir que el gusto es doble, considerando que el director es
César Mazza y que años atrás me tocó presentar su libro La lectura y sus dobles. Al finalizar, como reconocimiento al lugar
dado a Macedonio Fernández en su libro, como sucede en los distintos
editoriales de Exordio, concluía con
el final de los Papeles de recienvenido, en
los que Macedonio afirma: mis lectores
caben en un colectivo y bajan en la
esquina. Y agregaba que quería decirle a César, que sus lectores estamos en
el colectivo pero que no nos estamos bajando en la esquina. Mi presencia en
esta mesa, entiendo, es una muestra de la “seriedad y compromiso” de la gente
del Descartes.
* A propósito de la presentación de Exordio, en el XXVII° Coloquio Descartes:
Destellos mediterráneos
Destellos mediterráneos. Autoficción - Pilar Ordóñez
«Pero lee sobre todo tu propio inconsciente, ese libro con una tirada de
un solo ejemplar cuyo texto virtual llevas por todas partes contigo, y en el
que está escrito el guión de tu vida, o al menos su rough draft»
Jacques-Alain Miller, Cartas a
la opinión ilustrada.
Somos productos de las
ficciones que sostenemos con pasión. Para lo mejor y para lo peor. Basta con
pensar en los cineastas que se aferran a una historia hasta hacerla parte de
sus vidas. Algunas ficciones privilegiadas son capaces de hacernos viajar,
conocer cierta gente, acceder a determinadas lecturas. El rough draft de
algunas acciones ya está esbozado en las fantasías más íntimas. Llegamos a
ciertos lugares por caminos que se bifurcan en el jardín del inconsciente.
Luego parecen destino. Pero, lo inolvidable, ocurre por accidente.
Podría asegurar que conocer
al gran hombre es un cálido arrullo. Ese tono que engendra el héroe sempiterno
no sólo es adormecedor, resulta también operativo. Crea un lazo cobarde, un
decir triste y nostálgico por el mundo perdido. “¡Y yo que no conocí a Masotta,
ni a Lacan, ni a tantos otros!”, rezaría el suspiro. La historia es un sueño.
Podría, entonces,
recapitular para hacer coincidir la trama que se deshace al ritmo del relato.
Conocí a Hector Schmucler gracias a Marcelo Casarin. Por ese entonces pergeñaba
una entrevista para el hombre que se especializaba en el estudio de las
memorias. Memorias colectivas que contradecían el hilo liso de la Historia.
Chirriantes, deshilachadas. Las memorias, esas marcas que se recrean en mitos
inverosímiles y eficaces. Ese encuentro dejó cicatriz. Recién este año, 2013,
con el grupo de investigación “Relatos analíticos: mitos, ficciones y
genealogías” (del CIEC) integramos las reuniones del programa de Toto Schmucler
con un problema para estudiar desde el psicoanálisis, pero fue por casualidad.
Más bien un golpe, que no venía del sueño ni de la realidad, un verdadero golpe
de suerte permitió entrar en esa conversación.
Ana Waisman me hizo llegar
el dato. Los gramscianos de Córdoba, nucleados por Pancho Aricó, publicaron en
la revista Pasado y Presente por
primera vez en estas áridas tierras un artículo de Oscar Masotta sobre Jacques
Lacan. Schmucler formaba parte de ese proyecto editorial que se gestara en los
años 60. Esa referencia al psicoanálisis lacaniano era, por entonces, una mosca
blanca en las prácticas psi de Córdoba. Emparejada en su rareza, únicamente,
por una mención que hacía Pizarro Crespo en el año 36 en la revista Psicoterapia que dirigiera Gregorio
Bermann.
Juan Carlos Torre era el
hombre de Pasado y Presente en Buenos
Aires. Un hombre en vísperas, porque tenía 22 años cuando se lo encontró a
Oscar Masotta en bar Coto y le
preguntó si tenía algún artículo para la revista cordobesa. Siquiera tenía un
cálculo, compartían un gusto por lo heterodoxo, por un pensamiento instituyente
y la sensibilidad por el castellano. Masotta le correspondió el arrojo con una
promesa que supo cumplir. A los pocos días, el mismo bar los reúne y Oscar le
entrega en propia mano un artículo para el cual, según confiesa, no tenían
aparato de lectura. Pero el tono, el tono… era 1965.
Azar y encuentro. Germán
García en 1969 toma una revista llamada Los
libros de la mesa de una librería. Es la número uno. La lee. Se dirige a su
director, un pelirrojo que acaba de llegar de París donde protagonizara el Mayo
francés mientras estudiaba con Barthes. Deletrea el apellido para no olvidarlo
durante la charla: s c h m u c l e r, sin k. Conversan, elocuente el muchacho.
El director lo acepta en el Staff de Los
libros, ni imagina que en cuarenta años se reencontrarán en el bar de un
teatro bajo el cartel de Othelo, (cartel que cuenta con un epígrafe aclarador:
“termina mal”). Vaya novedad. Todo fulgor se apaga. El chiste está en la
singularidad que veta al universal. Nuestras vidas son los ríos que van a dar a
la mar. ¡Qué gracia! Los dos conversan con palabras inigualables que sin embargo
figuran en El Quijote.
Baby Novotni me relata los
inicios de El Ateneo psicoanalítico de Córdoba. Unos días antes de la
constitución formal de esa institución se funda la Escuela Freudiana de
Córdoba. Un nombre que congrega y dispersa con la virulencia del rayo. En 1980
se concreta la publicación de una revista que fue producto de esa chispa y se llamó
Conexiones del psicoanálisis. Tras
ella comienza el eclipse. Antonio Oviedo forma parte de esa comunidad que en la
hondanada retiene el opaco fulgor. Lo hace a su manera. Comienza a editar otra
revista que en su primer número publica una traducción de “La función de lo
escrito” de Jacques Lacan. ¿Cómo llega esa letra a la revista? ¿Por qué escrita? Oviedo responde en una
entrevista, publicada por César Mazza en la revista Exordio, que fue a causa de
su amistad con Germán García.
Tropiezo, esta vez, con un
nombre de mujer. María
Teresa Poyrazian, la compañera de Pancho Aricó, se le acerca a Cuqui
Oviedo con sigilo. La conversación es acalorada, sin embargo ella pronuncia las
palabras en el tono suave de una salonniére: “ese muchacho es muy despierto”.
Se refiere a Germán García, aguijonéa en un oído presto, la amistad sobreviene.
Ayudamemoria: Destellos
Mediterráneos fue un Coloquio al que asistí, realizado en el Centro Descartes
el 14 de diciembre de 2013. Conversaron esa tarde Hector Schmucler, Germán García,
Antonio Oviedo y Juan Carlos Torre. El psicoanálisis en la cultura encuentra
grietas que pasan por la sensibilidad de algunos nombres. En el hollejo del
tiempo, las figuras del anacronismo se congregan: repetición, acontecimiento,
fijeza, caída e irrupción. Para orientarse en la oscuridad, un destello
irredento que retorna siendo otro y el mismo.
Revista Descartes, no es lo mismo el hecho que el dicho - Ignacio Penecino
No hay químico que haya encontrado el elixir,
aunque glorifiquen su fértil olla,
si por casualidad se topan
con algo odorífero, o medicinal.
John Donne, Love`s Alchemy
El cuerpo
23 números en 26 años, esta
cifra algo nos dice. De las revistas que Germán García llevo adelante, por
ejemplo Literal, Sinthoma y Otium Diagonales
por nombrar algunas, Descartes es la
que más números ha publicado. Seguramente las razones de la interrupción será
distinta en cada caso, ¿Cuáles serán las razones de que la revista Descartes haya llegado a esa cifra?
Si tomamos los 17 volúmenes
que conforman la colección, vamos a encontrar que no es uniforme. En la vista
de cualquier biblioteca no la vamos a encontrar por mantener una regularidad de
diseño, en nada se parece a esas colecciones de revistas en las que un patrón
de diseño forma la imagen de un cuerpo prolijo. La diacronía que conforman
estos 17 volúmenes muta, se transforma, y ese otro cuerpo[i]
tiene sus explicaciones.
Los Nº 1, 2/3, 4, 5, 6, 7 y
8/9 que van de junio de 1986 a julio de 1991, limite a la primera de las 5
transformaciones, tienen un diseño. De marzo de 1992 a julio de 1997, los Nº
10, 11/12, 13, 14 y 15/16, encontramos un nuevo formato. En este periodo el
ejemplar Nº 10, titulado “MU, el vacio” con la imagen del signo Chino, y blanca
en su totalidad, resalta (con el tiempo su color también ha variado, ya no es
blanco). El cuarto período los ejemplares 17, 18, 19/20 y 21, que van de
noviembre de 1999 a julio de 2011 y por último el Nº 22/23 de octubre 2012, con
un tapa tan sensible a una obra del expresionismo Alemán; parodia del problema
de las jerarquías.
Las tapas
Desde el Nº 1 al 7 en la
tapa aparece el nombre: “Descartes – Revista Internacional” (también: “El
análisis en la Cultura”), y el nombre propio de algún psicoanalista francés con
el titulo del trabajo escrito que se publica en la revista. El primer Nº tiene
el nombre de “Jacques Alain Miller” y el titulo “Carta sobre el estatuto del
psicoanalista”, ningún otro nombre propio en la portada; y así, variable número
a número, hasta el 7. En el Nº 8/9, de julio de 1991, titulado “Especial, la
causa freudiana” los nombres propios de psicoanalistas argentinos de distintas
filiaciones irrumpen. Desde este Nº hasta el último ejemplar de la revista la
presencia de nombres propios, ya sean de argentinos ya sean de extranjeros, psicoanalistas
o no, en las tapas es una de las características. Con excepción, como decíamos
anteriormente, del Nº 10 en el cual figuran “Descartes” y “Germán García”. Sí
observamos con mayor detenimiento vamos a encontrar que estas mutaciones están
íntimamente relacionadas a la historia de la presencia del psicoanálisis en la
Argentina, y a una política en esa historia.
La revista, en el momento de
salir el primer Nº, es parte junto con la Biblioteca Internacional de
Psicoanálisis de un proyecto, del proyecto
Descartes -después las cosas irán cambiando. El proyecto Descartes fue enunciado desde un diario argentino, en un
reportaje a Germán luego de su regreso al país. En 1987, el 27 de junio, se
realizo el primer Coloquio Descartes de
la Revista Descartes, se titulaba “El efecto rayuela – 25 años después”. Desde
la Biblioteca Internacional, una desinencia de la Biblioteca Freudiana de Barcelona creada por Masotta, se
desplegaron otras publicaciones como el boletín informativo VECTORES (del acontecer analítico), que aparece
a fines de 1986; y El Murciélago,
también dirigida en distintos periodos por Beatriz Gez y Adriana Testa, en
conexión con L’ Ane magazine
freudiano de París dirigido por Judith Miller. El Murciélago es una revista que puede leerse como una suerte de vacuola
de la Descartes: dada su
periodicidad, noviembre de 1988/mayo de 2000, ya que cómo esta última atraviesan
las dos grandes etapas del proyecto
Descartes; y, también, por cómo hay ciertos textos que El Murciélago hace resonar en la ciudad y la Descartes retoma.
La Biblioteca Internacional es uno de los cuatro grupos (Simposio, Seminario y S.A.B.A.) de la
trama del Campo Freudiano en la
Argentina. En 1992 se crea La Escuela de
la Orientación Lacaniana, que se conforma partir de la disolución de los
cuatro grupos. Ese mismo año, el 11 de marzo, Jacques Alain Miller dicta la
clase inaugural del Centro Descartes,
publicada en el Nº 11/12. En esa clase Miller apuntó a la precisión en la
investigación dentro del Campo Freudiano
y utilizó como texto principal de referencia el mismo que Oscar Masotta sabia
utilizar, y que este había sacado del índice razonado de los Escritos, para dar
un orden de razones en su
lecturas de Sigmund Freud: “Descartes: según el orden de las razones” de
Martial Gueroult.
Los índices
Al leer los índices de todos
los volúmenes de la revista encontramos cierta operación en torno a un tema,
aquel que dio titulo al IIº Coloquio
Descartes en junio del año 1988 y se tituló “La importación de modelos culturales”,
ese mismo mes salió el Nº 4, en el cual la leyenda “Revista Internacional” fue
sustituida por “El análisis en la Cultura” en la portada. Los autores de todos
los textos publicados en la revista proceden tanto de diversos países como de
diversos ámbitos. La revista nunca dejo de ser “Internacional”, pero acentúo la
inclusión del psicoanálisis en los debates culturales: esa discordia entre el deseo y los ideales en diversos ámbitos
(literatura, religión, filosofía, etcétera)
[ii].
El producto cartesiano en
matemáticas es un conjunto que es el resultado de una operación entre otros dos
conjuntos, cuyos elementos son todos los pares ordenados que pueden formarse
tomando el primer elemento del par del primer conjunto, y el segundo elemento
del segundo conjunto. Descartes: un producto cartesiano.
Los editoriales
Una lectura sobre cada una
de las editoriales escritas por Germán García nos permite precisar aun un poco
más nuestras preguntas. En este caso voy a tomar dos presentaciones en
particular, las que abren el Nº 1 y el Nº 10.
En la Nº 1 encontramos el
siguiente párrafo: “Descartes es una decisión que en el mismo momento de
preguntar responde a una contingencia: la actualidad del psicoanálisis en
nuestro país y en nuestra lengua, su anudación con países de otras lenguas.
Traducimos y comentamos,
mientras las producciones del inconsciente que logramos escuchar orientan las
decisiones”… “Descartes es también una pesadilla, ésa del ser como un conjunto
vacío del pensamiento”
Así, con dos características
por la positiva -una decisión y una pesadilla- define Germán a la revista
Descartes el 27 de marzo de 1986 en Buenos Aires, en la presentación de aquel
primer número, que se terminó de imprimir en los “Talleres Graficos Garamond”.
Al final de la presentación escribe: “Falta saber cómo caerá Descartes en este
campo de fuerzas vectoriales donde letter/litter, suspendido temores y
esperanzas, está en el relámpago de la verdad.”
Estas líneas citadas
plantean un problema: el paso de una lengua a otra de algo que justamente es un
método que le da un valor preponderante a la
lengua, a esa estofa en la cual se cocinan los mayores hallazgos del Logos. Traducir –parece que está
diciendo: sabemos con Masotta: una repetición original-, comentar
y el poder discrecional de oír el propio mensaje de manera invertida es la
estrategia. Sí: “no hay analista sin institución, es decir sin formación”. La
formula no es sin en la cual está
sostenida este frase, y que se repite sin saber, debería completarse con sin formaciones del inconsciente, ya que la función
del inconsciente es el aquello del esto: no
se es esto, sin aquello
otro.
¿Una revista como pregunta y
respuesta? La diferencia entre el
significado en la historia y el
significado de la historia, es el sufrimiento que tiene una “función
ordinal” en la historia, y que desafía a “cualquier ingeniería social”,
argumenta en esa primera presentación. Por el lado del significado de la
historia, la respuesta es una decisión. Decisión sin temores ni esperanzas como
el paso de Dante al traspasar un
umbral, guiado por el poeta y por la palabras de una virtuosa mujer: “Sólo se debe temer
aquellas cosas que pueden hacer daño a otros: a las otras, no, pues no dan
miedo” le dice Beatriz a Homero, cuando le pide que guie a Dante. La revista
Descartes se puede decir que es una sintaxis que busca engendrar un “relámpago
de la verdad”, una marca significante que caerá.
Ahora, volvamos a la
pesadilla por un momento. En la teoría de conjuntos el conjunto vacío se corresponde
con una contradicción y el conjunto
universal con una tautología. Pero
esa pesadilla, como la de Joyce con respecto a la historia, también se puede
leer el horror vacui. Es decir hacerse como un horror vacio, el que supone el
encuentro entre dos lenguas. Un imposible
que el objeto Descartes no cesa de escribir.
El Campo Freudiano es interpretado
como campo gravitacional, en el cual se “vectoriza” la “acción” del significante
que tiene su gravedad: la revista Descartes entre otras revistas nacionales e
internacionales.
Este primer número de la
revista, junto con la Biblioteca Internacional, servía de anclaje para que una
enunciación tome envión dentro del Campo
Freudiano en la ciudad de Buenos Aires. En otro lugar Germán escribía: “La
enunciación, cualquiera que sean los enunciados, tiene una virtud temporal que
se llama deseo. El placer es ahora, en presente”[iii]. Lacan diferencia en su
texto sobre el tiempo lógico la colectividad de la generalidad, el primero es
un grupo formado por las relaciones recíprocas de un número definido de
individuos, la generalidad, al contrario, se define como una clase que
comprende de manera abstracta un número indefinido de individuos. Tres faciunt collegium dice el dicho,
recuerda Lacan. Así como Masotta, García “supone la fuerza vinculante de la
transferencia como diferencia especifica, en la enunciación por cada una de las
instituciones”. En ese mismo texto de Lacan podemos encontrar la siguiente cita
que modaliza aún más el asunto: “Si bien en esta carrera tras la verdad no se
está sino solo, si bien no se es todos cuando se toca lo verdadero, ninguno sin
embargo lo toca sino por los otros”
Una falta de saber está en
el inicio de la partida, como así también una certeza en el mainel del pórtico
que esta al final del momento de concluir: ¿“cómo caerá” la revista en una
contingencia, en ese campo de fuerzas vectoriales? Falta saber cómo, pero se
sabe el verbo.
Germán avanzaba con su
certeza cartesiana en esta época, finales de los 80 en la Argentina, en la cual
la palabra certeza despertaba el prejuicio de aquellos que evalúan el
sufrimiento con una moral progresista –¿qué sufrimiento es mejor: el de la
psicosis o el de las néurosis?
La revista Descartes busca en el origen
originalidad. Como antecedentes de la revista hay otras experiencias: Los libros, Cuadernos Sigmund Freud, Tyché
y las mecionadas Literal, Sinthoma, Otium Diagonal. Y su
filiación en una ironía de Jorge Luis Borges sobre Victoria Ocampo. Para Borges
“Una revista supone ciertos amores” que incluyen exclusiones; admirar, eso
lleva a hacer buenas antologías. Cristina Banegas y Maria Moreno escribieron
“La filiación no es la búsqueda de un origen legítimo y excluyente sino una
ficción en función de un proyecto, el reconocimiento de una deuda a condición
de no considerarla saldada, ponerse tanto a la sombra de un nombre como
despertarlo a nuevas resonancias.” Pero no es por vía de las pasiones del yo que
la filiación aconseja, sino que es por el deseo por el cual toma: ¿Qué puedo conocer?, ¿Qué puedo hacer? y
¿Qué puedo esperar?, son las tres preguntas kantianas eternas que anteceden
al acto y guían. Sí, “el deseo que se conoce por los actos y sus efectos” y el
deseo requiere de una política, ¿Cuál es esa política?
La 10.
Como no podía ser de otra
manera en nuestro país, también el ejemplar Nº 10 en esta serie es grave. Allí no
podemos de dejar de sospechar que la cifra 10 es parte de un cálculo. El
ejemplar anterior niega un número: 8/9, que surge en la época que se hablaba
del “movimiento hacia la Escuela”. En la editorial del Nº 10, que está
titulada: “Descartes y la razón después de Freud”, German escribía los
siguiente: “Cuando encontré el nombre de la revista saludaba por encima del
hombro a los que sabían que un presidente argentino había usado el apellido del
filósofo para firmar sus opiniones regulares en un diario. Jugaba, también, con
el uso oscilante que puede hacerse entre el nombre común y el nombre propio,
provocaba de paso a los que molestaban por la falta de consistencia del ser
argentino”… “Ahora, llegado al número diez se divisa una perspectiva diferente:
en vez de buscar un lugar es necesario calcular una articulación”. Este Nº
permite dilucidar dos cuestiones: nuestra pregunta ¿cuál es la política del deseo
que impulsa la revista, el proyecto
Descartes?, ¿qué fabricó aquella cifra del inicio de nuestro trabajo? Y por
otro lado con respecto a una transformación: de aquel horror vacio en extimidad -palabra acuñada por Lacan en
el seminario de la Ética que trata de nombrar “este lugar central, esta
exterioridad íntima, esta extimidad, que es la Cosa”-. Este Nº sale el mismo
año que se conforma la Escuela de la Orientación
Lacaniana y el mismo mes que se dicta la clase inaugural del Centro Descartes. La portada vacía de
nombres propios es el gesto de la disolución. Y la revista pasa de “jugar” con
los nombres a “calcular” una articulación en la cual una exterioridad incluida
por el Instituto del Campo Freudiano,
es decir por la enseñanza explícita, a diferencia de la función de la Escuela.
El 6 de septiembre de 1994
Miller nuevamente visita el Centro Descartes para concluir una ponencia que no
había podido terminar en las Jornadas de Escuela
ese año. Pero algo lo decide a cambiar de tema. En cada una de las reuniones
que Miller había realizado en esa semana con distintas instancias de la Escuela no hubo lugar para hablar de un
tema: el pase. En el Centro Descartes Miller encontró un
lugar para hablar de un tema central para la Escuela, y lo llamó extimo.[iv]
La política es, como en el año
1986, la de no quedar excluido. Como decíamos, la revista es sensible a los
avatares de la historia del psicoanálisis en la Argentina y como aquello vivo
que habita un deseo, tiene una política.
Eso se deja leer.
*Texto leído en el en el
XXVII° Coloquio Descartes: Destellos
mediterráneos
[i] Ver Musachi, G. (2010) El otro
cuerpo del amor. El Oriente de Freud y Lacan, Buenos Aires:
Paidós.
[ii] Ver García, G.
(2005). El psicoanálisis y los debates culturales. Ejemplos argentinos.
Buenos Aires: Paidós.
[iii] Ver García, G.
(2005). El psicoanálisis y los debates culturales. Ejemplos argentinos.
Buenos Aires: Paidós.
[iv] Conferencia publicada en
octubre de 1994 en formato de ficha e incluida en la compilación Conferencias Porteñas del año 2010.
Novedad Editorial eduvim
escrita - Edición Facsimilar (Volumen I y II)
Volumen I (1980-1983)
Tras caminar tres décadas, escrita prosigue su conspiración a destiempo, en forma subterránea y a la vista de todos, como esa civilización de diletantes que se proponen hacer avanzar el siglo XVIII, superar el siglo XIX, “perfeccionar la perfección”... Pero, ¿de qué forma? A través de su poder de ilectura, escrita conquista la terra incógnita de sus nuevos lectores poniendo en cuestión a la comunidad y a sus dictados del sentido común. En manos del imprevisible lector queda el acto fallido como apuesta del deseo no prevenido. La comunidad de lectura adquiere una extraña vida asociativa. Una vida asociativa sin socios.Este ejemplar facsimilar se ofrece al lector no consustanciado en desenlaces finales como un escalón para entrar a ese extraño discurso, sin escaleras preestablecidas, llamado psicoanálisis.
Volumen de 412 páginas
Volumen II (1984-1986)
Muchos de esos textos, y la lectura tiende a c
onfirmar esta hipótesis, se sitúan en la actualidad con total impavidez, es decir, sin temor alguno a que el paso del tiempo hubiera podido despojarlos de lo que entonces les otorgaba su espesor de anticipación temporal. En la “propuesta” de escritaesa resistencia parecería carecer, como ya se dijo antes, casi totalmente de nexos con las coyunturas de una época. Reiterar este argumento se vuelve imprescindible, ya que sin duda no es en nada ajeno al sesgo indisociable de escrita, es decir, al hecho de haber inventado o hallado una travesía, un camino provisto de diferentes tramos desde los cuales se hizo posible contemplar –y explorar– con sus “escritos” muchos interrogantes de la literatura, que no quedaron circunscriptos solamente a dicho origen sino que tuvieron en virtud de ese mismo “punto de partida” una marcada inserción, incluso desde el comienzo, en otras perspectivas contiguas, que luego pusieron en evidencia sus intersecciones, como las ya citadas más arriba del psicoanálisis o la filosofía.
Volumen de 462 páginas
Novedad Otium Ediciones
El Relato de casos en la psicología, la psiquiatría y el psicoanálisis en la Argentina
Claudia Castillo, Rosa
Falcone, Germán García, Noelia García Neira, Beatriz Gez, Marcelo Izaguirre,
Sergio Piacentini, Eduardo Romero y Emilio Vaschetto.
Freud ponía el límite a la
historización que estaba dado por la construcción. Es decir, cuando Freud hacía
construcciones las justificaba porque decía que había algo en la historia de un
sujeto absolutamente perdido. Como tal, sólo se podía deducir como quien sigue
las nervaduras de una hoja y termina por dibujar las partes que faltan. Siguiendo
las nervaduras del caso se podía construir la parte que falta.
Germán García.
Enigamas de la historia y
relatos de casos suponen una teoría de la memoria pues escribir una historia es
el relato de lo que otro ha relatado, es el recuerdo de quien ha conducido un
tratamiento de lo que un paciente ha recordado. La perdida de las referencias
es la posibilidad misma de la memoria.
El relato de casos,
entonces, posee un valor metodológico como fuente de información diversa, no
solo por evidenciar los lineamientos teorico-conceptuales que orientan su construcción
o el marco científico y social más amplio que las determinan, sino también por
ser testimonio directo de una practica, que no siempre coincide con los
paradigmas imperantes de su tiempo.
Desde esta perspectiva, en
los diferentes capítulos del libro se toman a los relatos de casos como
material disponible-y, también, controvertido para la construcción de la
historia de la psiquiatría, la psicología y el psicoanálisis desde aquello que
es su práctica clínica. Dicha construcción se circunscribe al período que
abarca desde 1900 a 1960 en nuestro país, en el cual las tres disciplinas pasan
por diferentes momentos en la delimitación de sus campos de influencia y en los
modos de relacionarse.
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